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Cuadernos Feministas #01

“En nuestras cosmovisiones somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz (…) Resguardados por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida por el bien de la humanidad y de este planeta”

Berta Cárceres

Introducción

El mundo atraviesa un momento errático, complejo y de difícil caracterización, sin una dirección marcada y con tendencias contrapuestas: mientras en Estados Unidos derogan un fallo de 1973 que garantizaba el derecho al aborto en ese país, Francia Márquez, lideresa social, ambientalista y feminista, es la primera vicepresidenta afro en Colombia. Desde los movimientos populares sin dudas es un momento de resistencia frente a un capitalismo cada vez más salvaje y criminal, con espacios de derecha empoderados y una crisis que no parece tener piso ni techo. Sin embargo, los pueblos se organizan, resisten y crean alternativas allí dónde pareciera que no quedan opciones. En este escenario de crisis global y precarización, los feminismos constituyen una práctica y un discurso de sostenimiento de la vida que amplía el horizonte de la política, de la justicia social, el buen vivir y la construcción de alternativas políticas para las mayorías.

La movilización alrededor de la consigna de “Ni una Menos” fue un punto de inflexión en el proceso de movilizaciones feministas en la región. La denuncia y el reclamo contra la violencia de género y los femicidios se articuló con otros reclamos de la agenda feminista, como los derechos reproductivos, la legalización del aborto, la desigualdad de género, la violencia cisheteropatriarcal, la distribución desigual de cuidados y la precarización de la vida. Este ciclo de movilización feminista no solo logró interpelar a las nuevas generaciones, sino que se apropió y reinterpretó formas tradicionales de lucha de la clase trabajadora que se expresó en los paros y huelgas feministas que tuvieron lugar en estos años en distintos países del mundo. El paro internacional feminista encendió un nuevo tiempo de resistencias contra los modelos neoliberales vigentes. Una provocación y una reelaboración política que habilitó un mundo de nuevas e imprevistas significaciones en torno al trabajo, la producción, el valor, la vida humana y la precariedad.

Este nuevo ciclo de movilizaciones inaugurado en 2015 revitalizó el carácter internacional de la lucha, a partir de la construcción de redes transnacionales y la amplificación de alianzas en cada territorio con otros movimientos —populares, ambientales, juveniles, estudiantiles, sindicales, campesinos e indígenas—. Las formas que asumió la lucha feminista en este tiempo ha tenido sus propios contornos en cada lugar, de acuerdo con las tradiciones políticas, la historia de cada territorio y los actores sociales en resistencia. El primer paro internacional feminista que se convocó el 8 de marzo de 2017, por organizaciones de más de cincuenta países, se realizó en doscientas ciudades del mundo. Ese mismo año el movimiento #MeToo en Estados Unidos colaboró en otorgarle aún más visibilidad a este ciclo de movilizaciones, que ese mismo año se expresó en 673 ciudades de todo el mundo. Dos años más tarde la performance “Un violador en tu camino” del colectivo feminista chileno Las Tesis se replicó a lo largo de América Latina y el mundo.

Este fenómeno mundial de movilizaciones, agenda de derechos y rearticulación de los feminismos se desarrolla en un contexto de crisis global que tiene su capítulo latinoamericano. Frente a la avanzada de derecha que tuvo lugar contra los movimientos populares en toda la región desde el 2015-2016, con cambios de gobierno en Brasil, Bolivia, Argentina, Ecuador y Uruguay, y en un mundo con grandes cambios sociales, políticos, económicos y culturales, el capitalismo del siglo XXI muestra sus grietas, pero también su cara más violenta. En menos de tres décadas la globalización neoliberal, con sus promesas de integración, bienestar económico y prosperidad social, mostró sus consecuencias más profundas: precarización, informalidad, niveles exuberantes de desigualdad, violencia y un horizonte de exclusión para grandes porcentajes de la población. El capitalismo neoliberal ha entrado en una fase de agotamiento económico, productivo y social, con sus respectivas expresiones en el ámbito ideológico y político, donde no está claro si la salida será de la mano de nuevos fascismos conservadores o desde alternativas populares como las que empiezan a florecer en algunos países de América Latina. En este contexto de crisis civilizatoria este ciclo de movilizaciones feministas adquiere características internacionales pero a la vez periféricas. No tuvo como epicentro los grandes centros del capitalismo mundial, sino que se gestó en los márgenes, y América Latina es la región donde presenta mayor dinamismo e iniciativa.

Esas tramas feministas que fueron revitalizadas durante el ciclo de impugnación al neoliberalismo, en la zona andina le dieron impulso a un gran número de movilizaciones e insurrecciones populares, desde las revueltas en Chile hasta las protestas en Ecuador, Perú y Colombia, las cuales pusieron sobre la mesa la exclusión, la violencia patriarcal y el modelo desigual imperante. Esas movilizaciones articularon reivindicaciones feministas, indígenas y ecologistas a favor de la vida, por el reconocimiento de las tareas de cuidados, en contra de las violencias y por el derecho a construir un presente más justo y un “vivir sabroso”.

Un primer elemento a tener en cuenta sobre los feminismos latinoamericanos es su carácter diverso y heterogéneo. Al interior de nuestra región latinoamericana y caribeña las experiencias feministas se despliegan con sus particularidades e historias. El mosaico diverso de la escena feminista latinoamericana queda reflejado en los artículos de este dossier, en donde las autoras analizan los procesos políticos feministas de los últimos años en sus paises. Mientras que algunos elementos se reiteran en cada una de las experiencias, otros aparecen en su singularidad, nutridos por los procesos de luchas locales que les precedieron, y con formas de lo político que le son propias. En todos, o casi todos los países de la región, encontramos en la agenda pública temas empujados desde una perspectiva feminista (violencia de género, femicidio, lesbotransodio, legalización del aborto, paridad de género, acoso sexual, distribución desigual de tareas de cuidados, etc), pero la masividad en las calles, la proliferación y diversidad de organizaciones o la influencia en la toma de decisión en la política pública desde los feminismos es bastante desigual.

El segundo elemento tiene que ver con las luchas del movimiento feminista en una coyuntura de emergencia y popularidad de sectores políticos ultraconservadores que construyen su identidad y programa, en gran medida, contra las principales reivindicaciones de los derechos humanos y de los feminismos en la actualidad.