<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>China en el (des)orden mundial archivos - Tricontinental: Institute for Social Research | Tricontinental: Institute for Social Research</title>
	<atom:link href="https://dev.thetricontinental.org/es/nuestra-america/investigaciones/sur-global/china/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://dev.thetricontinental.org/es/nuestra-america/investigaciones/sur-global/china/</link>
	<description>The public mission: To develop academic-quality research towards generating conversations about the pressing problems of our time. The Institute will develop public policies that take into consideration the aspirations and constraints of the vast mass of the people of our planet. spain content</description>
	<lastBuildDate>Fri, 22 Nov 2024 20:44:02 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	
	<item>
		<title>Los BRICS en Kazán 2024: ¿una semilla hacia un mundo nuevo?</title>
		<link>https://dev.thetricontinental.org/es/nuestra-america/rauber-brics/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 Nov 2024 17:29:04 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://thetricontinental.org/?post_type=argentina&#038;p=113927</guid>

					<description><![CDATA[Isabel Rauber analiza los desafíos de los BRICS tras la XVI cumbre celebrada en Kazán: el desarrollo como horizonte y la importancia de la desconexión y la cooperación para alcanzarlo.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--author"><span style="font-weight: 400;">Isabel Rauber</span></div>
<div class="single-post--author--appendix">Destacada intelectual y militante social latinoamericana. Doctora en Filosofía, Investigadora social y profesora universitaria.</div>
<h2 style="margin:3em 0;"><span style="font-weight: 400;">¿A qué mundo pertenecen los BRICS?</span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Samir Amín, economista egipcio conocedor del sistema mundo regido por el capital y, por tanto, vislumbrador de caminos alternativos posibles para el desarrollo de los países dependientes y subordinados, propuso en la década del 60 del siglo pasado la estrategia de la </span><i><span style="font-weight: 400;">desconexión</span></i><span style="font-weight: 400;">. Esta </span><i><span style="font-weight: 400;">desconexión</span></i><span style="font-weight: 400;"> no significa dar la espalda al mundo sino desconectarse del sistema mundo regido por el capital. Esto es, que los procesos de desarrollo nacionales no se van a regir, no van a definir su agenda, en función de las exigencias externas de la acumulación del mercado capitalista mundial. “No se van a regir”, quiere decir, en este caso, que no van a subordinar ni las riquezas ni los recursos nacionales a las exigencias del mercado internacional; que no se van a someter a sus requerimientos. Esa sería una primera clarificación. La segunda es que, seguidamente, es necesario definir las medidas, las tareas y quiénes las llevaran a cabo, para desconectarse.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por otro lado y más contemporáneamente, Samir expuso consideraciones acerca de las relaciones geoeconómicas y geopolíticas internacionales, alertando que ya no se corresponden claramente con los conceptos Norte-Sur. Sin restarle valor analítico a esta clasificación, advirtió que la conceptualización de </span><i><span style="font-weight: 400;">países centrales</span></i><span style="font-weight: 400;"> y </span><i><span style="font-weight: 400;">países periféricos</span></i><span style="font-weight: 400;"> permite mayor precisión para el análisis de las relaciones económicas y políticas internacionales y la convivencia entre la diversidad de países del mundo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En este sentido, los </span><i><span style="font-weight: 400;">países centrales</span></i><span style="font-weight: 400;"> son los que concentran y ejercen el poder hegemónico del capital, usualmente denominados también </span><i><span style="font-weight: 400;">desarrollados</span></i><span style="font-weight: 400;">; definen el mercado económico y financiero internacional, le imponen sus características y fluctuaciones en función de sus intereses. El resto del mundo se ubica dentro del conglomerado de países que, en esta lógica, constituyen </span><i><span style="font-weight: 400;">la periferia</span></i><span style="font-weight: 400;">. La relación del centro con los </span><i><span style="font-weight: 400;">países periféricos</span></i><span style="font-weight: 400;"> ha sido y es de subordinación, y su acceso al mercado internacional se emplea como castigo o premio en dependencia de los servicios prestados al poder y a sus requerimientos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero la </span><i><span style="font-weight: 400;">periferia </span></i><span style="font-weight: 400;">no es homogénea, advierte Samir, en ella hay </span><i><span style="font-weight: 400;">países marginalizados</span></i><span style="font-weight: 400;"> y </span><i><span style="font-weight: 400;">países emergentes</span></i><span style="font-weight: 400;">, evidentemente, con países que se encuentran entre ambos. Y aquí cabe destacar una precisión: No todos los países emergentes son ricos, ni todos los países marginalizados son pobres. </span></p>
<blockquote><p><span style="font-weight: 400;">“Se puede ser un país marginalizado rico, cuando tiene mucho petróleo, o marginalizado pobre cuando no tienen nada. Somalia tiene bananas; es un marginalizado pobre. Pero al lado está Dubai, que es también marginalizado, pero como tiene petróleo es un marginalizado rico. Ser marginalizado y ser pobre no son sinónimos. Emergente y rico, marginalizado y pobre no son sinónimos. China es un país emergente y tiene un per cápita de 2 mil dólares; Arabia Saudita no es emergente, es marginalizado, pero tiene un per cápita de 25 mil dólares. Es importante atender a esto porque muy seguido hay una imagen de que los países marginalizados son países con pobreza generalizada.</span><span style="font-weight: 400;">” (Amín: 2009)</span></p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Hasta la Segunda Guerra Mundial el contraste centro-periferia fue prácticamente sinónimo del contraste entre países industrializados (centro) versus países no industrializados (periferia). Sin embargo, en algunos países periféricos como Argentina y Brasil la  industrialización ya había comenzado.</span></p>
<h3 style="margin:2em 0;">El fracaso de la estrategia de la industrialización como camino al desarrollo para “alcanzar” al Norte</h3>
<p><span style="font-weight: 400;">Los movimientos de liberación nacional, tanto los que buscaban reconquistar la independencia nacional en Asia y África, como también los movimientos que buscaban la renovación y modernización en América latina —fueran burgueses, populares o una mezcla de ambos—, aspiraron a la industrialización para poder “alcanzar” a los países desarrollados.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La visión se desprendía de la definición que clasificaba a tales países como </span><i><span style="font-weight: 400;">subdesarrollados</span></i><span style="font-weight: 400;"> los cuales, supuestamente, vía industrialización, podrían, por un lado, “alcanzar” a los países industrializados y posicionarse en el sistema mundial como un par respetado y respetable que devendría con el tiempo, cada vez más “igual”. Por otro lado, con la industrialización y modernización, aspiraban a construir simultáneamente una organización social diferente, con un mejoramiento de las condiciones de vida para todos, aunque conservando una cierta jerarquía social.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Eso ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial. En algunos países mediante revoluciones socialistas: como China, Vietnam y Cuba; en otros, sin revolución, a través de procesos de liberación nacional, obligados a hacer la guerra al viejo imperialismo colonialista. Aquí vemos los procesos de las colonias portuguesas en África, como Argelia. También se dieron en países de Asia y África, cambios sociales más o menos revolucionarios, más o menos radicales de Asia, África. Mientras tanto en América latina, el populismo o el nacional-populismo, impuso al imperialismo la industrialización (al menos temporalmente). Estos procesos evidencian que “no fue el capitalismo desarrollado quien condujo a la industrialización de los países del Sur. Fue la lucha de los países del Sur por su independencia la que obligó al imperialismo a ajustarse —y ciertamente se ajustó bien—, a las reivindicaciones de los procesos burgueses o nacional populistas o populistas de los países del Sur.” (Amín: 2009)</span></p>
<h4 style="margin:2em 0;"><span style="font-weight: 400;">Los duros aprendizajes de los países emergentes que emprendieron el camino de la industrialización</span></h4>
<p><span style="font-weight: 400;">Los contraataques del imperio a los países atrevidos del Sur lograron aplastar muchos procesos, incluso anular la industrialización iniciada, particularmente en América Latina. Sin embargo, algunos países y regiones del Sur han entrado realmente en la industrialización en el sentido pleno del término. Esto ocurrió porque el desarrollo de las industrias, relativamente complementarias unas con otras, constituyeron un tejido industrial local integrado y relativamente capaz de devenir competitivo en el mercado mundial, sobre todo en el curso de los últimos 40 años. De inicio, esos fueron los países asiáticos como Corea y Taiwán, China, luego Brasil y algunos países de acá o de allá, como México, Turquía, o África del Sur. Estos son algunos de los </span><i><span style="font-weight: 400;">países emergentes</span></i><span style="font-weight: 400;"> hoy visibles.</span></p>
<h4 style="margin:2em 0;"><span style="font-weight: 400;">¿Qué caracteriza hoy a un país como emergente?</span></h4>
<p><span style="font-weight: 400;">“Primero, un crecimiento económico muy fuerte, muy superior a la media mundial. Segundo, el crecimiento de las exportaciones modernas: los productos industriales, no agrícolas ni primarios, que se traduce en su capacidad de competencia en el mercado mundial. Tercero, el hecho de que eso se ha realizado sin apoyarse totalmente en el aporte del capital exterior, sino que es el resultado de una política combinada de una política local nacional con la asociación —en algunos casos— con el capital financiero internacional.” (Amín: 2009)</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En el caso de los pueblos de los </span><i><span style="font-weight: 400;">países marginalizados</span></i><span style="font-weight: 400;"> la amenaza es muy grande porque en la estrategia actual del imperialismo, esos pueblos han devenido inútiles. Y, por tanto, la mejor solución —desde el punto de vista del capitalismo—, es su destrucción. Como preclaramente señala Samir Amín, el genocidio está al orden del día, de manera directa o indirecta.</span></p>
<h2 style="margin:3em 0;"><span style="font-weight: 400;">Kazán marca la era de la desconexión</span></h2>
<h3 style="margin:2em 0;">¿Un nuevo camino para el desarrollo?</h3>
<p><span style="font-weight: 400;">Los </span><i><span style="font-weight: 400;">países emergentes</span></i><span style="font-weight: 400;"> reunidos en los BRICS ya no se proponen “alcanzar” a los países del centro. La experiencia histórica demostró que ese camino es inviable. Además, el sistema mundo cambió y no solamente porque el imperialismo ha construido los medios para integrar la industrialización de estos países, transformándola en una industrialización subordinada y dominada, sino también porque la estructura social interna no permite “alcanzar” ese objetivo. De conjunto, todos los países de la periferia están subordinados al capital dominante a escala mundial. Salvo que opten, en el caso específico de los </span><i><span style="font-weight: 400;">emergentes</span></i><span style="font-weight: 400;">, por construir otros mecanismos y vías —más allá de la industrialización—, para lograr el desarrollo de modo independiente del centro del capitalismo mundial y sus requerimientos, es decir, </span><i><span style="font-weight: 400;">desconectándose </span></i><span style="font-weight: 400;">del mismo. Por ello resulta clave la asociación de los </span><i><span style="font-weight: 400;">países emergentes</span></i><span style="font-weight: 400;"> en —al menos— un bloque económico, un bloque que abra las compuertas al intercambio mutuo y a la construcción de un sistema económico y financiero en común, además de que, en lo político y cultural, refuerce los valores éticos de defensa de la vida y, sobre esa base, potencie las búsquedas de nuevos rumbos civilizatorios promoviendo la creatividad colectiva. Y esto se condensa hoy con claridad, en la trayectoria y propuesta de los BRICS, en busca de su desarrollo autónomo y soberano.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Su propósito no es enfrentar a los </span><i><span style="font-weight: 400;">países centrales</span></i><span style="font-weight: 400;">, sino alcanzar —ahora sí, vía </span><i><span style="font-weight: 400;">desconexión</span></i><span style="font-weight: 400;">—, sus objetivos de desarrollo económico y de plenitud humana, objetivos que —como lo ha demostrado la historia—, son imposibles de lograr y sostener sometiéndose a la opresión que ejerce el capital a nivel mundial, mediante la acción de sus tentáculos de conquista y afianzamiento de su poder hegemónico. Entre ellos pueden destacarse, fundamentalmente: </span></p>
<ol>
<li style="font-weight: 400;" aria-level="1"><span style="font-weight: 400;">El monopolio del acceso a los recursos naturales del planeta (que no busca la propiedad sino el libre acceso al control del petróleo, en primer lugar, y luego del agua, de los minerales). </span></li>
<li style="font-weight: 400;" aria-level="1"><span style="font-weight: 400;">El monopolio de la tecnología o de las tecnologías modernas: la informática, etc., y la protección de ese monopolio a través de la OMC y la legislación de las patentes, etc. </span></li>
<li style="font-weight: 400;" aria-level="1"><span style="font-weight: 400;">El monopolio del capital financiero mundializado. </span></li>
<li style="font-weight: 400;" aria-level="1"><span style="font-weight: 400;">El control de la comunicación, de la información, etc. </span></li>
<li style="font-weight: 400;" aria-level="1"><span style="font-weight: 400;">El control de los armamentos de destrucción masiva, nucleares y otros.</span></li>
</ol>
<p><span style="font-weight: 400;">Como dice Samir Amín, este no es un fenómeno político exterior a la realidad económica porque es el último recurso de imposición del orden imperialista: </span><i><span style="font-weight: 400;">“si usted no cede gentilmente lo que queremos, podemos bombardearlo”</span></i><span style="font-weight: 400;">.</span></p>
<h2 style="margin:3em 0;"><span style="font-weight: 400;">Germinando un horizonte hacia un mundo nuevo</span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">No buscar el enfrentamiento con los </span><i><span style="font-weight: 400;">países centrales</span></i><span style="font-weight: 400;"> ni buscar intencionalmente el derrumbe del dólar como moneda de intercambio internacional, son aspectos cualitativos importantes y distintivos de los países BRICS. Enfrentar la tiranía del dólar es indispensable para estos países asediados, sancionados, privados de créditos internacionales, bloqueados y manipulados económica y financieramente por los dueños de esa moneda que la utilizaron y utilizan como arma de guerra para imponer sus exigencias y expansionismo. Es decir, que los BRICS necesitan establecer otros mecanismos de intercambio por fuera del dólar o sucumben; la desdolarización es una medida defensiva necesaria para llevar a cabo sus planes de desarrollo en integración. Por eso tampoco están en contra de los </span><i><span style="font-weight: 400;">países centrales</span></i><span style="font-weight: 400;">; no los anima la hostilidad, ni la guerra, ni la competencia, sino por el contrario la convivencia plural en un mundo de paz, en aras del bienestar colectivo de sus pueblos. Y esto quedó evidenciado claramente, entre otros elementos, en el encuentro que tuvo lugar en Kazán en octubre de 2024.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Allí, los discursos de los jefes de estado de los países miembros revelaron, además, que los BRICS no están en “modo conservación”, sino enfocados en el robustecimiento de posiciones que van bosquejando </span><i><span style="font-weight: 400;">un nuevo horizonte hacia un mundo diferente</span></i><span style="font-weight: 400;"> al actual. Y no solo por la propuesta del multipolarismo ni por buscar, supuestamente, destronar al dólar; sino porque otros factores de fondo marcan ese camino.</span></p>
<h3 style="margin:2em 0;">Nuevos códigos civilizatorios</h3>
<p><span style="font-weight: 400;">La intervención del presidente Xi Jinping resume algunos de estos elementos. En su discurso subrayó la importancia de impulsar la reforma de la </span><i><span style="font-weight: 400;">gobernanza mundial</span></i><span style="font-weight: 400;"> e hizo un llamamiento a promover la </span><i><span style="font-weight: 400;">solidaridad</span></i><span style="font-weight: 400;"> y la </span><i><span style="font-weight: 400;">cooperación</span></i><span style="font-weight: 400;"> entre los países BRICS. (CGTN: 2024)</span></p>
<blockquote><p><span style="font-weight: 400;">“Debemos construir un BRICS comprometido con </span><i><span style="font-weight: 400;">la paz</span></i><span style="font-weight: 400;">, y todos debemos actuar como guardianes de la seguridad común.”</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“Debemos construir un BRICS comprometido con </span><i><span style="font-weight: 400;">la innovación</span></i><span style="font-weight: 400;">, y todos debemos actuar como pioneros de un desarrollo de alta calidad. Debemos seguir el ritmo de la nueva ronda de revolución tecnológica y cambio industrial y fomentar nuevas fuerzas productivas de calidad.”</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“Debemos construir un BRICS comprometido con el desarrollo verde, y todos debemos actuar como promotores del </span><i><span style="font-weight: 400;">desarrollo sostenible</span></i><span style="font-weight: 400;">.”</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“Debemos construir un BRICS comprometido con </span><i><span style="font-weight: 400;">la justicia</span></i><span style="font-weight: 400;">, y todos debemos actuar como precursores de la reforma del sistema de la </span><i><span style="font-weight: 400;">gobernanza mundial</span></i><span style="font-weight: 400;">.”</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“Debemos construir un BRICS comprometido con unos intercambios interpersonales más estrechos, y todos debemos actuar como defensores de la </span><i><span style="font-weight: 400;">coexistencia armoniosa entre todas las civilizaciones</span></i><span style="font-weight: 400;">.”</span></p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Estas palabras bastan para abrir las compuertas mentales y entrever con claridad que lo que allí sucedió responde a </span><i><span style="font-weight: 400;">nuevos códigos civilizatorios</span></i><span style="font-weight: 400;">. En vez de odios, guerras, egoísmos, chantaje, competencia, opresión, castigos, sanciones, exclusiones y muerte, sobresalen los llamados a la paz, al desarrollo sostenible para el bienestar colectivo, apoyado en la solidaridad y cooperación y el compromiso con la coexistencia armoniosa entre todas las civilizaciones en aras de construir entre todos lo que será un nuevo sistema de justicia para otra </span><i><span style="font-weight: 400;">gobernanza mundial</span></i><span style="font-weight: 400;">. Un mundo nuevo que está sentando los pilares básicos para su existencia y, a la vez, en ellos ya existe.</span></p>
<h3 style="margin:2em 0;">La inspiración del Alba</h3>
<p><span style="font-weight: 400;">Los conceptos claves esbozados claramente en la XVI cumbre de los BRICS en Kazán, recuperan y proyectan al mundo los planteamientos del ALBA-TCP, una alianza de los pueblos indo-afro-latinoamericanos surgida por iniciativas de Venezuela y Cuba. Esta alianza propone, en vez de competencia solidaridad y complementariedad, reconociendo las diferentes condiciones y posibilidades entre los países del continente, crea oportunidades para la integración de todos acorde con las capacidades y posibilidades de cada uno. En este sentido, ubicar las claves de su desarrollo fuera de las exigencias y el sometimiento del mercado mundial, salir de la imposición del dólar para las transacciones internacionales, permitiendo operaciones bilaterales en la moneda local de los países, son apenas los primeros pasos de un caminar —sostenido—, en tránsito hacia el bienestar y el desarrollo en común.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La creación del Banco de los BRICS —como otrora se propuso el Banco del SUR—, resulta hoy un importante paso en este sentido. Falta avanzar en el terreno financiero, pero lo logrado hasta ahora evidencia que la propuesta BRICS ha madurado en los pocos años de su existencia. El crecimiento es gigantesco, sus miembros se han nutrido de las sabidurías de los pueblos y van por más. El encuentro en Kazán 2024 reafirma que los BRICS representan la gran oportunidad para el desarrollo y el bienestar de los pueblos, afianzando para ello, simultáneamente, su caminar hacia un </span><i><span style="font-weight: 400;">nuevo mundo</span></i><span style="font-weight: 400;">. De ahí la larga lista de países solicitando ingresar al bloque, pues comprenden claramente que la estrategia asumida por estos representa hoy el único modo de salir de las garras del poder que multiplica saqueos, empobrecimiento generalizado, exclusión, guerras y muerte.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No se trata de un fenómeno revolucionario, ciertamente, pero en tanto sus ejes y acciones abren puertas a la esperanza y posibilitan que se vislumbre un nuevo horizonte civilizatorio para la humanidad, los BRICS constituyen —como señaló Samir Amin— un importante e insoslayable avance revolucionario. </span></p>
<h3 style="margin:2em 0;">El renunciamiento de Brasil</h3>
<p><span style="font-weight: 400;">Es en esta perspectiva que retumba como lastre, la negativa de Brasil a permitir el ingreso de Venezuela como país asociado a los BRICS. En tanto los BRICS funcionan por consenso absoluto, ningún argumento esgrimido justifica tal decisión; puede explicarla, sí, pero en política y en la geopolítica mundial, las explicaciones sobran; cuentan los hechos. Y estos evidencian que, pese a idas y venidas, deslizando previamente el canciller a los anfitriones, que Brasil no sostendría la impugnación de Bolsonaro al ingreso de Venezuela al grupo de los nuevos países asociados, se alentó a los anfitriones a hacer efectiva la invitación al presidente Maduro para asistir al encuentro de Kazán. Cuando finalmente, sobre la hora, se desdijeron, asestaron un golpe insospechado al bloque y al conjunto de países aspirantes a integrarlo, reunidos en Kazán.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Esta actitud insólita, contraria a los principios de los BRICS y desprolija diplomáticamente, abochornó a los anfitriones, en primer lugar, a Putin y a Xi Jinping, que habían realizado previamente —como corresponde—, las consultas a los países miembros, acerca de cada uno de los nuevos países postulantes a miembros asociados a los BRICS. Pero no solo se trató de la censura a Venezuela. En tanto las formas son parte de los hechos, estos indican que el presidente de Brasil optó por no asistir a la cumbre de los BRICS en Kazán, evidentemente, para evitar codearse con Putin, criminalizado por el mundo occidental al que Lula pretende pertenecer, sin comprender que ello no se desprende de una cuestión geográfica sino del sistema-mundo. Y los señores de occidente, si doblegan una vez, doblegarán siempre, amenaza tras amenaza. Por eso, para Lula resultó más potable inventar una justificación y no ir a Kazán. De ese modo, no quedaría estampado en una foto con los “apestados”. Tal es el mensaje claro que resulta de la actitud de Brasil: Estamos sí, pero hasta un punto.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A contramano de las bases constitutivas de los BRICS: multipolaridad, tolerancia, convivencia en paz y armonía sin exclusiones de ningún tipo —ni siquiera hacia el Norte que los desprecia y agrede—, Brasil —cuya primera letra define el anagrama BRICS—, asume una actitud intolerante y excluyente. Esto es un hecho, no impresiones ni opiniones sujetas a interpretaciones diversas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero el bloqueo a Venezuela no es contra su presidente, como se pretende hacer creer. Además de que —obviamente—, resulta un acto hostil hacia Venezuela, es en realidad el bloqueo a la presencia de los BRICS en indo-afro-latinoamérica, en abierta consonancia con la Doctrina Monroe 2.0 vigente en el continente en la actualidad. La aceptación de Bolivia viene a ser la excepción que confirma la regla. Y el apoyo de Brasil a Cuba, país bloqueado hace más de seis décadas, es la continuación de su política sostenida en las votaciones de la Asamblea General de la ONU que exigen que se levante el bloqueo; es decir, con el voto de aceptación del ingreso de Cuba a los BRICS, Brasil no paga costos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por otro lado, la posición de Brasil sostenida en cuanto a la admisión de nuevos miembros asociados a los BRICS, en el XVI encuentro sostenido en Kazán 2024, es un veto a la soberanía del continente y, con ello, a la soberanía de todo el Tercer Mundo. Es un veto al atrevimiento de intentar construir otro mundo, fuera de las garras de succión del poder geoeconómico financiero y guerrerista mundial. Esto deja claro, una vez más, que, sin la participación de los pueblos en la toma de decisiones, los gobiernos y los gobernantes —cualesquiera sean estos—, no son confiables. Aislados y aprisionados en la jaula del poder, estos apelan a cualquier argumento para justificarse, lo mismo si son de izquierda o de derecha, cuestión que evidencia una vez más que la pérdida de rumbo está generalizada.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero, en tanto no es posible tapar el sol con un dedo, la actitud de Brasil ha sido traslúcida para todos los presentes en Kazán y para el mundo. A pesar de la falta de ética cometida contra los anfitriones, con quienes comparte la membresía histórica, éstos —fieles a los principios de los BRICS—, no lo sancionarán, ni lo excluirán. Aparentemente todo quedó ahí, pero todos han tomado nota. Y si Brasil pretendió impugnar la entrada de Venezuela esgrimiendo el argumento de que su presidente no es confiable, resulta ahora que, para todos, quien resultó no ser confiable, es Brasil.</span></p>
<h4 style="margin:2em 0;"><span style="font-weight: 400;">No es posible quedarse en los dos lados</span></h4>
<p><span style="font-weight: 400;">Esto me lleva nuevamente a las conversaciones con Samir Amín, cuando alertaba claramente acerca de la disyuntiva actual de los pueblos. Por un lado, el camino de las derechas, aceptando el nuevo rol de comprador de las clases dominantes locales, dentro de una industria subalterna dominada por el mercado mundial y la represión de las clases populares. Por el otro, evolucionar hacia la izquierda con diversos grados de alianzas nacional y populares en los ámbitos regional e internacional, enfrentado conflictos con el imperialismo. Pero no se podrá quedar entre las dos.</span></p>
<h4 style="margin:2em 0;"><span style="font-weight: 400;">La radicalización pasa por la consolidación</span></h4>
<p><span style="font-weight: 400;">Está claro que los avances revolucionarios de los últimos años pueden ser engullidos por el poder imperialista, o bien estos “avances” pueden consolidarse en un escenario de integración con más fuerzas y países. De ahí la trascendencia de las decisiones que tomaron los BRICS, en la XVI cumbre en Kazán. Allí trazaron un derrotero claro de radicalización, es decir, de profundización y ampliación de sus acciones no para conservar sino, en un primer momento, para consolidar lo logrado. Si no fuera así, todo se reduciría a una radicalización retórica, verbal y sin resultados. Y es necesario que cada etapa de radicalización sea positivamente productiva para las clases populares. (Amin: 2009)</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En lo referente a la búsqueda de una nueva </span><i><span style="font-weight: 400;">gobernanza mundial</span></i><span style="font-weight: 400;">, el desafío pasa por hacer retroceder el control militar del planeta por parte de las fuerzas guerreristas del poder del capital, con capacidad y voluntad de intervención militar y destrucción.</span></p>
<h4 style="margin:2em 0;"><span style="font-weight: 400;">Que los pueblos pasen a la ofensiva con una alternativa política</span></h4>
<p><span style="font-weight: 400;">Los pueblos y sus movimientos sociales resisten históricamente con una diversidad de formas y modalidades cuando se trata de enfrentar a una invasión, un golpe de estado, una usurpación… Han sido principalmente movimientos de resistencia. La ofensiva ha venido y viene del capital y los pueblos resisten.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Es necesario pasar de la defensiva a la ofensiva con una alternativa positiva. Esta alternativa late hoy en los BRICS y constituye un desafío gigantesco a la hegemonía del poder del capital, a la vez que reclama un cambio de posicionamiento estratégico por parte de los pueblos del planeta y sus movimientos. Para los BRICS, pasar a la ofensiva no son palabras sino hechos consolidados que han venido germinando y configurando un horizonte de búsqueda, creación y construcción colectiva de un mundo para que emerja una civilización rehumanizada.</span></p>
<h3 class="single-post--content--citations-title" style="margin:2em 0;"><b>Bibliografía citada</b></h3>
<div class="single-post--content--citations-block">
<p><span style="font-weight: 400;">Amín, Samir (2009) “El imperialismo colectivo: Desafíos para el Tercer Mundo”, entrevistado por Isabel Rauber. En: </span><a href="http://www.isabelrauber.blogspot.com"><span style="font-weight: 400;">www.isabelrauber.blogspot.com</span></a></p>
<p><span style="font-weight: 400;">CGTN (2024) “Citas clave del discurso del presidente Xi Jinping en la 16ª Cumbre de los BRICS en Kazán, Rusia.”</span> <span style="font-weight: 400;"><br>
</span><span style="font-weight: 400;">En: https://espanol.cgtn.com/news/2024-10-24/1849417275798814722/index.html</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Rauber Isabel (2020) “La desconexión como ruptura civilizatoria con el capital en el siglo XXI.” En: </span><a href="http://www.isabelrauber.blogspot.com"><span style="font-weight: 400;">www.isabelrauber.blogspot.com</span></a></p>
</div>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Ascenso de China, reconfiguraciones en el Sur Global e implicancias para Nuestra América</title>
		<link>https://dev.thetricontinental.org/es/nuestra-america/chinacuaderno6/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 Mar 2024 10:50:05 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://thetricontinental.org/?post_type=argentina&#038;p=100416</guid>

					<description><![CDATA[Isabel Rauber analiza los desafíos de los BRICS tras la XVI cumbre celebrada en Kazán: el desarrollo como horizonte y la importancia de la desconexión y la cooperación para alcanzarlo.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--author" style="text-align: left;">Gabriel Merino, Julián Bilmes y Amanda Barrenengoa</div>
<hr class="single-post--content--separator-narrow">
<p><span style="font-weight: 400;">El siguiente trabajo aborda la última de las tendencias presentadas en una serie de cuadernos en los que se trabajaron distintas dimensiones de los procesos de</span><a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno1/"> <span style="font-weight: 400;">crisis de hegemonía y transición histórico-espacial</span></a><span style="font-weight: 400;"> en curso, con particular foco en el ascenso de China. Nos proponemos culminarlos enfocándonos en las condiciones emergentes y en las perspectivas que se abren para Nuestra América y el conjunto del Sur Global en medio de estas transiciones y procesos de carácter estructural. La transición histórico-espacial a la que asistimos hoy abre un conjunto de reconfiguraciones y, con estas, posibilidades y nuevos desafíos que a continuación se busca abordar. Se trata de una transformación del propio sistema mundial y así debe entenderse el ascenso de China, inmenso país que hace sólo 70 años era uno de los más pobres del planeta luego del “siglo de humillación”.  Consideramos el escenario actual como una oportunidad histórica para los pueblos del Sur Global,  para volver a construir y fortalecer un proyecto nacional latinoamericano de soberanía, autonomía y justicia social. </span></p>
<h2 style="margin:3em 0;"><b>Introducción</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Como señalamos en los cuadernos anteriores, la referencia al ascenso de China en relación con el declive de EE.UU. como potencia unipolar ha sido el marco general a partir del cual estudiamos la transición histórico-espacial actual. En medio de estos procesos es que situamos la disyuntiva y tensión que recorre nuestra región, entre la profundización de la condición periférica, dependiente y “subdesarrollada” de nuestros países, o la posibilidad para recuperar la apuesta por la autonomía, la integración, la soberanía y la justicia social. Ambas se erigen en posiciones y construcciones opuestas que vienen generando distintas problemáticas, desafíos y oportunidades para los pueblos del Sur Global.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A continuación, estructuramos tres ejes para pensar, desde Nuestra América, la relación entre el declive del poder angloamericano -con centro en EE.UU.- y el avance de China como centro emergente de expansión de las fuerzas productivas y su estrategia alternativa para proyectarse a nivel mundial. En primer lugar, proponemos una reflexión general sobre las transiciones de poder -o hegemónicas- del capitalismo histórico y las oportunidades que abrieron para las periferias y semiperiferias del sistema mundial. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En segundo lugar, como parte de la transición actual, nos adentramos en las reconfiguraciones que produce el ascenso chino en el Sur Global -antiguo Tercer Mundo-, en general, y con la región latinoamericana y caribeña, en particular. Se indaga en los instrumentos económicos, financieros y diplomáticos que son parte de la estrategia china de acercamiento a la región, qué discusiones, tensiones y posibilidades abren y cómo situamos a China en el marco de las heterogeneidades que coexisten en el Sur Global hoy. Por último, finalizamos planteando una lectura de las oportunidades, tensiones y desafíos que la actual etapa inaugura para nuestra región en términos geopolíticos y geoeconómicos.</span></p>
<h2 style="margin:3em 0;"><b>La transición como oportunidad histórica</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Una primera tesis a plantear aquí —a modo de “lección histórica”— es que las transiciones hegemónicas o del poder mundial abren condiciones para levantamientos, insurrecciones o insubordinaciones de los pueblos y naciones oprimidos. Son las etapas en donde se extienden en el sistema mundial las revoluciones y contrarrevoluciones. Claro está, no se trata de fenómenos mecánicos, sino que estas transformaciones adquieren sus singularidades en cada país y región, a la vez que se producen tanto flujos como reflujos de la luchas nacionales y sociales.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Siguiendo a Giovanni Arrighi, se pueden observar sucesivos ciclos sistémicos de acumulación del capitalismo mundial, desde sus inicios hacia el siglo XVI, cada uno de los cuales fue liderado por agencias estatales que definieron una hegemonía: España y Portugal junto con las ciudades-estado italianas capitalistas encabezadas por Génova, Holanda y las Provincias Unidas, Gran Bretaña y luego Estados Unidos. Es sólo a partir del ciclo británico en el siglo XIX, con la conquista de la India, la subordinación y declive de China como gran centro económico mundial y el reparto de África, que el sistema-mundo capitalista con centro en el Occidente geopolítico se vuelve mundial.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se puede rastrear en ese recorrido el tránsito del dinero como del poder político-militar, a la par que las transformaciones en las relaciones sociales de producción, usufructuando la acumulación originaria producto de la conquista de América: es sólo a partir de esa conquista que Europa occidental puede salir de su condición de periferia en Eurasia durante 1000 años. En esta dimensión económica y tecnológica fueron decisivas también las sucesivas revoluciones industriales, desde los siglos XVIII-XIX hasta la actual transformación del paradigma tecno-económico, pregonada como una “cuarta revolución industrial” (</span><a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno5/"><span style="font-weight: 400;">cuyo auge y disputa abordamos en el cuaderno anterior</span></a><span style="font-weight: 400;">). </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De la mano de estas sucesivas reconfiguraciones en el poder mundial, los cambios políticos, tecnológicos y productivos impactan en las periferias y semiperiferias mediante distintos tipos de modernizaciones, en diferentes ámbitos: económico, productivo, comercial, político, institucional, social, etc. Ello transforma las sociedades periféricas al generar el movimiento de nuevos actores y clases sociales.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Para recuperar algunos ejemplos históricos, ello se puede ver en el marco de la transición hegemónica de 1790-1820, con el auge del movimiento independentista suramericano, frente a la crisis del imperio español desencadenada por la guerra interimperialista entre Francia y Reino Unido, siendo esta última potencia quien lograría instaurarse como potencia hegemónica del sistema mundo moderno-colonial y capitalista. Luego, más cerca en el tiempo, se puede observar con la transición producida hacia 1911-1945, ante el declive británico y el ascenso de sus más próximos competidores, EE.UU., Alemania y Japón, siendo estos dos últimos derrotados en las dos guerras mundiales y saliendo la potencia norteamericana anglosajona como vencedora de esta puja interimperialista.</span><a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno2/"><span style="font-weight: 400;"> </span></a></p>
<p><a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno2/"><span style="font-weight: 400;">Como hemos señalado en un cuaderno previo</span></a><span style="font-weight: 400;">, en esa transición se produjeron múltiples luchas de liberación nacional y social en las periferias y semiperiferias, como la Revolución Mexicana en 1910, la Revolución Rusa en 1917, la diversidad de expresiones nacional-populares en América Latina por esos años, la independencia en India de 1947, o la particularidad del proceso revolucionario chino, que comienza en 1911 con la “Revolución de Xinhai” y se corona en 1949 con la fundación de la República Popular, bajo el liderazgo del Partido Comunista Chino. Esta oleada emancipatoria o “despertar” de los pueblos del Sur se institucionalizó luego en el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) a raíz de la Conferencia de Bandung de 1955.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ahora bien, ante la actual transición de este siglo, que se abre hacia fines de siglo XX y principios del XXI y que hemos ido abordando desde sus principales dimensiones a lo largo de estos cuadernos, se produce también un proceso de reemergencia de las naciones y pueblos del Sur. En efecto, en un proceso que inicia en 1998, a medida que comenzaban a manifestarse los primeros síntomas de la crisis de hegemonía del proyecto financiero neoliberal y unipolar dominante, entraron en crisis los neoliberalismos periféricos en Nuestra América a la par que se producían grandes luchas sociales. Como resultado del ascenso de las fuerzas nacionales y populares, la reaparición de sectores neodesarrollistas en los grupos dominantes y un nuevo equilibrio de poder, llegan al gobierno importantes líderes como Hugo Chávez en Venezuela, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina y Evo Morales en Bolivia. También se produce en ese marco el resurgimiento de Rusia, de la mano de Putin, buscando volver a instituirse como polo de poder, y se produce el acercamiento estratégico con China que se cristaliza en la creación de la Organización de Cooperación de Shanghái en 2001.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como se viene afirmando, el momento actual vuelve a inaugurar condiciones para la reemergencia de nuevos grupos, clases  sociales, que se articulan como fuerzas sociales y políticas, con las singularidades que este momento histórico presenta, y con las peculiaridades de quienes son parte de dichas dinámicas.</span></p>
<h2 style="margin:3em 0;"><b>El Sur Global y China en el siglo XXI</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Pensamos al Sur Global como un espacio integrado por distintas regiones y zonas del mundo que fueron periferializadas por el colonialismo-imperialismo europeo entre fines del siglo XV, con la conquista de América, hasta el s.XIX, con la conquista de las grandes civilizaciones asiáticas y África. Las potencias del Occidente geopolítico llegaron a controlar el 84% del mundo, hecho clave que explica su ascenso y lo que lleva al propio estadounidense Samuel Huntington a afirmar en su libro “Choque de Civilizaciones” que “Occidente conquistó el mundo, no por la superioridad de sus ideas, valores o religión (a las que se convirtieron pocos miembros de otras civilizaciones) sino más bien por su superioridad en la aplicación de la violencia organizada. Los occidentales a menudo olvidan este hecho; los no occidentales, nunca” . </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El Sur Global no es una categoría geográfica sino política y simbólica, aludiendo a los históricos clivajes Norte-Sur, centro-periferia, que estructuraron desigualmente el sistema mundial. Si bien la propaganda occidental incluiría también aquí el tándem desarrollo-subdesarrollo, el auge en curso de ciertas periferias y semiperiferias, en particular con el ascenso de China y las regiones de Asia-Pacífico y Eurasia, pone en tensión esa visión. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El sistema mundial capitalista, en su fase de globalización y financiarización, ha profundizado el desarrollo desigual y combinado del proceso de acumulación de riqueza y poder, delineando, a la par, diferentes situaciones a lo interno de las periferias históricas —hoy devenidas en Sur Global—. En ese marco, el Sur Global también contiene en su interior heterogeneidades y jerarquías, entre las que se destaca el rol peculiar de la República Popular China. Como abordamos en el segundo cuaderno, a comienzos del siglo XX, China se encontraba ocupada por distintos imperialismos, con lo cual, se asumía como una “hiper-colonia”, según la definición de Sun Yat-sen. Ya triunfante la Revolución de 1949, Mao incluyó a su país como parte del Tercer Mundo, y China fue uno de los principales impulsores del MNOAL, proponiendo cinco principios para ello que fueron formulados por Zhou Enlai en 1964: respeto mutuo a la soberanía e integridad territorial, no agresión, no intervención de un país en los asuntos internos de otro, igualdad y beneficio mutuo, y coexistencia pacífica. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En el presente, existe una doble condición paradojal: un país que proviene del Tercer Mundo —devenido Sur Global— resulta la mayor potencia emergente, y ha llegado a disputar las principales dimensiones del poder mundial. Por ello, el caso chino amerita un abordaje particular por los rasgos distintivos de su ascenso, además del modo en el que se materializa su auge en distintas escalas. De hecho, su propia reemergencia está modificando estructuralmente la jerarquía centro-periferia de la economía mundial. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como</span><a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno4/"> <span style="font-weight: 400;">hemos señalado en un cuaderno anterior</span></a><span style="font-weight: 400;">, luego de la crisis financiera global de 2008 resurgen con fuerza los polos de poder emergentes que se nuclean en los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) e impulsan una reconfiguración del orden mundial de signo multipolar y multilateral. Si bien el acrónimo había sido creado a principios de siglo por un analista del banco Goldman Sachs, en aras de promover nuevos mercados de inversión para la expansión del capital transnacional del Norte Global, estos países asumen ese agrupamiento en plena crisis mundial para avanzar con un proyecto estratégico propio. De este modo, mediante el desarrollo de capacidades estructurales y de fuerzas político-sociales que los respalden, estos nuevos poderes emergentes comenzaron a plantear la redistribución del poder y la riqueza mundial. Así, los BRICS devinieron en actor geopolítico, con base en el ascenso de China y Asia oriental y del sur, el establecimiento de alianzas euroasiáticas con tendencias contrahegemónicas, con un papel muy relevante de la Federación Rusa, y una creciente insubordinación del Sur Global. En aquel cuaderno nos referíamos a  la serie de nuevas instituciones multilaterales y compromisos Sur-Sur globales y regionales que se fueron creando en este sentido con el nuevo siglo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Luego de 2011, con el recrudecimiento de la contradicción entre polos centrales y emergentes, se profundizan estas iniciativas díscolas, y en 2014 el foro de los BRICS lanza una nueva arquitectura financiera y productiva mundial en su 7° Cumbre, en Brasil, mediante la creación del Nuevo Banco de Desarrollo y el Fondo de Reservas de Contingencia. Si bien en años posteriores la iniciativa del bloque mermó, producto de ciertos cambios políticos de sus miembros (como la asunción de Michel Temer y luego Jair Bolsonaro en Brasil, luego del golpe a Dilma Rousseff en 2016), China volvió a la carga para revigorizar el bloque en 2017 mediante la idea de “BRICS+”. Desde entonces, la apertura a nuevos miembros ha concitado el interés de numerosos países “emergentes” (periféricos o semiperiféricos) provenientes del Sur Global. En la actualidad, ya han sido invitados 6 nuevos miembros para sumarse a partir del 1º de enero de 2024: Arabia Saudita, Argentina, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán. Además, hay unos 14 países que aparecen como “candidatos” para integrarse, sea al bloque en su conjunto o a algunas de sus instituciones en particular, como el Nuevo Banco de Desarrollo, precedido por Brasil mediante la figura de la ex Presidenta Rousseff desde el mes de abril de 2023. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En términos geopolíticos hay que destacar que la ampliación de seis países a los BRICS significa la incorporación de cuatro de ‘Medio Oriente’ —o de la región centro de Afro-Eurasia—, un lugar clave de la disputa política y estratégica mundial, donde predomina la cultura y religión islámica. Además, tres países son actores centrales de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Por otro lado, de confirmarse el proceso, a partir del próximo año serían parte de los BRICS+ tres países africanos y dos sudamericanos, ampliando la representación del Sur Global en dos continentes en disputa y fortaleciendo el proceso de insubordinación tricontinental, que en el caso de América del Sur implica fortalecer la conformación de un polo de poder desde el cual participar con voz propia o mayor autonomía en un escenario multipolar.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">China, en particular, ha impulsado con fuerza este proceso, lo cual se aprecia en que, durante su presidencia del bloque en 2022, organizó más de un centenar de eventos con el logo de “BRICS Plus” y atrajo la participación de más de 50 países no pertenecientes al bloque. Según nuestra perspectiva, los BRICS constituyen el puntapié de una nueva institucionalidad multipolar multilateral a partir de la cual delinear un nuevo orden mundial. Allí pueden articularse y converger distintos polos de poder, Estados continentales que vertebren sus propios proyectos nacionales de desarrollo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como se viene afirmando, resulta auspicioso para los pueblos y naciones del Sur Global un escenario futuro de alianza de múltiples Estados continentales, en tanto articulación más democrática de los grandes espacios culturales y en pos de una nueva propuesta civilizatoria, máxime en una era de riesgos y amenazas globales y de gran incertidumbre para la humanidad producto del desarrollo desenfrenado del sistema mundial capitalista, moderno y colonial desde el siglo XVI.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En torno a lo anterior, se debe considerar que China viene anunciando en los últimos años un conjunto de Iniciativas: de Desarrollo Global, de Seguridad Global y de Civilización Global, en el marco de su propuesta de Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad, todo lo cual se articula y monta sobre la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR, popularmente llamada “nueva ruta de la seda”). No se trata de afirmar aquí que China expresa el liderazgo de la liberación de los pueblos, sino de prestar atención a las perspectivas que se abren para ello ante la actual crisis de hegemonía estadounidense-británica y occidental, el ascenso de China y la transición histórico-espacial del sistema mundial. A la par que, también, pensar estos procesos de manera relacional para las condiciones emergentes para el Sur Global.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En los últimos años, China se ha convertido en el primer socio comercial de la mayoría de los países del mundo, como se puede ver en el gráfico a continuación, y ello se articula con su avance exponencial en materia de inversión (ítem en donde sobresale la IFR y su andamiaje empresarial y bancario asociado) y adquisiciones.</span></p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-100417 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/03/graficos-cuaderno6_01-1024x625.jpg" alt="" width="1024" height="625" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/03/graficos-cuaderno6_01-1024x625.jpg 1024w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/03/graficos-cuaderno6_01-300x183.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/03/graficos-cuaderno6_01-768x469.jpg 768w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/03/graficos-cuaderno6_01-1536x938.jpg 1536w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/03/graficos-cuaderno6_01.jpg 1979w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></p>
</div>
<p><span style="font-weight: 400;">A su vez, la tendencia de la última década de las exportaciones de China para el Sur Global es de claro crecimiento, a la par que disminuye su orientación para EE.UU., Europa y Japón, llegando en la actualidad casi a duplicarse, como se puede apreciar en el siguiente gráfico (</span><a href="https://twitter.com/Vadell_Javier/status/1645740055212834816?t=9zpJ1flCDbwks6u6jLy4kQ&amp;s=08"><span style="font-weight: 400;">aquí se puede consultar su fuente</span></a><span style="font-weight: 400;">):</span></p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-100427 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/03/graficos-cuaderno6_02-1024x625.jpg" alt="" width="1024" height="625" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/03/graficos-cuaderno6_02-1024x625.jpg 1024w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/03/graficos-cuaderno6_02-300x183.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/03/graficos-cuaderno6_02-768x469.jpg 768w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/03/graficos-cuaderno6_02-1536x938.jpg 1536w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/03/graficos-cuaderno6_02.jpg 1979w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En este marco, toma cada vez más fuerza la discusión sobre el carácter de China y lo que implica su ascenso para los pueblos y naciones del Sur Global. Tanto por izquierda como por derecha se acusa a la potencia oriental de ser un nuevo imperialismo y de comportarse de tal modo en su crecientes vínculos con África y América Latina. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Desde una perspectiva latinoamericana, y coincidiendo con Claudio Katz en torno a correrse de la </span><a href="https://www.alai.info/multiplicidades-de-china-en-america-latina/"><span style="font-weight: 400;">idealización y/o demonización de China</span></a><span style="font-weight: 400;">, la estrategia de esta para con la región se corresponde con un proceso sostenido y veloz con distintas propuestas de grandes volúmenes de inversión en áreas estratégicas: tecnología, infraestructura (puertos, corredores bioceánicos, puentes carreteros, etc), petróleo, gas, minería, metales; además de préstamos financieros. Como parte de su “astucia geopolítica”, una diferencia sustancial con Estados Unidos radica en el terreno militar: en lugar de subordinar a los gobiernos latinoamericanos a sus reglas y hacerlo por la fuerza, China ha sabido captar las necesidades locales a partir de toda una batería de propuestas que conforman su estrategia de acercamiento, sin uso de la fuerza militar o presiones políticas. La condición que sí sostiene es romper relaciones con Taiwán (parte de su territorio en conflicto desde la revolución de 1949), lo cual muestra que el modo de hacer negocios de China no va de la mano con lo que Katz considera una “norma imperial”, es decir, no es a través de la imposición forzosa ni del instalamiento de bases militares o tropas que se desarrolla su estrategia de negocios con América Latina. Como señala el autor, es aquí donde radica una distinción fundamental que hace al concepto mismo de imperialismo, el cual conlleva el uso de la fuerza para la imposición en un territorio. Algo diferente de ello es la crítica en torno a la dependencia económica que los acuerdos con China pueden generar para nuestra región, por ello es preciso remarcarlo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De esta manera, los distintos actores económicos y empresariales, y los propios Estados de la región vienen aprovechando el nuevo momento, lo cual abre otro conjunto de discusiones en torno a cuál va a ser la estrategia propia para negociar con China. Se trata de un desafío para el Sur Global, en torno a la posibilidad de establecer las propias condiciones para que las relaciones con China puedan contribuir en la promoción de estructuras productivas e institucionales con un padrón inclusivo en términos sociales, y que busque </span><a href="https://seer.ufrgs.br/index.php/austral/article/view/129527/89833"><span style="font-weight: 400;">reducir las asimetrías espaciales</span></a><span style="font-weight: 400;">.   </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Nos centraremos con más detenimiento en el próximo apartado sobre lo que hace a nuestra región, pero primero viene bien</span><a href="https://noticiaspia.com/un-sol-rojo-chino-en-el-amanecer-africano/"> <span style="font-weight: 400;">considerar el caso africano</span></a><span style="font-weight: 400;">, prestando atención al rol de China en ese territorio. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por un lado, medios y analistas occidentales repiten la idea de una diplomacia china de “trampa de la deuda”. Sin embargo, China anunció recientemente su decisión de renunciar al cobro de al menos 23 préstamos que habían sido otorgados a 17 países africanos, a la par que redirigió alrededor de 10 mil millones de dólares que mantenía en sus reservas del Fondo Monetario Internacional (FMI) al continente africano. Por otro lado, líderes europeos han “retado” a sus pares africanos por sus crecientes vínculos con China y Rusia, y recibieron fuertes desplantes de sus contrapartes, quienes denunciaron la doble moral y discurso de la propaganda occidental y su enmascaramiento del histórico saqueo imperial colonial europeo en sus territorios. Por último, ante la creciente competencia entre las fuerzas del occidente geopolítico y las fuerzas emergentes con centro en Eurasia por la influencia económica y política en África, los líderes del continente encuentran en los últimos años distinto tipo de ofertas de cooperación: de índole estratégico militar y de seguridad por parte de Rusia (ahora con un auge de actividad en el Sahel), como también en materia de inversiones en desarrollo de hidrocarburos, minería, abastecimiento de granos y proyectos de energía nuclear; de inversión en infraestructura, créditos blandos y tecnología de punta por parte de China, deseosa de energía y materias primas; y las viejas recetas neoliberales de empréstito que ofrecen EE.UU. y Europa, históricamente ligadas al intervencionismo político, social y militar.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por ello, en el entramado heterogéneo que compone el Sur Global, y teniendo en cuenta su historia, lo que emerge a partir del ascenso de China es una plataforma material de desarrollo que compite con el viejo esquema conducido y sostenido hegemónicamente desde el unipolarismo angloestadounidense. En dicha estrategia, el Sur Global es interpelado como actor y parte fundamental, que ha sido periferializado y fragmentado como consecuencia de un tipo de desarrollo desigual. En el actual contexto de transiciones, interpretamos el momento que atravesamos como clave en términos de posibilidades de diseñar una estrategia propia ante la presente crisis, que tenga a la autonomía como un vector central.</span></p>
<h2 style="margin:3em 0;"><b>El ascenso chino y los desafíos actuales para Nuestra América</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Por último, nos abocamos ahora a detenernos con mayor profundidad en cómo impacta el ascenso de China y las reconfiguraciones dentro del Sur Global a las que hemos hecho referencia para la situación particular de Nuestra América. Nos preguntamos por las lógicas, mecanismos y actores que privilegian la estrategia china y el impacto que ello tiene para el desarrollo de los países de nuestra región. También, si producto de dicha asociación, las históricas asimetrías entre Norte y Sur, centro y periferia, se verán transformadas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En primer lugar, retomamos someramente la siguiente periodización para lo que fue</span><a href="https://www.geograficando.fahce.unlp.edu.ar/article/view/GEOe056"> <span style="font-weight: 400;">el giro nacional-popular acontecido en Suramérica</span></a><span style="font-weight: 400;"> con el nuevo siglo, aprovechando la “crisis en las alturas” para la reemergencia de un proyecto propio en la región. Con sus contradicciones y vaivenes, se inicia un proceso de auge nacional popular, con sus características particulares en cada país de la región.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Este proceso se inaugura con las primeras expresiones de la crisis de la hegemonía del proyecto financiero neoliberal y unipolar entre 1999 y 2002, luego de décadas de sostenerse y generar fuertes transformaciones en las sociedades latinoamericanas y caribeñas, produciendo un proceso de periferialización de Nuestra América desde fines de los años 70’ y principios de los 80’. Como marca de época, y como respuesta a la insistencia del Eje Atlántico por predominar y seguir avanzando en nuestra región, se rechaza el proyecto de Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), lo que sintetiza años de resistencias y contrapropuestas que aglutinan fuerzas y actores sociales en 2005. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En tercer lugar, se desarrolla entre 2005 y 2011 el avance del nacionalismo popular latinoamericano —con sus rasgos específicos— en los distintos países, logrando distintos avances en materia de integración regional sudamericana y latinoamericana. Es también en 2011 que se lanza la Alianza del Pacífico como expresión de un nuevo intento de ofensiva del regionalismo abierto y subordinado a las fuerzas globalistas del Occidente geopolítico. Esto coincide con las primeras señales de freno y límite al regionalismo autónomo y su debilitamiento hacia 2015, luego de la proliferación de distintas iniciativas de integración como la Alianza Bolivariana de los Pueblos (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Con sus matices, se trató de distintos intentos por construir una unidad regional con ciertos grados de institucionalidad que persistiera en el tiempo, desde la autonomía y la defensa de instrumentos regionales ante las consecuencias de la hegemonía neoliberal en la región.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En quinto lugar, una contraofensiva del proyecto neoliberal, unipolar y de carácter financiero, que se profundiza desde entonces hasta los momentos previos a la pandemia en 2020. Quedan en este período en suspenso y desarticulados no sólo los ejes centrales sino las propias fuerzas nacionales y populares que venían haciendo pie en los Estados latinoamericanos, sufriendo un fuerte revés, lo que caracteriza el período a partir de la oscilación entre procesos de integración autónoma y desintegración, signados por pugnas y tensiones constantes que ponen un límite a los intentos de profundización. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Este breve </span><i><span style="font-weight: 400;">raconto </span></i><span style="font-weight: 400;">nos sirve para retomar a partir de nuestras propias limitaciones y oscilaciones, y así poder pensar en proyectos nacionales y regionales de desarrollo autónomo, de modo de efectivizar la oportunidad histórica que implica la transición histórico-espacial en curso. Desde ahí podemos indagar el tipo de vínculo que entabla nuestra región y sus países con China, entendiendo que Nuestra América ha ganado un lugar de creciente peso en el ascenso mundial del gigante asiático y otros polos emergentes. Ello se plasmó institucionalmente con la publicación de los Libros Blancos que elaboró China para sus relaciones con nuestra región, en 2008 y 2016. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como se señala en el trabajo “</span><a href="https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/libros/pm.5434/pm.5434.pdf"><span style="font-weight: 400;">El ascenso de China y el ingreso de la Argentina a la Iniciativa de la Franja y la Ruta</span></a><span style="font-weight: 400;">”, en tanto gran taller industrial del mundo y enorme mercado de consumo en plena expansión (que ya cuenta con 400 millones de personas con ingresos reales equivalentes a los europeos y podría duplicar esa cifra en la próxima década), China es el gran importador mundial de materias primas. Ya hacia 2017, China consumía el 59% del cemento mundial, 56% del níquel, 50% del cobre, 47% del aluminio, 50% del carbón, 50% del hierro, 47% de la carne de cerdo, 31% del arroz, 27% de la soja, 23% del maíz y 14% del petróleo. En este sentido, la relación con América del Sur, gran productora de materias primas, resulta estructural. En otras palabras, la “super-expansión” material de China, tanto de su mercado interno como a nivel mundial, tiene como consecuencia una transformación sistémica que necesariamente impacta en múltiples dimensiones en América Latina, en tanto China deviene (junto a Asia Pacífico) en el principal polo mundial de desarrollo de las fuerzas productivas, bajo una combinación de modos de producción que se sintetiza en la fórmula “socialismo de mercado” y da lugar a otro modo de “globalización” que coexiste con el viejo proyecto en crisis. Esto se traduce en números: el volumen de comercio entre China y América Latina aumentó 35 veces en este siglo, de $14.000 millones en el 2000 a $500.000 mil millones en 2022. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Los puntos claves del interés económico chino en nuestra región se pueden sintetizar en energía -en sus distintas formas-, materias primas y recursos naturales estratégicos, y, ligados a ello, obras -y corredores- de infraestructura que permitan y potencien la provisión de estos bienes, así como también consoliden a Beijing como el centro impulsor del desarrollo de infraestructura a nivel mundial. En esto último juega un rol clave la IFR o “nueva ruta de la seda”, la mayor apuesta a nivel mundial de conexión del comercio y los transportes, por tierra y mar, primero pensada para Eurasia pero que se fue ampliando e incorporó a nuestra región hacia 2017-2018. Ya se han sumado 22 países de América Latina a dicha iniciativa. A la par, desde 2009 China se ha convertido en el primer o segundo socio comercial, inversor y acreedor extranjero de la mayoría de los países de la región, y esta constituye, luego de Asia, la segunda en importancia como destino de la inversión china. Entre 2005 y 2019, la inversión extranjera directa (IED) de China en América Latina representó $ 130 mil millones de dólares. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Este profundo acercamiento y asociación de China con la región —que en términos más amplios cuenta con asociaciones de cooperación en múltiples áreas y la firmas de acuerdos estratégicos con varios países— ha desequilibrado en términos geoeconómicos el histórico poder unipolar estadounidense y “occidental” sobre el continente y, al mismo tiempo, ha generado nuevos conflictos que también impactan en nuestros países reconfigurando las agendas de política interna y externa.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En esta relación juegan un rol de creciente importancia los proyectos de infraestructura. Se trata de una cantidad enorme de proyectos ya realizados, en ejecución o en perspectiva, de puertos, caminos, ferrocarriles, y corredores bioceánicos. También desarrollos en materia energética, ductos y redes. América Latina ya es el segundo mayor destino de ese tipo de obras, que se expanden a un ritmo galopante, debido a la ingente necesidad de inversiones de la región en este aspecto. Incluso van más lento de lo que podrían avanzar por las presiones de Washington en nombre de su “seguridad nacional”. Vinculados también con los objetivos de ampliar el comercio entre América Latina y el Caribe y Asia Pacífico, estas megaobras tienen como característica central la planificación a largo plazo, las inversiones por parte de bancos chinos y la articulación con empresas también chinas. En estos procesos, va también en aumento la internacionalización de las empresas no sólo constructoras, sino también tecnológicas, científicas, de energía, etc; de sus bancos; y de su moneda. Asimismo, los intercambios de monedas entre Bancos Centrales de países como Brasil y Argentina con China, vienen signando la relación en estos tiempos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Este tipo de acuerdos financieros permite “aliviar” las delicadas situaciones en las que se encuentran las economías de la región. Ya sea debido a coyunturas de   de restricción externa por caída de las exportaciones, fuga de capitales, o bien a causa de los los condicionamientos impuestos por los organismos multilaterales del Norte Global . Al igual que en el contexto 1999-2001,</span><a href="https://avionnegro.com.ar/contextos/moneda-comun-del-sur-o-dolarizacion/"> <span style="font-weight: 400;">la dolarización vuelve al debate público en países como Argentina</span></a><span style="font-weight: 400;">, ante lo cual la asistencia de China para que Argentina le pague al FMI con yuanes y enfrente una situación muy delicada de desplome de las exportaciones por una fuerte sequía y falta de divisas (que hubiera llevado a una mega devaluación y enorme ajuste, como quería el FMI), marca las transformaciones que viene habiendo a nivel también económico financiero (terreno en el que también EE.UU. y China compiten).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A la par de lo anterior, la expansión material china (en términos económico comerciales, financieros, en infraestructura y tecnología) ha ido acompañada de herramientas diplomáticas que contribuyen en la búsqueda de una posición geopolítica de relevancia global. Ejemplo de ello es la conformación en 2014 del Foro China-CELAC (en referencia a la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños, el organismo de integración regional de mayor escala, reuniendo a los 33 países latinoamericanos y caribeños, impulsada por Chávez y los líderes nacional populares nuestroamericanos hacia 2010). </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como hemos señalado desde los inicios de este equipo de investigación, aparece como un dato de relevancia que China haya sostenido a la CELAC en pleno embate de restauración conservadora neoliberal que se produjo en los años posteriores en Nuestra América y que desarticuló, debilitó y/o paralizó la UNASUR, el Mercosur y la concepción autónoma de la integración regional, reduciendo la misma a un mero agrupamiento para complacer los objetivos geopolíticos estadounidenses y occidentales en la región (como el Foro Prosur o el Grupo de Lima). Es que la potencia asiática ve útil un organismo que reúna a toda la región y con el cual poder entablar proyectos y asociaciones conjuntas a mediano y largo plazo, lo cual constituye una particularidad del accionar chino a lo interno y a lo externo. Para nuestra región resultó algo muy importante, habiendo retomado la conducción estratégica de la CELAC y el regionalismo autónomo desde 2018 de la mano de López Obrador en México y los nuevos gobiernos de la “segunda ola” progresista -y tímidamente nacional-popular, por lo general- en la que nos encontramos en la actualidad.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">China genera grandes desafíos para nuestra región, cuya presencia conlleva también importantes tensiones, y por momentos, oscilaciones. Por un lado, aparece como un socio en materia geopolítica, como parte fundamental de las fuerzas  y el creciente mundo multipolar, en pos de ampliar los márgenes de maniobra y autonomía. Tanto las nuevas alianzas internacionales, la inclusión en los BRICS y su banco de desarrollo, la IFR y el BAII, pueden aportar a diversificar fuentes de financiamiento e inversiones, e incluso también cierta eventual cooperación y transferencia tecnológica (en tensión y no de manera lineal). Pero por otro lado, en términos económicos, los tipos de vínculos comerciales entablados reproducen el perfil primario de nuestras exportaciones (con bajo componente de valor agregado – trabajo en origen). Sumada a esta situación —que se corresponde con un proceso de desindustrialización desde el quiebre de los años 70’, que sólo se frenó en parte en los años 2000s—, el ascenso de los vínculos comerciales de China con países de la región, ha ido en detrimento del comercio intrarregional, del cual el MERCOSUR es un ejemplo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En este sentido es que se ha planteado la existencia de una </span><a href="https://www.researchgate.net/publication/348842378_China's_Hybrid_Geoeconomics_in_South_America"><span style="font-weight: 400;">“geoeconomía híbrida” de China en Suramérica</span></a><span style="font-weight: 400;">, que presenta una cooperación paradójica, cuyos beneficios pueden ser también dañinos, implicando tanto desarrollo como dependencia (o desarrollo del subdesarrollo, al decir de Gunder Frank). Es que, en caso de proseguir un tipo de vínculo así con China, aparecen riesgos económicos ciertos de profundizar un perfil primario exportador sin valor agregado en origen, desindustrialización y pérdida de complejidad económica para nuestra matrices productivas. Y al mismo tiempo, se trata de un socio estratégico de gran potencial para superar esta condición periférica, “subdesarrollada” y dependiente de nuestras economías. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ahora bien, para superar esta especie de paradoja, hace falta un proyecto nacional y regional de desarrollo sostenido desde nuestro lado, con visión y planificación estratégica, densidad nacional, capacidades estructurales y enraizamiento social popular. Se trata aún de una tarea pendiente, algo a diseñarse, construirse y consolidarse en el tiempo más allá de los vaivenes. Es decir, la relación con China y el mundo emergente con centro en Asia Pacífico va a depender del proyecto que definamos nosotros y nosotras en nuestros propios países y en nuestra propia región. Beijing no posee un patrón de desarrollo imperialista o de tipo “occidental”, por el cual los procesos de acumulación se garantizan y refuerzan mediante la fuerza política y militar. Pero tampoco va a liberar a Nuestra América de la dependencia, del lugar que ocupa en la división internacional del trabajo y en las jerarquías interestatales. Pretender eso es reproducir la mentalidad colonial. Sólo los pueblos pueden liberarse a sí mismos y encontrar sus mejores caminos al desarrollo; en todo caso, en ese camino pueden encontrar mejores oportunidades y socios que le ayuden. Eso significa China para nuestra región y de ahí que la paradoja deba interpelarnos, ante todo, a nosotros mismos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ante la ausencia de un proyecto de integración regional consistente, junto con las crónicas crisis económicas, políticas y sociales que enfrentan nuestros países, el vínculo con China es visto como una posible “solución” o salvación para nuestros problemas. En esta salida intermedia, suelen perderse de vista las consecuencias aún vigentes del hecho de</span><a href="https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/library?a=d&amp;c=libros&amp;d=Jpm5390"> <span style="font-weight: 400;">no contar con una perspectiva propia, soberana y autónoma acerca del desarrollo</span></a><span style="font-weight: 400;"> en el mediano y largo plazo. Es decir, cómo prever un desarrollo que coincida con la demanda de productos chinos pero que, a la vez, permita diversificar y multiplicar el comercio intrarregional. Es decir, un tipo de articulación que priorice la complementariedad para un desarrollo autónomo, y que pueda revertir el carácter deficitario y primarizado del vínculo comercial con la potencia asiática. Por ello, la relación con China trae aparejados debates y decisiones estratégicas en dirección a priorizar nuestra soberanía y proponer caminos concretos para ello. En estos, la</span><a href="http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/140080"> <span style="font-weight: 400;">planificación estatal resulta central para el diseño de políticas</span></a><span style="font-weight: 400;"> que puedan sostenerse en el tiempo en la construcción de una agenda conjunta, para lo cual se puede aprender la misma experiencia china al respecto. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por ello, en el marco del ascenso chino en el mapa de poder mundial, es crucial la definición en torno al rol que van a tener los Estados latinoamericanos y caribeños en el nuevo esquema de transición histórico-espacial. Como hemos planteado en cuadernos previos, nos encontramos en lo que podría denominarse como un trilema en Nuestra América: 1) avanzar en una mayor periferialización regional atados y subordinados en términos políticos y estratégicos al  polo de poder angloestadounidense en declive y a un mundo en crisis; 2) ir hacia una neodependencia económica con China, combinada con una subordinación estratégica al </span><i><span style="font-weight: 400;">establishment </span></i><span style="font-weight: 400;">occidental (con sus distintas fracciones en pugna), para garantizar el “desarrollo del subdesarrollo” en la fórmula de André Gunder Frank: es decir, otorgar alguna viabilidad a los proyectos de factorías primario-exportadoras de los viejos grupos dominantes; 3) aprovechar el escenario de crisis mundial y multipolaridad relativa, así como las implicancias del ascenso de China y las profundas transformaciones del sistema mundial -en donde aumentan las presiones por democratizar la riqueza y el poder- para resolver las tareas de la segunda independencia.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En otro sentido, los desafíos se vinculan con el diseño de políticas públicas regionales en áreas estratégicas a partir de las cuales pensar el desarrollo de la región, en un mundo en transición que tiene muy presente la riqueza de nuestros territorios: recursos estratégicos que están en el medio de lo que ha sido denominado como un “nuevo ALCA” (Alimentos, Litio, Combustibles y Agua), dado el manifiesto interés de EE.UU. por asegurarse tales recursos en nuestra región, ante su creciente disputa con China y sus aliados. Si los organismos internacionales se aprestan a promocionar en nuestros países las “ventanas de oportunidad” que representan los cambios tecno-productivos en curso, es importante notar ese exponencial aumento de la desigualdad entre posiciones de centro y de periferia a lo largo del globo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Sin embargo, esa</span><a href="https://www.elcohetealaluna.com/geopolitica-orientada-por-mision/"> <span style="font-weight: 400;">ventana de oportunidad puede efectivamente construirse</span></a><span style="font-weight: 400;">, en tanto opción geopolítica, bajo un proyecto de desarrollo autónomo y soberano. Aparecen, pues, verdaderos desafíos y oportunidades para nuestros países, en determinadas áreas y sectores industriales y tecno-científicos, siempre y cuando se apunte a fortalecer las propias capacidades socio-estatales, el empleo y la producción nacional-regional. La experiencia de China, que se inicia como proceso revolucionario nacional y social a partir de 1911 y tiene como puntos centrales la victoria de las fuerzas del PCCh en 1949 y las reformas de fines de los años 70’,  representa un importante ejemplo, no para copiar pero sí para</span><a href="https://revistas.unlp.edu.ar/CTyP/article/view/12063/"> <span style="font-weight: 400;">extraer lecciones al respecto</span></a><span style="font-weight: 400;">. Sus 14 planes quinquenales, su capacidad para absorber con autonomía el desarrollo científico-técnico del Norte Global o su capacidad para dar enormes saltos tecnológicos en los últimos años a partir de la exitosa planificación estratégica estatal aportan enormes enseñanzas para los pueblos del Sur Global. A la par, puede ser un buen aliado en un camino de este tipo, como demuestran los acuerdos entre instituciones y empresas de países como Argentina y Bolivia para la industrialización y agregado de valor en origen en recursos en auge como el caso del litio.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En nuestro propio contexto latinoamericano, resulta clave para ello la identificación de los sectores productivos con potencialidad para aprovechar las eventuales ventanas de oportunidad, en base a las historias, trayectorias y capacidades construidas en las economías de nuestros países. Esto es, definir en los acuerdos con China y nuestros preciados recursos en auge y disputa, los rubros, sectores, cadenas y/o segmentos donde poner en juego fuerza de trabajo, insumos, empresas y tecnologías, fomentando el aprendizaje, escalamiento e innovación. Resulta clave también poder blindar los objetivos estratégicos que hacen a un proyecto de desarrollo autónomo frente a los consabidos vaivenes político-electorales, mediante una amplia participación popular y el disciplinamiento de actores empresarios concentrados que usufructúan la dependencia. Se trata, en fin, de pensar en un proyecto nacional latinoamericano soberano y autónomo, en tiempos de fuerte reacción neofascista, pero también de crisis y oportunidades.</span></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Economía en el (des)orden mundial: ascenso de China, estancamiento del Norte Global y nuevo paradigma tecno-económico en disputa</title>
		<link>https://dev.thetricontinental.org/es/nuestra-america/chinacuaderno5/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Jun 2023 18:46:12 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://thetricontinental.org/?post_type=argentina&#038;p=81737</guid>

					<description><![CDATA[En el último cuaderno de la serie China en el (des)orden mundial, los investigadores Gabriel Merino, Julián Bilmes y Amanda Barrenengoa se enfocan en las condiciones emergentes y las perspectivas que se abren para Nuestra América y el conjunto del Sur Global en el marco de la transición histórico-espacial en curso —con particular foco en el ascenso de China— y cómo se va configurando y perfilando un nuevo orden mundial multipolar.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--author" style="text-align: left;">Gabriel Merino, Julián Bilmes y Amanda Barrenengoa</div>
<p>En este quinto cuaderno nos abocamos a abordar de forma conjunta dos de las tendencias de la <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno1/">transición histórico-espacial contemporánea</a> del sistema mundial que hemos venido desarrollando. Se trata de la cuarta y la quinta tendencia, de acuerdo con lo señalado en el primer cuaderno: <em>la crisis económica estructural del capitalismo financiero global</em> y el <em>nuevo paradigma tecno-económico</em> en disputa (al cual muchos trabajos se refieren como la Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0).</p>
<p>Como se viene planteando, la crisis económica del Norte Global, desatada a partir de la crisis financiera global de 2008, se ha ido dando en paralelo al exponencial crecimiento de China y otros países de Asia. Esto presenta un importante contraste entre, por un lado, el proceso de declive y estancamiento de Occidente, y por otro, la creciente expansión material de China y su región. Ambos procesos son indicadores de la crisis de hegemonía angloestadounidense y con esta, la crisis del orden mundial.</p>
<p>Aquí nos detendremos en cada una de estas, pero son abordadas en su correlación por ser parte de la dualidad de la economía global, para luego remarcar sus efectos para las periferias y semiperiferias del Sur Global, en tiempos de caos sistémico<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a>.</p>
<h2 style="margin:3em 0;"></h2>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-81798 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Cuaderno-China5_Web-Feature-1024x768.jpg" alt="" width="1024" height="768" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Cuaderno-China5_Web-Feature-1024x768.jpg 1024w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Cuaderno-China5_Web-Feature-300x225.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Cuaderno-China5_Web-Feature-768x576.jpg 768w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Cuaderno-China5_Web-Feature-1536x1153.jpg 1536w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Cuaderno-China5_Web-Feature.jpg 1979w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></p>
<h2 id="china5.0" style="margin:3em 0;">Introducción</h2>
<p>Como parte de una crisis económica estructural que desde el año 2008 se observa con mayor fuerza por la crisis financiera desatada inicialmente en Estados Unidos (EE.UU.), se han ido transformando las relaciones de producción a nivel mundial. En paralelo, ha ido emergiendo un paradigma singular que combina distintos modos de producción, y que identificamos con el proceso de expansión de China, el cual presenta características específicas si tenemos en cuenta <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno2/">su historia</a> como parte de la región Asia Pacífico.</p>
<p>Lo que se denomina <em>Cuarta Revolución Industrial</em> refiere a la emergencia de un nuevo paradigma tecno-económico del cual China busca ser líder desde distintas áreas estratégicas, tales como la inteligencia artificial, biotecnología, tecnología genética, internet de las cosas, cuántica, entre varias otras. Esta también se expresa en una proceso de “digitalización de la industria” (Industria 4.0). El avance de China en este y otros aspectos del nuevo paradigma tecnológico emergente, junto con su particular modelo de acumulación, le ha permitido un crecimiento exponencial que ubica a la potencia oriental en un lugar de relevancia en relación –y en tensión– con EE.UU.</p>
<p>China avanzó en su búsqueda secular por pasar de ser semiperiferia a centro –de gran taller industrial del siglo XXI a gran polo económico, tecnológico y financiero global–, a partir de invertir en el largo plazo desde una fuerte impronta pública y estatal, algo que en el presente se observa con contundencia a partir de una revolucionaria transformación material. Como parte de esta transición geoeconómica, también se ha venido desplazando el centro del poder económico global del Atlántico Norte al Pacífico –o al Asia del Pacífico y el Índico–.</p>
<p>Ambas tendencias son trabajadas a continuación, ya que nos aportan elementos actuales de la rivalidad entre China y EE.UU. –o sobre cómo el polo angloestadounidense intenta frenar al gigante asiático– y los diferentes terrenos en los que se da este proceso. Por ello, analizamos el proceso de transformación productiva y tecnológica de la mano con la crisis económica global o, visto de otra manera, la dualidad en que se encuentra la economía mundial. Mirados en conjunto, permiten comprender lo que fue ocurriendo con el lugar de China en la economía, el poder y la geopolítica mundial, y en tanto estrategia propia, pero a la vez como modo de paliar los efectos de la crisis que golpeó y transformó el núcleo de poder del capitalismo mundial. Esto fue lo que posibilitó, junto con otros elementos que aquí se mencionan, el crecimiento exponencial de China y su arribo a un lugar de liderazgo en áreas estratégicas, desde un paradigma singular.</p>
<h2 id="china5.1" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Crisis económica estructural del capitalismo financiero global<b> </b><b></b></span></h2>
<p>La llamada crisis financiera global marcó un importante quiebre en la dinámica del poder global, ya que, a partir de 2008, al igual que ocurrió en 1929 (en período de transiciones socio históricas en plena lucha interimperialista) se dio una profunda crisis en EE.UU. que dio cauce a un proceso de declive relativo de su rol como potencia hegemónica, con fuertes impactos en Europa y en todo el occidente geopolítico.</p>
<p>Como parte de la crisis, comenzó a transformarse el proceso de globalización económica que promovía la inversión extranjera directa (IED) desde la apertura comercial. Desde los años ‘80, por cada punto de crecimiento del PIB mundial, aumentaban en 2 puntos el comercio y en 3 la IED. Esta fue la fórmula de la llamada globalización que tendió hacia la constitución de un sistema de producción transnacional conducido por las redes financieras globales. Desde 2008-2009 con la <a href="https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/library?a=d&amp;c=libros&amp;d=Jpm1154">crisis financiera global</a>, esta situación se ralentiza y, en paralelo, aparece una clara brecha y dualidad entre el estancamiento del Norte Global –lo que es notorio en el caso de Japón y la Zona Euro, que no crecen en términos de PBI a precios actuales en dólares en 13 años, elemento que sirve para ver su declive en la jerarquía de la riqueza global– y, por otro lado, el avance del crecimiento en Asia Pacífico en general y China en particular, cuyo PBI en sólo 14 años pasó de ser sólo el 25% con respecto al tamaño de la economía estadounidense a ser el 76%, y de ser sólo el 28% del PBI de la Eurozona llegó a ser 21% más grande.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-81758 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina5-1024x625.jpg" alt="" width="1024" height="625" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina5-1024x625.jpg 1024w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina5-300x183.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina5-768x469.jpg 768w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina5-1536x938.jpg 1536w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina5.jpg 1979w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></p>
<p>Si bien dicha crisis tuvo sus efectos también en China, estos fueron más leves que en las potencias occidentales. Como respuesta, ésta continuó un sendero de búsqueda de crecimiento y desarrollo económico a partir de la innovación tecnológica, el desarrollo social y la protección ambiental. Sus Planes Quinquenales de los últimos años –aunque promovidos desde mediados de la década de 1950–, son una muestra de ello. En particular, el XIII Plan Quinquenal (2016-2020), permite observar la sostenibilidad en el tiempo del ritmo de crecimiento, superando el de la economía mundial. En tiempos de pandemia por COVID-19, China también mostró capacidad de recuperación y sostenimiento, particularmente en los sectores de industria, construcción y exportaciones. Su PBI siguió una senda de crecimiento anual del 6,6% entre 2013 y 2021, superando el 2,6% de la economía mundial.</p>
<p>Con la reorientación del centro de acumulación mundial de Occidente a Asia Pacífico, luego de Japón, fue China quien lideró el crecimiento sostenido por más de 4 décadas, a una tasa del 9,5% anual. A finales de 2014 iría a superar a EE.UU. convirtiéndose en la mayor economía estatal, el mayor exportador de bienes y servicios y la más grande plataforma industrial mundial. En 2019, el PIB industrial de EE.UU. fue de 2.3 billones de dólares (significando el 16,7% del total mundial), siendo superado por los 4 billones de dólares del PIB industrial chino, siendo el 28,4% (Igual a la suma de EE.UU., Japón y Alemania).</p>
<p>A raíz del proceso de transnacionalización y deslocalización propio del modelo de acumulación capitalista transnacional “posfordista”, que híper-especializa y centraliza a partir de las redes financieras globales, China ha logrado convertirse en uno de los principales eslabones productivos (el nuevo gran taller industrial del mundo). Sin embargo, desarrolló a la par su propio modelo de desarrollo y acumulación, eliminando paulatinamente las relaciones de dependencia que implican transferencia de excedente. Existe entonces una relación directa entre el estallido de la crisis, su desarrollo, y el proceso de crecimiento chino, planificado y concebido desde un paradigma particular. Asimismo, la crisis estructural del capitalismo a nivel global se corresponde con situaciones de conflicto y contradicciones al interior del núcleo de poder angloestadounidense.</p>
<p>Bien puede observarse en el significado que tuvo el triunfo electoral y posterior administración de Donald Trump, con las consecuentes políticas proteccionistas y de impulso a la industrialización, junto con la búsqueda de desacoplarse de la economía china. Lo mismo podemos notar con el proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea conocido como <a href="https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.11243/ev.11243.pdf">Brexit</a>. En ambos casos se observa en el polo angloestadounidense que la fractura entre globalistas y americanistas / nacionalistas se hace cada vez más clara y ello conlleva también importantes diferencias estratégicas en el plano político y económico.</p>
<p>En tiempos donde se inició una fase de estancamiento seguida de dificultades para recuperar las tasas de crecimiento previas a la crisis de 2008, la globalización neoliberal comenzó a ser cuestionada por sus propios efectos. Años más tarde, la pandemia empeoró y profundizó este panorama de largo aliento, ya que da cuenta de una crisis profunda de sobreacumulación de capital, en el marco de una crisis de hegemonía. En paralelo, y en tanto reacción conservadora, observamos también el resurgimiento de distintas formas de neofascismos, tales como la reemergencia de la extrema derecha en Europa, EE.UU. y también con expresiones propias en América Latina, como ha podido observarse en Brasil. Su cuestionamiento al globalismo y a las políticas públicas en torno a la pandemia, su creciente malestar y su articulación con sectores más retrasados del capital dan la pauta de que emergen como parte de la crisis de la globalización financiera neoliberal.</p>
<p>El neoliberalismo arrojó, además de la crisis profunda que transitamos, una situación de desigualdad estructural, con caída de salarios, a la par del incremento sostenido de las ganancias por parte de las redes financieras transnacionales, en un proceso de concentración y financiarización para resolver la crisis de acumulación de los años setenta. El gráfico muestra claramente la ruptura entre el aumento de la productividad y la evolución de los salarios en EE.UU., en cuya correspondencia se basaba el gran pacto “fordista” en los países centrales.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-81768 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina52-1024x625.jpg" alt="" width="1024" height="625" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina52-1024x625.jpg 1024w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina52-300x183.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina52-768x469.jpg 768w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina52-1536x938.jpg 1536w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina52.jpg 1979w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></p>
<p>A su vez, el endeudamiento y la híper liquidez, junto con la emisión monetaria en las principales potencias fueron aumentando la burbuja financiera que acentúa aún más la distancia entre la economía real y la ficticia. Durante el año 2020, la <a href="https://www.ft.com/content/5db9d0f1-3742-49f0-a6cd-16c471875b5e">Reserva Federal de EE.UU. </a>emitió en 3 meses el equivalente a seis años, lo cual puede ser considerada una nacionalización del mercado de bonos, ya que fue clave el rol del Estado estadounidense para “rescatar” y salvar al sector financiero. Por ello hablamos de una crisis en el corazón del propio sistema, que a su vez plantea como salida la profundización de los rasgos de financiarización que la caracterizan.</p>
<p>A contramano de esto, junto con el proceso de reorientación de la dinámica económica mundial hacia Asia Pacífico y el aumento de las contradicciones en el Norte Global con la crisis del neoliberalismo, China muestra una realidad que tiende a contrastar con estos procesos.</p>
<p>En primer lugar, <a href="https://ojs.iade.org.ar/index.php/re/article/view/177">el componente estatal del modelo chino es uno de los rasgos característicos y sobresalientes</a>. En este sentido, aproximadamente 100 grandes conglomerados estatales chinos están en el corazón de la economía nacional,  controlando las áreas estratégicas. Pero estas a su vez funcionan bajo la lógica del mercado, combinando planificación estratégica con producción de bienes y servicios  en un determinado nivel de eficiencia relativa. Los conglomerados estatales chinos, muchos de los cuales ya tienen una importante presencia global, se destacan por escala y por alcance: energía, petróleo, tecnología, energía, metales y minerales, aerolíneas, construcción naval, banca y seguros, telecomunicaciones, fabricación de automóviles, productos farmacéuticos y tabaco.</p>
<p>Si lo pasamos a números, se observa que las empresas “privadas” de diferentes magnitud concentran el 70% de la actividad industrial, aunque muchas de esas empresas combinan distintas formas propiedad. Por otro lado, unas 160.000 empresas del estado (state-owned enterprises) concentran el 30%. La mayor parte de ese 30% está concentrado en las 38.400 SOE que controla la State-Owned Assets Supervision and Administration Commission of the State Council (sasac) por medio de algo más de cien grandes conglomerados. SASAC es el verdadero centro nervioso del sistema industrial chino. Según <a href="https://dangdai.com.ar/2020/04/29/china-es-capitalista/">Gabriele y Jabbour</a>, más del 70% de los trabajadores en China todavía están autónomos o empleados en empresas no capitalistas y organizaciones públicas</p>
<p>Mientras los Estados de las economías capitalistas centrales no poseen las herramientas suficientes para destrabar la etapa de estancamiento descrita anteriormente y apelan a una mayor financiarización –en tanto el gran capital financiero es una fuerza dominante en el Estado–, el control nacional de las finanzas le permite a China no sólo no perder gran parte del excedente que produce sino tener la capacidad  de sostener programas de inversión masiva, como se hizo en la Gran Recesión de 2008-2009 (aunque  existen  alertas  de  sobreendeudamiento  y  burbujas  en  algunos  sectores),  para  sostener  el  crecimiento  y  aumentar  constantemente  la  productividad.</p>
<p>China parece tener una ventaja estratégica en este modelo de acumulación y desarrollo. A la vez que se desarrollan relaciones de producción capitalistas –pero con capitalistas que no dominan el Estado y en cuyos directorios de empresas hay representantes del partido y en ocasiones también de trabajadores–, se mantiene la propiedad colectiva de la tierra, los núcleos centrales de la economía están en manos de grandes empresas estratégicas estatales que planifican e invierten de acuerdo a objetivos de desarrollo (no de ganancias aunque operen bajo la lógica de mercado), subordinando como proveedores a muchas empresas capitalistas. A su vez, a partir del fuerte desarrollo que hubo con las TVE o “Empresas de Pueblos y Aldeas”, se desarrolló una importante experiencia de empresas públicas orientadas al mercado bajo el control de los gobiernos locales que fueron fundamentales en la transición de las reformas de mercado al emplear a una buena parte de la fuerza de trabajo y funcionar dentro de la lógica del mercado pero no bajo la modalidad capitalista. Para un importante autor como Giovanni Arrighi, en su ya clásico libro “Adam Smith en Pekín”, estas empresas ahora reconfiguradas constituyeron una innovación organizacional empresaria fundamental y pueden haber desempeñado un papel tan crucial en el ascenso económico chino como lo hicieron las corporaciones verticalmente integradas y administradas burocráticamente en el ascenso de los EE.UU. un siglo antes.</p>
<p>El modelo chino combina una gran economía de mercado, con su capacidad para asignar recursos y definir precios en función de la eficiencia relativa (bajo la ley  del  valor que  opera  en  el  mercado mundial y determina al conjunto de las economías particulares), junto con la planificación estratégica estatal y comunitaria con su  capacidad para asignar eficazmente recursos de acuerdo a objetivos de desarrollo de las fuerzas productivas y empleo, y también las formas comunitarias con su  capacidad para asignar recursos de acuerdo al bienestar social relativo. Estos elementos se combinan no sin profundas contradicciones, las cuales se expresan dando lugar a importantes choques de tendencias políticas y horizontes complejos, entre los que se destacan las implicancias de la profundización de la desigualdad, los contrastes territoriales, el problema ambiental o el avance de las tendencias capitalistas que podrían imponerse desequilibrando el modelo de “socialismo de mercado”.</p>
<p>Por otro lado, China ha puesto como elemento central en su modelo de “doble circulación” (interna y externa) los vínculos con el Sur Global –América Latina y el Caribe, Asia y África–, en términos de estrechamiento de vínculos comerciales, inversiones a largo plazo en infraestructura e inyección de recursos económico-financieros, lo cual ha dejado atrás el rol preeminente de EE.UU. o las potencias nucleadas en el Grupo de los 7 (G7). Asimismo, su crecimiento se ha sostenido en las últimas décadas, siendo desde 2013 el principal exportador y comprador de bienes y servicios y financiador e inversor de la infraestructura a nivel mundial. Para dimensionar la magnitud de China en la economía mundial, se puede ver que hacia 2017 consumía el 59% del cemento mundial, 56% del níquel, 50% del cobre, 47% del aluminio, 50% del carbón, 50% del hierro, 47% de la carne de cerdo, 31% del arroz, 27% de la soja, 23% del maíz y 14% del petróleo.</p>
<p>Esto ha significado una ventana de oportunidades para el avance de su estrategia, a partir del desarrollo de una “<a href="http://periodicos.pucminas.br/index.php/estudosinternacionais/article/view/25823">globalización con características chinas</a>” en contraposición a la crisis de la globalización neoliberal con centro en Wall Street, Londres y al red de nodos financieros globales. Asistimos al despliegue de otro tipo de “<a href="https://nuso.org/articulo/una-globalizacion-con-caracteristicas-chinas/">globalización</a>”,  atado al proceso de expansión real de la economía china, con otro diseño y dinámica, que también puede contener nuevas asimetrías aunque no bajo la lógica imperialista de tipo occidental, la cual asegura la acumulación “sin fin” de capital bajo un despliegue permanente de poder político y militar.</p>
<p>En otras palabras, la súper-expansión material de China, tanto de su mercado interno como a nivel mundial, tiene como consecuencia una transformación sistémica de la economía (y el poder) global, en tanto China deviene –junto a Asia Pacífico en su conjunto– en el principal polo mundial de desarrollo de las fuerzas productivas, bajo una combinación de modos de producción que se sintetiza en la fórmula “socialismo de mercado” y da lugar a otro modo de “globalización” que coexiste con el viejo proyecto en crisis.</p>
<p>Un ejemplo cabal de ello es el megaproyecto conocido como la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Iniciative –BRI–), lanzado por Beijing en 2013, luego de que en 2011 Hillary Clinton y la administración Obama anunciara el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda con centro en Afganistán. El total fracaso de este último (que poco se conoce) contrasta con el avance de la iniciativa china, que ya cuenta con 146 países miembros y expresa una nueva realidad en el mapa del poder mundial. Su impronta es económica y apunta al desarrollo de infraestructura bajo la premisa de que “si quieres riqueza primero construye caminos”; pero a la vez, necesariamente, es política y estratégica, siendo para EE.UU. y el Norte Global un desafío sistémico. Porque además, es una suerte de Plan Marshall del siglo XXI pero con foco en el Sur Global.</p>
<p>En paralelo a estos procesos, señalábamos en una <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno1/">publicación anterior</a> el significativo crecimiento de las empresas chinas de acuerdo con el ranking establecido por el índice Fortune Global 500, que marca las principales empresas en función de sus ingresos globales. El proceso de modernización y mundialización de los conglomerados estatales chinos muestra este tipo de globalización con características chinas. De las 500 principales que indicaba el <a href="https://fortune.com/ranking/global500/">índice</a>, en el año 2020, 124 eran empresas de origen chino y 121 estadounidenses.</p>
<p>De acuerdo con el <a href="https://fortune.com/ranking/global500/">mismo índice</a> pero para el año 2022, son las empresas chinas quienes lideran el top-10, además de representar la mayor cantidad de empresas en el ranking, de acuerdo con sus niveles de ventas. Como se observa en el siguiente cuadro, se destacan State Grid Corporation (energía) China National Petroleum, Sinopec Group (hidrocarburos), China State Construction Engineering (construcción). Esto implica que, desde 1995, cuando sólo 3 empresas chinas eran incluidas en el índice top-500, se han ido incrementando de manera extraordinaria los ingresos de estas empresas, cuya singularidad está dada por la propiedad estatal y, también, de sus trabajadores (como en el gigante de las telecomunicaciones Huawei donde estos tienen el 99% de las acciones). Asimismo, han superado en cantidad a las estadounidenses, aunque estas se destacan por sus mayores márgenes de ganancias, lo cual muestra también las diferencias de ambos modelos de acumulación. Ello da cuenta del carácter de la disputa, y del avance inminente de China en diferentes áreas, en paralelo al proceso de declive relativo de EE.UU.  y del polo angloestadounidense como centro hegemónico en el marco de la crisis estructural del capitalismo.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-81778 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina53-1024x625.jpg" alt="" width="1024" height="625" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina53-1024x625.jpg 1024w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina53-300x183.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina53-768x469.jpg 768w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina53-1536x938.jpg 1536w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina53.jpg 1979w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></p>
<p>De esta manera, el paradigma chino da cuenta de una estrategia a partir de la cual obtiene margen para salirse de la lógica de la financiarización neoliberal, limitar la dependencia estructural y gestionar sus propios excedentes buscando mayores márgenes de autonomía relativa y, aunque suene paradójico, profundizando la interdependencia sistémica. Es decir, al estar nacionalizado su sector financiero, el excedente es gestionado de manera mixta, pero con una fuerte presencia de capitales nacionales.</p>
<p>Como <a href="http://periodicos.pucminas.br/index.php/estudosinternacionais/article/view/25881">indican distintos autores</a>, la imposibilidad de recuperación, hasta el presente, del ciclo de crecimiento de la economía mundial, da la pauta de los severos problemas de acumulación del ciclo del capital que se vienen transitando y que existían de manera previa a la pandemia. Al no haber crecimiento de la inversión –principalmente en alta tecnología–, al aumentar el endeudamiento y caer la tasa de ganancia, no hay aumento de productividad, y, por ende, no hay crecimiento posible.</p>
<p>Esto se da en el marco de la <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno4/">crisis del orden mundial </a>y las disputas hegemónicas que tienen al gigante asiático como uno de los protagonistas de mayor peso y escala.</p>
<p>En síntesis, mientras el resquebrajamiento del viejo orden se agudiza y no logra no sólo sostenerse sino también contener a otros polos emergentes, China se destaca en su proceso de expansión material con un modelo de acumulación y desarrollo particular. A continuación nos enfocamos en los aspectos vinculados con la revolución tecnológica y las transformaciones de las cuales también China ha sido parte.</p>
<h2 id="china5.2" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Nuevo paradigma tecno-económico en disputa</span></h2>
<p>Hacia la segunda década de este siglo XXI, tomó fuerza la idea acerca de una nueva revolución tecnológica, industrial y productiva que comenzaba a asomar a nivel mundial. Se trata de un conjunto de transformaciones en las relaciones de producción a raíz de la emergencia de un nuevo paradigma tecnológico que combina la inteligencia artificial, un salto en el proceso de robotización, las telecomunicaciones de 5° generación, internet de las cosas, Big Data, la transición energética “verde”, la tecnología cuántica, grandes avances en la genética y la biotecnología, entre otros elementos, que componen lo que el Foro Económico Mundial de Davos –principal nucleamiento del capitalismo global– ha popularizado como “<a href="https://www.youtube.com/watch?v=-OiaE6l8ysg">Cuarta Revolución Industrial</a>”.</p>
<p>También aparece el concepto de “Industria 4.0”, para referirse al proceso de automatización y digitalización de los procesos productivos, que los líderes de Davos definen como una convergencia de tecnologías físicas, digitales y biológicas. Ello se gesta en una fase del capitalismo que se ha denominado como cognitivo o informacional, en base al creciente rol de los elementos inmateriales y simbólicos.</p>
<p>La crisis económica mundial que hemos abordado, a su vez, ha acelerado este nuevo paradigma tecno-económico, plasmándose la “destrucción creativa” cíclica del capitalismo con sus dos caras: de destrucción de valor, por un lado, y de gestación de nuevas fuerzas productivas, por otro. Correr la frontera del conocimiento implica resolver temporalmente la crisis de acumulación, creando nuevos esquemas de valorización y esferas de expansión/mercantilización. La forma dominante de su desarrollo es algo incierto todavía, en tanto dicha transformación puede ser conducida por las fuerzas del capital y las oligarquías financieras hoy dominantes o por las fuerzas del trabajo y los pueblos.</p>
<p>La <a href="http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/99206">pandemia</a>, a su vez, en tanto catalizadora de las tendencias de esta transición histórico-espacial contemporánea, ha dado lugar a toda una reingeniería social que consumió el despliegue de las tecnologías digitales, abarcando áreas y sectores que tenían una relación accesoria con las mismas. Ello ha fortalecido el comercio electrónico, la educación a distancia y el lucro asentado en los datos, potenciando lo que ha dado en llamarse capitalismo de plataformas.</p>
<p>No obstante, este nuevo paradigma puede también agudizar la crisis económica en el Norte global. <a href="https://www.pagina12.com.ar/508847-megaamenazas">Se han planteado ciertas alertas</a> acerca de los peligros que pueden implicar la aplicación de las nuevas tecnologías a los procesos productivos, pudiendo conllevar la eliminación de millones de empleos –no sólo los de menor calificación sino incluso los de tipo cognitivo o creativo, debido a los avances de la inteligencia artificial al respecto–. Escenarios de este tipo aumentan el malestar económico que ya se viene advirtiendo en las clases trabajadoras de los países centrales a causa de los efectos de la globalización neoliberal en sus condiciones de vida. A la par de lo anterior, al acelerarse los procesos de transformación tecno-productiva en los núcleos más dinámicos de la economía mundial y en Asia-Pacífico en particular, las formas menos productivas o retrasadas quedan desplazadas, van a la ruina o sobreviven como “empresas zombis” mediante el endeudamiento.</p>
<p>Un elemento central para pensar la actual transición tecno-económica es que está abierto y en tensión quién comandará el pasaje a este nuevo paradigma, lo cual se suma a que China, gran contendiente en la lucha por el liderazgo en estas tecnologías, no tiene un patrón de acumulación capitalista clásico, sino que combina distintos modos de producción, dando lugar a un modo particular. Es decir, el salto tecno-económico que transitamos se inserta en la formación social china en relaciones de producción combinadas, que dan lugar a lo que se conoce como “socialismo de mercado”.</p>
<p>Si a fines de siglo pasado y principios del actual se identificaba el “Made in China” (hecho en China) como sinónimo de productos baratos y de mala calidad, en base a la copia de productos y procesos de países “desarrollados” o también como gran fábrica de bajo costo para las empresas transnacionales del Norte Global, ello se ha revertido fuertemente desde entonces. Se aprecia en su economía una importante expansión de sectores capital intensivos y absorción de tecnologías avanzadas, bajo un muy relevante desarrollo científico-tecnológico propio en los últimos tiempos. Como hemos abordado <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno2/">en el segundo cuaderno</a>, ello fue fruto de la construcción de capacidades nacionales desde la revolución de 1949, sumado al aprendizaje realizado de las transnacionales que recibió en sus Zonas Económicas Especiales desde las reformas de 1978, lo cual dio lugar al escalamiento de capacidades industriales, tecnológicas e institucionales, alcanzando la innovación propia en los últimos años.</p>
<p>La importancia en la actual revolución tecnológica en curso y el achicamiento de la brecha con Occidente se observa en varios indicadores: desde 2019 China lidera la solicitud de patentes a nivel mundial y es parte fundamental de la actual discusión sobre los estándares de las nuevas tecnologías, mientras la gigante de telecomunicaciones Huawei lidera la solicitud de patentes por empresas y BYD es líder mundial en la producción de autos eléctricos (un mercado en el que China representa el 38% del mundial) .</p>
<p>En los últimos años, se aprecia el <a href="https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-19182021000300163&amp;lng=es&amp;nrm=iso">fuerte aumento chino en cuanto a su gasto en investigación y desarrollo (I+D)</a>, uno de los principales indicadores utilizados para demostrar el dinamismo del cambio tecnológico y la innovación de los países. Beijing ha aumentado en forma sostenida e incremental su gasto en la materia, alcanzando el segundo lugar en valores absolutos hacia 2017, por detrás de EE.UU., y acercándose a los países centrales si se mide ese gasto en función del PIB (pasó en ello de un 0,5% a mediados de los años ’90 a superar el 2% desde 2014). Un rasgo distintivo es que destina <a href="https://revistas.unlp.edu.ar/CTyP/article/view/9160">un muy bajo porcentaje a investigación básica (5%), concentrando 85% a desarrollo experimental y 10% a investigación aplicada</a>, lo cual da cuenta de la fuerte orientación de esa inversión –pública y privada– a satisfacer demandas de la economía y de competitividad de las empresas tanto estatales como privadas.</p>
<p>Otro conjunto de indicadores son elocuentes para observar el rápido desarrollo tecno-científico chino y su fuerte apuesta por la ciencia, tecnología e innovación. Hacia 2017, alcanzó el primer lugar mundial en publicaciones científicas, y <a href="https://asiatimes.com/2023/01/chinas-scientific-supremacy-shifting-balance-of-power/">según ciertas estimaciones</a> ha llegado a liderar la producción científica de alta calidad, en base a la cantidad de citaciones de las publicaciones más influyentes, en campos como inteligencia artificial, nanociencia, química y transporte. En base a esta posición prominente, China busca fijar los estándares, las normas y los patrones técnicos internacionales, en especial en estas áreas emergentes del conocimiento, con miras de garantizar el predominio de sus tecnologías y productos.</p>
<p>A la par de lo anterior, el país subió al puesto 12 en el Índice de Innovación Global 2021 elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual –hacia 2012 ocupaba el puesto 34–. Su creciente poderío en materia de innovación se expresa también en que ocupa el primer puesto en solicitud de patentes, marcas y en exportaciones netas de alta tecnología. En cuanto a las patentes, pasó de apenas figurar en esos registros a, en la primera década de los dos mil, superar a EE.UU., Japón y Alemania.</p>
<p>Otro indicador relevante para considerar consiste en el capital intelectual. Una de las formas de observarlo es la denominada “educación STEM” (acrónimo de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés), en la cual cuenta con entre dos y cuatro veces más graduados que su contraparte estadounidense, y ha llegado a liderar en las clasificaciones internacionales en CyT en los últimos años. Desde principios de siglo, más de cinco millones de jóvenes chinos fueron a estudiar al exterior, en especial en EE.UU. y Europa. Se estima que hace tres décadas, sólo uno de cada veinte de esos estudiantes volvía a su país, mientras que en la actualidad regresa alrededor del 90%, para trabajar en grandes laboratorios y compañías de alta tecnología. Asimismo, las universidades chinas han buscado mejorar su calidad en distintos indicadores en los últimos años, y gradúan la mayor cantidad de doctorados en ingeniería en el planeta.</p>
<p>Los indicadores precedentes están estrechamente vinculados con el desarrollo de industrias intensivas en conocimiento, las cuales crecen fuertemente a nivel mundial. En la última década, China alcanzó el primer lugar en la fabricación de productos de media-alta tecnología, superando el 30% de la participación mundial, y desplazó a Japón y países europeos en la fabricación de productos de alto contenido tecnológico, secundando a EE.UU. en ello (en torno al 24% y 31% de la participación mundial, respectivamente).</p>
<p>Este punto constituye una de sus grandes metas, en donde se ha concentrado su plan de desarrollo industrial, denominado “<a href="https://www.andi.com.co/Uploads/made_in_china_2025_636536196001522525.pdf">Made in China 2025</a>”. Su foco está centrado en desarrollar industrias de alta complejidad tecnológica, basadas en la innovación y la capacitación de su personal a todo nivel, a la par que reducir la dependencia de tecnologías extranjeras, apuntando a aumentar el contenido nacional de partes y componentes críticos de la industria al 70% para 2025. Para ello eligieron diez sectores con el fin de fomentar y llegar al “estado del arte” (la vanguardia internacional del desarrollo tecnológico): 1) Nueva tecnología avanzada de información, 2) Máquinas herramientas automatizadas y robótica, 3) Aeroespacial y equipo aeronáutico, 4) Equipamiento marítimo y barcos de alta tecnología, 5) Equipos modernos de transporte ferroviario (estos dos últimos para reforzar el proyecto de la Iniciativa de la Franja y la Ruta o “Nueva Ruta de la Seda”), 6) Vehículos y equipamiento con nuevas formas de energía, 7) Equipos de Energía, 8) Equipamiento agrícola, 9) Nuevos materiales, y 10) Biofarma y productos médicos avanzados.</p>
<p>En torno a este último punto, se pudo apreciar con la pandemia que la potencia asiática compitió por primera vez al máximo nivel junto a otros centros tecnológicos mundiales en el desarrollo de medicamentos y de las vacunas para el COVID-19, a lo que debemos agregar que el 90% de los componentes de los antibióticos se hacen en China y este país provee el 80% de materias primas para todos los medicamentos del mundo.</p>
<p>De esta manera, el desarrollo tecno-científico acelerado le ha permitido a la potencia oriental posicionarse a la vanguardia en áreas y tecnologías clave, como computación cuántica, biología sintética, física de la materia condensada, nanomateriales, investigación con células madre y ciencia molecular, hielo combustible, nuevos equipos de exploración de aguas profundas, entre otros. A su vez, en la última década ha alcanzado logros de gran relevancia mundial, como la colocación de una sonda en el lado oscuro de la Luna, el lanzamiento del primer satélite cuántico y del primer satélite astronómico de rayos X, con su primer laboratorio espacial (Tiangong-2), o la construcción de un “sol artificial” –un reactor nuclear– que logró temperaturas cinco veces más altas que las del Sol.</p>
<p>Al mismo tiempo, China disputa también en el terreno de la economía digital y de plataformas, el sector que más se benefició a nivel mundial de la pandemia, junto al farmacéutico. Recuérdese aquí que, producto de la exacerbación del mercado de valores y la financiarización de la economía ficticia, las empresas tecnológicas estadounidenses de punta Alphabet (<em>holding</em> matriz de Google), Amazon, Facebook, Apple y Microsoft (las denominadas GAFAM), pasaron a representar una quinta parte del índice S&amp;P 500. China compite con este grupo mediante las denominadas <a href="https://elordenmundial.com/que-son-empresas-batx/">BATX</a> (Baidu, Alibaba, Tencent y Xiaomi), a lo cual se debería sumar Huawei.</p>
<p>Estas compañías han tenido un gran crecimiento en los últimos años, y el gobierno adoptó recientemente distintas políticas de control estatal en este sector de gran desarrollo y para el cual el Estado jugó un rol importante en materia de inversión en infraestructura y de exclusión del mercado nacional de las GAFAM. Si Silicon Valley, en EE.UU., representa el epicentro y la “meca” del capitalismo informacional o digital, China le compite con sus propios polos tecnológicos como <a href="https://www.youtube.com/watch?v=B7TpU8bBNwg">Shenzen</a>. Esta ciudad, popularizada como el “Silicon Valley chino”, que era una pequeña aldea de pescadores hasta los años ’80, fue una de las primeras Zonas Económicas Especiales del período de reforma y apertura, y de allí han salido gigantes como Tencent o Huawei. Esta última, justamente, resulta un caso paradigmático, por tratarse del mayor proveedor mundial de equipos de telecomunicaciones, con un 28% de participación del mercado y más de 4 mil patentes, y explica por qué es uno de los blancos principales de la guerra comercial lanzada por EE.UU. hacia 2018.</p>
<p>Como se puede ver, China no se limita a ser la gran fábrica del mundo en tanto semi-periferia industrial subordinada a las transnacionales del Norte Global. Bajo la división internacional del trabajo en clave posfordista del capitalismo transnacional,  el centro se especializó desde la década del ’80 del siglo pasado en el diseño, las altas finanzas, la tecnología de punta y la administración estratégica a partir del control de las redes financieras globales y sus empresas transnacionales, deslocalizando procesos económicos de menor complejidad. Beijing ha quebrado este esquema de la nueva división del trabajo posfordista, y se encuentra actualmente en pleno proceso de conformación de uno de los mayores núcleos económico-productivos y tecnológicos a nivel mundial, con grandes niveles de complejidad, lo cual ha generado la agudización de las disputas con EE.UU.</p>
<p>A su vez, la otra cara de la moneda de este proceso de complejización productiva es que los salarios tuvieron un aumento cercano a triplicarse en los últimos doce años. Ello también se explica por el giro político que se produjo desde 2008, tanto para enfrentar la crisis económica global y los límites del modelo de desarrollo centrado en las exportaciones, y para aprovechar el golpe que recibió el núcleo del capitalismo global y avanzar en la propia estrategia de desarrollo opuesta al recetario del Consenso de Washington, como también por la presión de sus movilizadas clases trabajadoras que obligaron a importantes transformaciones en el modelo.</p>
<p>En EE.UU. existe gran preocupación por el creciente rol de China en las tecnologías clave de este nuevo paradigma, y ello se ha venido materializando en los últimos años en informes gubernamentales y de usinas de pensamiento, planes y programas específicos para hacerle frente. <a href="https://www.rt.com/op-ed/542582-china-tech-race-us/">Uno de esos informes, realizado por la Universidad de Harvard</a>, alerta que en menos de 25 años, el liderazgo tecnológico estadounidense ha sido revertido por la potencia asiática y presenta un conjunto de indicadores al respecto: en 2020, China produjo el 50% de las computadoras y los teléfonos móviles del planeta, frente al 6% de EE.UU; produce también 70 paneles solares por cada uno construido por su adversario norteamericano y vende cuatro veces más vehículos eléctricos, con empresas que lideran a nivel mundial (especialmente BYD); incluso, tiene nueve veces más estaciones de telecomunicaciones 5G, con redes cinco veces más rápidas que las estadounidenses. Otro informe, por parte del <a href="https://carnegieendowment.org/2022/04/25/competing-and-leading-in-strategic-industries-pub-86926">Fondo Carnegie para la Paz Internacional</a>, destaca el liderazgo chino en drones comerciales, dispositivos de internet de las cosas, y ciudades inteligentes, entre otras áreas tecnológicas clave del nuevo paradigma en ascenso y en disputa.</p>
<p>El informe de Harvard alerta sobre el liderazgo chino en tecnologías de vanguardia para la cuarta revolución industrial. Se destacan, por un lado, las aplicaciones de inteligencia artificial, incluyendo tecnología financiera y reconocimiento facial y de voz. También se destaca el liderazgo chino como principal productor, usuario y exportador de las nuevas tecnologías de energía “verde”, garantizándose una posición dominante en la promisoria cadena de suministro de la transición energética en curso hacia fuentes renovables. Se alerta que China posee una posición casi monopólica sobre muchos de los insumos críticos necesarios para paneles solares, baterías y otras tecnologías afines, incluyendo litio químico (50% de la producción global), polisilicio (60%), metales de tierras raras (70%), grafito natural (70%), refinación de cobalto (80%) y refinación de tierras raras (90%). Por último, en áreas donde EE.UU. sostiene su primacía, como en biotecnología, China está avanzando fuertemente, alcanzando y sobrepasando a su adversario en determinadas áreas y rubros, como ciertos aspectos de la edición genética.</p>
<p>Otras voces occidentales también alertan sobre los planes chinos para ganar la carrera tecno-económica, como muestra un video de la <a href="https://www.youtube.com/watch?app=desktop&amp;v=b1LQSezKxnA&amp;feature=youtu.be">agencia Bloomberg sobre transición energética</a>. Se señala allí que China lidera en la producción de energía solar, eólica y nuclear, construyendo megaproyectos de escala nunca vista, en materia de plantas fotovoltaicas, represas hidroeléctricas (“las tres gargantas” es la más icónica) y parques eólicos. A la par, planea construir 150 reactores nucleares en los próximos quince años, lo cual representa más de lo que se construyó en todo el mundo en los últimos 35 años.</p>
<p>Por último, vale detenerse un momento en una de las recientes políticas adoptadas desde EE.UU. para hacer frente al rápido ascenso chino en la carrera tecnológica: la Ley “Chips and Science”, en octubre de 2022. Se trata de un programa de subsidios y créditos por hasta 52 mil millones de dólares para impulsar la producción de semiconductores al interior del país y contrarrestar la dependencia de las fábricas asiáticas, a la par que limita la cooperación con China en determinadas áreas de investigación y fabricación. Los semiconductores constituyen un insumo clave para la economía digital, en tanto <a href="https://motoreconomico.com.ar/geotecnopolitica-ee-uu-taiwan-china/">“cerebro” de los dispositivos electrónicos</a> –como teléfonos inteligentes, computadoras y tabletas–, y recientemente China ha superado a su contraparte norteamericana en la producción de estos componentes, a la vez que escala también posiciones en el diseño de estos. Habiendo liderado históricamente este rubro, EE.UU. aunque sigue liderando el diseño de semiconductores, vio caer su participación en la producción mundial desde el 37% en 1990 al 12%, mientras que en el mismo período China pasó de menos del 1% al 15%.</p>
<p>Frente a ello, <a href="https://noticiaspia.com/la-batalla-entre-estados-unidos-y-china-por-la-industria-de-los-semiconductores/">EE.UU. ha implementado distintas políticas</a>, bajo la categoría de “seguridad nacional”, profundizadas desde la guerra tecno-comercial lanzada en 2018 por Trump y continuada desde 2021 por Biden, con el fin de impedir que China avance en el diseño y elaboración de los medios necesarios para la producción de semiconductores, así como en la elaboración de semiconductores avanzados. Baste señalar ciertos ejemplos paradigmáticos al respecto. En primer lugar, el Comité de Inversión Extranjera (CFIUS por sus siglas en inglés) para bloquear las inversiones chinas en EE.UU. y o la adquisición de empresas y, por otro lado, la imposición de controles de exportación a empresas chinas a través de la Lista de Entidades mantenida por la Oficina de Industria y Seguridad (BIS por sus siglas en inglés). Estas agencias han llegado a bloquear operaciones en el extranjero, como la adquisición de la alemana Aixtron por parte de Fujian Gran Chip Investment Fund de China, en 2016, y la venta de chips de TSMC a Huawei. Estas agencias se fortalecerían en años posteriores a través de distintas leyes y medidas, para permitirles emprender acciones contra cualquier empresa que utilice tecnologías estadounidenses que no son fácilmente reemplazables, a la par que aumentan las restricciones para limitar el acceso chino a tecnologías clave y la inclusión de algunas de sus empresas en listas negras.</p>
<p>A la par, la potencia en declive propuso a Japón, Corea del Sur y Taiwán crear la alianza Chip4 para construir una cadena de suministro de semiconductores que excluya a China. Estos “tigres asiáticos” representan otras de las potencias que disputan la carrera tecnológica digital y han sido Estados subordinados estratégicamente desde la segunda posguerra. Taiwán, la isla reclamada como propia por China y que ha concentrado un <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno3/">recrudecimiento de los conflictos político-estratégicos</a> en Asia-Pacífico, en especial a raíz de la guerra en Ucrania, cuenta con el mayor polo tecnológico referido a la fabricación de semiconductores en torno a la metrópolis de Hsinchu, y con el mayor fabricante de chips del mundo, TSMC.</p>
<h2 id="china5.3" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Implicancias para Nuestra América</span></h2>
<p>Como hemos planteado, la actual situación y los procesos a los que venimos refiriendo, implican un conjunto de desafíos, tensiones y oportunidades.</p>
<p>Por una parte, en términos de los modelos de desarrollo y los proyectos político estratégicos en pugna. La hegemonía del proyecto neoliberal, como parte de las tendencias globales, ha dejado huellas estructurales en nuestras economías y sociedades –y continúa ahondándolas–. La pandemia ha agudizado tales huellas y ha multiplicado las tensiones políticas y sociales, así como también las reacciones conservadoras. Las distancias y asimetrías entre el Norte Global y el Sur Global también acentúan la polarización social, así como la constante transferencia de riqueza hacia el capital financiero concentrado que produce un aumento de las brechas, las desigualdades y las crisis propias de la dinámica periférica y dependiente.</p>
<p>Por otra parte, ante la situación de crisis, la expansión material de China y la  revolución tecno-económica abren distintos escenarios y desafíos para las regiones  periféricas y semi-periféricas del mundo acerca del rol que el Sur Global puede tener en esta crisis, sin que signifique un aumento de los grados de subdesarrollo y dependencia. En este sentido, un informe de la <a href="https://unctad.org/system/files/official-document/tir2020_en.pdf">Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo de 2021</a> correlaciona las revoluciones tecnológicas con la distribución del ingreso –medida por PBI per cápita– entre el centro (10-15% de la población mundial) y la periferia (85-90% de la población mundial), mostrando cómo se incrementa progresivamente la desigualdad, esto es, una dinámica propia del sistema mundo moderno capitalista, que el imperialismo refuerza. Ello vuelve fundamental la tarea de cambiar estructuralmente dicha dinámica y construir otro sistema más democrático e igualitario desde el Sur.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-81788 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina54-1024x625.jpg" alt="" width="1024" height="625" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina54-1024x625.jpg 1024w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina54-300x183.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina54-768x469.jpg 768w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina54-1536x938.jpg 1536w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2023/06/Graficos_cuadernochina54.jpg 1979w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></p>
<p>En la coyuntura actual existen condiciones para aprovechar la ventana de oportunidad histórica que abre la actual crisis de hegemonía, el desarrollo de un escenario de multipolaridad relativa e importantes transformaciones económicas en el sistema mundial, pero en tanto opción geopolítica, bajo un proyecto de desarrollo autónomo y soberano. De lo contrario, el devenir es hacia una mayor periferialización. El caso chino representa un importante ejemplo al respecto, por sus singularidades e historia, y permite extraer enseñanzas y pensar alternativas para contextos y realidades diferentes. Es decir, sin copiar modelos.</p>
<hr>
<h4 class="single-post--content--section-label" style="margin:2em 0;"><span style="color: #ba2025;">Referencias</span></h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>[1]</sup></a> Sugerimos leer este cuaderno en conjunto con las versiones previas publicadas de la serie “Crisis de Hegemonía, ascenso de China y transición histórico-espacial contemporánea”, del Instituto Tricontinental de Investigación Social; de manera tal de poder comprender el planteo general que se presenta en el Cuaderno 1, junto con el desarrollo pormenorizado de cada una de las tendencias. Disponible en: <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno1/">https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno1/</a></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Crisis del orden mundial y disputa por su reconfiguración</title>
		<link>https://dev.thetricontinental.org/es/nuestra-america/chinacuaderno4/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Dec 2022 22:07:26 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://thetricontinental.org/?post_type=argentina&#038;p=70160</guid>

					<description><![CDATA[En este quinto cuaderno Gabriel Merino, Julián Bilmes y Amanda Barrenengoa se abocan a abordar de forma conjunta dos de las tendencias de la transición histórico-espacial contemporánea del sistema mundial: la crisis económica estructural del capitalismo financiero global y el nuevo paradigma tecno-económico en disputa.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--author" style="text-align: left;">Gabriel Merino, Julián Bilmes y Amanda Barrenengoa</div>
<p><span style="font-weight: 400;">El presente cuaderno busca ahondar en la actual crisis de hegemonía, a partir de analizar el orden mundial y su proceso de reconfiguración. Esta es la tercera tendencia estructural de la actual transición histórica-espacial. El ascenso de China y el declive de la hegemonía estadounidense son piezas centrales para comprender las dinámicas de poder y, particularmente, la crisis del orden mundial al interior de la hegemonía estadounidense-británica.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por eso, nos detenemos en los conceptos de hegemonía y orden mundial, para luego analizarlos en relación con una periodización histórica que se inicia con la Segunda Guerra Mundial y llega hasta las disputas del presente. Buscamos poder dar cuenta de cómo se fue desarrollando la transición histórico-espacial y cómo se va configurando y perfilando un nuevo orden mundial multipolar, en relación con la crisis de hegemonía estadounidense-anglosajona y el resquebrajamiento del orden mundial globalista unipolar. Por último, introducimos una lectura desde la región latinoamericana y caribeña, para referirnos a las expresiones de esta crisis en nuestros territorios.</span></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-70294 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/11/20221205_Cuaderno-China4_WF-1024x768.jpg" alt="" width="1024" height="768" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/11/20221205_Cuaderno-China4_WF-1024x768.jpg 1024w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/11/20221205_Cuaderno-China4_WF-300x225.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/11/20221205_Cuaderno-China4_WF-768x576.jpg 768w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/11/20221205_Cuaderno-China4_WF-1536x1153.jpg 1536w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/11/20221205_Cuaderno-China4_WF.jpg 1979w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></p>
<h2 style="margin:3em 0;"><b>Introducción</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">En este cuarto cuaderno nos dedicaremos a otra de las tendencias de la transición histórico-espacial contemporánea que venimos desarrollando, la tercera de acuerdo a lo señalado en el primer cuaderno: se trata de la crisis del orden mundial y la creciente disputa por su reconfiguración, ante el ascenso de China. En la actualidad, vivimos tiempos de “desorden mundial” y “caos sistémico”, como señalaba Arrighi para identificar los períodos de guerras de 30 años que acompañan las transiciones de poder.  En un mundo por demás convulsionado por la pandemia de covid-19 y la aceleración de las tendencias señaladas, la escalada en la guerra en Ucrania y las crecientes tensiones que se advierten a nivel global son expresión de este nuevo momento, como hemos analizado en </span><a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno3/"><span style="font-weight: 400;">el tercer cuaderno de este proyecto</span></a><span style="font-weight: 400;">. Asimismo, el ascenso de China en particular, y de Asia-Pacífico y Eurasia en general, constituye un factor estructural de estos procesos, como hemos desarrollado en </span><a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno2/"><span style="font-weight: 400;">el segundo cuaderno del proyecto</span></a><span style="font-weight: 400;">.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En este trabajo presentamos, en primer lugar, cómo concebimos el orden mundial en relación con la hegemonía, o cómo un ciclo de hegemonía incluye distintas configuraciones del orden mundial. Luego realizamos un breve recorrido histórico por las reconfiguraciones del orden mundial en la segunda mitad del siglo XX, en función del ascenso de Estados Unidos (EE. UU.) como potencia hegemónica del sistema-mundo moderno capitalista. Seguido de ello, abordamos la crisis de hegemonía y del orden mundial en el presente siglo, frente al declive de EE. UU., el ascenso de China y la creciente multipolaridad relativa. Indagamos allí en el actual proceso de constitución del nuevo orden mundial en relación al juego dual chino: con un pie en la vieja institucionalidad multilateral de raíz estadounidense-británica, y con otro pie en el nuevo entramado institucional que la potencia oriental ha ido creando en los últimos años —expresión central del nuevo multilateralismo multipolar— y que tiende a la construcción de otro orden. Por último, nos preguntamos cómo nos impacta este proceso en la región latinoamericana, identificando determinadas oportunidades y amenazas.</span></p>
<h2 id="china4.1" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Hegemonía y orden mundial </span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Con el estallido del conflicto bélico en Ucrania en 2014, el lanzamiento de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), el avance de los BRICS (bloque compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y en plena expansión de la Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS) protagonizada por China y Rusia, en el Occidente geopolítico comienzan a escucharse crecientes preocupaciones por las “amenazas” al orden mundial imperante. En septiembre de ese año, en plena cumbre de la OCS, cuando se acuerda la incorporación de nada menos que la India y Pakistán a dicha organización multilateral euroasiática, la famosa revista inglesa </span><i><span style="font-weight: 400;">The Economist </span></i><span style="font-weight: 400;">publica un número sobre lo que llama </span><a href="https://www.economist.com/asia/2014/09/20/pax-sinica"><span style="font-weight: 400;">el desarrollo de la “Pax Sinica”.</span></a><span style="font-weight: 400;"> Para</span> <span style="font-weight: 400;">una de las usinas editoriales más importantes de las fuerzas globalistas anglo-estadounidenses, la OCS es una especie de OTAN liderada por China, y sostiene que Beijing “plantea un desafío al orden mundial encabezado por EE. UU., pero uno mucho más sutil”. Para que no queden dudas, el artículo cierra con la siguiente frase: “China no es solo un desafío al orden mundial existente. Poco a poco, desordenadamente y, al parecer sin un final claro a la vista, está construyendo uno nuevo”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero, ¿qué es un orden mundial y qué significa que China no solo desafíe al existente sino que esté construyendo uno nuevo, según la perspectiva de las fuerzas dominantes del orden mundial anterior? Para abordar este tema, primero necesitamos precisar algunas cuestiones conceptuales, recuperando ideas de A. Gramsci, R. Cox, G. Arrighi, B. Silver, P. Taylor, S. Amin y T. Dos Santos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El concepto de hegemonía no refiere solamente al poderío relativo de una potencia y de sus grupos y clases dominantes, aunque obviamente ambas cuestiones están íntimamente relacionadas. La hegemonía implica: el establecimiento de un conjunto de alianzas con otros grupos dominantes y subalternos del sistema; la capacidad de instituir un sistema de mediaciones, un </span><i><span style="font-weight: 400;">orden mundial</span></i><span style="font-weight: 400;"> que cristaliza las jerarquías interestatales, desde el cual se ejercer cierto arbitraje y se administra el uso de la fuerza como elemento disciplinante en última instancia; la construcción de una legitimidad (fuerza más consenso) anclada en aspectos materiales y simbólicos (ideas dominantes); y la coordinación de un proceso de acumulación ampliada de la economía mundial, es decir, una expansión del sistema y el desarrollo de sus fuerzas productivas. Estos son aspectos claves de toda hegemonía, que pueden ir variando a lo largo de un ciclo de hegemonía (como el ciclo británico de 1815 a 1914 o el ciclo estadounidense-británico que comienza en 1945 y ahora se encuentra en crisis), dando lugar a diferentes configuraciones específicas. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La hegemonía posee una dimensión material, basada en el poderío y las capacidades económicas, tecnológicas y militares. Resulta clave en este punto la capacidad de organizar y coordinar un orden en términos económicos, lo cual comprende su reproducción ampliada, las finanzas, el comercio, la tecnología, y las instituciones. A la par, la hegemonía comprende también un conjunto de ideas dominantes y determinadas mediaciones (teóricas y prácticas). Es decir, la hegemonía es un acople entre poder material, ideologías e instituciones (Cox). </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La institucionalización de una determinada distribución de poder y de los códigos geopolíticos dominantes en un momento determinado, es lo que define un orden mundial particular. Este orden implica la cristalización de determinadas jerarquías interestatales y de la relación de poder entre fuerzas sociales y materiales, así como el ejercicio del arbitraje y la administración del uso de la fuerza como elemento disciplinante en última instancia. Además, un orden mundial traduce en términos prácticos la construcción de legitimidad anclada en aspectos materiales y simbólicos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De esta manera, observar el diseño y la configuración de las instituciones de gobernanza que configuran un orden mundial en un contexto socio histórico particular, se constituye en una manera de indagar en las relaciones de poder y la forma en que se cristaliza políticamente una hegemonía. Desde nuestra perspectiva, no se trata del establecimiento de un orden entre distintos Estados, sino que involucra un modelo de producción dominante que se relaciona con otros modelos subordinados y, por lo tanto, está en relación a un sistema mundial y a un ciclo de hegemonía dentro del sistema. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A continuación, a partir de estas conceptualizaciones, vamos a analizar el proceso de hegemonía estadounidense y su posterior crisis.</span></p>
<h2 id="china4.2" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Hegemonía estadounidense y órdenes mundiales de posguerra </span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Con el fin de la transición hegemónica de 1914-1945 —período de “caos sistémico” y las grandes guerras mundiales interimperialistas— se inicia una nueva hegemonía. Además, se configura un nuevo orden mundial que expresa una determinada distribución del poder en el mundo y el establecimiento de determinados códigos geopolíticos que devienen de particulares en generales. Ello se cristaliza en un conjunto de instituciones e ideas dominantes. El nuevo orden mundial de la posguerra, bajo la hegemonía estadounidense, se definió en Yalta, Postdam y Bretton Woods, y expresó la preeminencia de los grupos de poder financieros del centro, con sus corporaciones multinacionales y sus élites políticas y militares. El núcleo central de poder se concentró en Estados Unidos, secundado por el Reino Unido y los grupos dominantes de Europa occidental (eje franco-alemán) y Japón, que se incorporaron  como potencias económicas de las periferias euroasiáticas, pero sin autonomía político estratégica, en tanto protectorados militares de EE. UU. Ello sumó a las oligarquías de las periferias y semiperiferias ligadas al Norte Global o Primer Mundo. El polo de poder secundario se estableció bajo la primacía de la URSS, el pacto de Varsovia (el Segundo Mundo) y China. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Frente a aquellos dos polos de poder centrales emergieron las “Terceras Posiciones” y los proyectos autonomistas del Tercer Mundo, que se expresaron en la Conferencia de Bandung (Indonesia, 1955) y, luego, en el Movimiento de los No Alineados. Desde allí se impulsó el altermundismo, la coexistencia pacífica, el respeto por la soberanía e integridad de los pueblos oprimidos y la democratización de la riqueza y el poder a nivel global.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La “Guerra Fría” y la “bipolaridad” fueron categorías que dominaron y  aún dominan el análisis geopolítico y estratégico de la etapa 1947-1991, aunque desde el Sur Global debemos tener una mirada crítica al respecto, especialmente porque se invisibilizan los procesos populares revolucionarios de las periferias y semiperiferias del sistema que se producen durante la transición 1914-1945 y con el inicio del nuevo ciclo de hegemonía. Estos son centrales para entender la transición que se abre en el siglo XXI y el propio ascenso de China, como trabajamos en el </span><a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno2/#:~:text=Se%20trata%20de%20una%20tendencia,hist%C3%B3rico-espacial%20del%20sistema%20mundial."><span style="font-weight: 400;">Cuaderno 2</span></a><span style="font-weight: 400;">.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El primer orden mundial dentro del ciclo de hegemonía que comienza en 1945 es el de los “años dorados” del capitalismo fordista estadounidense (la primera etapa de la guerra fría), que comprende el período que va de 1945 a 1968-1971. Luego de haber ingresado hacia el final de la segunda guerra, en 1941, los estadounidenses impusieron su moneda —el dólar— y ciertas condiciones en la conferencia de Bretton Woods de 1944. Allí se establecieron los famosos acuerdos homónimos, los cuales delinearon la arquitectura económica y multilateral que estabilizaría el naciente orden, a través de instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT por sus siglas en inglés), además de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En el orden mundial resultante, vemos las dimensiones que mencionamos en el primer apartado como parte constitutiva del ejercicio de hegemonía estadounidense (hoy en crisis): una arquitectura institucional con reglas, fuerzas sociales predominantes, un sistema económico y financiero, políticas de seguridad, y un conjunto de ideas que buscan dotar de legitimidad a este proceso.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Con la crisis de acumulación y hegemonía de los años setenta se produjeron determinadas transformaciones que dan lugar a un nuevo orden dentro del ciclo de hegemonía anglo-estadounidense. El ascenso de Europa occidental y Japón, el mayo francés (o la crisis en el centro con la revuelta de las clases populares), el comienzo de la retirada estadounidense de Vietnam y las revoluciones nacionales y sociales del Tercer Mundo son expresiones de la crisis del orden de posguerra. Un elemento clave fue la caída del patrón dólar-oro, es decir, el respaldo del dólar en ese mineral y su convertibilidad. Se inicia el Bretton Woods II, el dólar “liberado” del oro y como moneda fíat (o dinero fiduciario), asentada en el poderío bélico estadounidense y de la OTAN, y el petro-dólar (el monopolio del dólar en la comercialización mundial del petróleo), para lo que resulta clave la alianza de Washington con la potencia petrolera saudita y las monarquías del golfo. Esto fue clave para apalancar a las redes financieras globales de origen anglosajón. También se producía, a la par, la emergencia del paradigma de acumulación flexible, la transnacionalización económica y la emergencia de Asia Pacífico como polo dinámico de acumulación, como abordamos en los primeros cuadernos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En la dimensión política, se fundaba la Comisión Trilateral, agrupando líderes empresariales de América del Norte (EE. UU. y Canadá), Europa occidental y Japón, cual espacio supranacional que buscaba restaurar la gobernabilidad político-económica del orden mundial a partir de lo que Samir Amin denominó como la </span><a href="https://forodesaopaulo.org/entrevista-con-samir-amin-i-el-mundo-visto-desde-el-sur/"><span style="font-weight: 400;">tríada imperialista.</span></a><span style="font-weight: 400;"> Esto reflejaba un cambio en las relaciones de fuerzas en el Norte Global o “Primer Mundo” a favor de Japón y el eje europeo Francia-Alemania-Italia, fortalecidos por la reconstrucción de la posguerra y el gran crecimiento económico. Por otro lado, el alejamiento estratégico de China con la URSS y el acercamiento con EE. UU. también sería un elemento fundamental del orden mundial que se desarrolla entre 1968/1971 y 1989/1991. Ello significa la progresiva incorporación de la China continental al orden dominado por Estados Unidos en instituciones clave (como el Consejo de Seguridad de la ONU), el aislamiento de la URSS y el desbloqueo para Beijing de las constricciones geopolíticas que tenía para su desarrollo. Es el período de la Segunda Guerra Fría, la crisis de hegemonía estadounidense, el disciplinamiento del “patio trasero” latinoamericano a través de golpes y genocidios, y la reconfiguración capitalista hacia el “posfordismo”, la globalización y el desarrollo de las redes financieras globales. Surge el neoliberalismo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Con la desintegración de la URSS y de gran parte del mundo comunista hacia 1989-1991, se desplegó en todo su “esplendor” la </span><i><span style="font-weight: 400;">belle epoque </span></i><span style="font-weight: 400;">neoliberal, el unipolarismo y la llamada globalización, bajo el programa del Consenso de Washington y el comando del capital financiero global y sus transnacionales. En este nuevo orden mundial el orbe devino unipolar y emergió el globalismo como descripción ideológica de la nueva fase del capitalismo mundial, pero, también, como proyecto político estratégico. A la transnacionalización financiera, productiva y, en buena medida, cultural, debía corresponderle una estructura de poder transnacional que administrara el nuevo orden del sistema mundial y suturase las contradicciones del capitalismo global. Una nueva acumulación de poder político militar era necesaria para sostener y conducir una nueva fase de acumulación de capital. El proyecto de Estados Unidos como Estado (y gendarme) verdaderamente global era imposible —comenzó a quedar “pequeña” la potencia norteamericana para la nueva escala de poder necesaria—, pero a su vez, sobre su base y desarrollo, y junto con el Norte Global se configuró el andamiaje de una institucionalidad globalista. En función de ello, se fortalecieron algunas organizaciones multilaterales claves de la posguerra bajo el control de EE. UU. y el Norte Global: el FMI y el Banco Mundial. Además, se creó la Organización Mundial del Comercio (OMC) y comenzaron a impulsarse un conjunto de normas globales referidas al comercio, la inversión, la propiedad intelectual, etcétera, plasmadas en acuerdos e instituciones. Incluso, se establecieron tribunales internacionales, como el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI), despojando de herramientas soberanas a los Estados nacionales. Toda esta institucionalidad globalista, donde el G-20, lanzado en 1999 (y relanzado hacia 2008) en sustitución del G-7, aparecía como nuevo espacio de gobernabilidad global, significó un proceso de debilitamiento de las soberanías nacionales, una desnacionalización progresiva de los Estados. Se trataba de un nuevo multilateralismo pero de un mundo unipolar; un multilateralismo que denominamos globalista.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Este proceso de institucionalización transnacional, que articuló un esquema regulatorio global, profundizó los mecanismos de subordinación y desarrollo desigual: normas multi o bilaterales de protección de intereses comerciales (mediante la OMC), de inversiones (vía Tratados Bilaterales de Inversión) y de ventajas tecnológicas y de los derechos de la propiedad intelectual (vía la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual). Como observó Samir Amin, se consolidaron los monopolios tecnológicos, comerciales y financieros del Norte Global —además del control de los recursos naturales, las armas de destrucción masiva y los medios masivos de comunicación—, marco en el cual operaba la ley del valor. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se puede encuadrar aquí la serie de grandes acuerdos de comercio e inversión desplegados desde entonces. En los años noventa se lanzaron el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), ambos de carácter regional, y este último rechazado finalmente en el año 2005 por la mayoría de los presidentes latinoamericanos. Ya entrado el nuevo siglo, se lanzan acuerdos regionales pero de alcance global como los Tratados Transpacífico (TTP) y Transatlántico (TTIP). A través de estos distintos instrumentos, los cuadros y grupos de poder globalistas han buscado constituir formas de institucionalidad jurídico-política afines al capital financiero global, vía organismos multilaterales (como la OMC o el G-20) y aquellos mega acuerdos comerciales. Se trata de un multilateralismo unipolar, ya que, si bien las instituciones de gobernabilidad abarcaban a distintos países, no se desafiaba la preeminencia del núcleo de poder mundial anglo-estadounidense y occidental (que es una forma de referirse al Norte Global o al G-7). Pero tanto el TTP como el TTIP fueron parte de las iniciativas globalistas en una nueva etapa, luego de la crisis del propio orden mundial globalista unipolar en 2008-2009, con la gran crisis económica mundial con epicentro en los Estados Unidos y occidente. En 2009-2010 y luego de diez años de desarrollo, emerge una nueva realidad multipolar. </span></p>
<h2 id="china4.3" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Crisis de hegemonía y del orden mundial en el siglo XXI </span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Como hemos señalado con mayor profundidad en el primer cuaderno del proyecto, hacia fines de siglo pasado y comienzos del actual comienzan a advertirse fisuras e indicadores del actual proceso de crisis y transición histórico-espacial, con la crisis de hegemonía estadounidense-anglosajona y el resquebrajamiento del orden mundial, las cuales se harían más evidentes ante el estallido de la crisis financiera global de 2008.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hacia fines de siglo, en el auge del neoliberalismo y el globalismo, comenzaron a manifestarse los primeros síntomas de la crisis. Mientras el levantamiento del campesinado zapatista en el sur de México en 1994 puso en evidencia el feroz impacto en los pobres del Sur Global del proyecto financiero neoliberal, hacia 1999 se manifestaron un conjunto de contradicciones entre los grupos dominantes del sistema —tanto centrales como semiperiféricos y periféricos— y comenzaron a observarse en términos políticos y estratégicos los primeros indicios de la particular multipolaridad y de la nueva forma geopolítica de la transición, como desarrollamos en </span><a href="https://www.revistas.usp.br/prolam/article/view/169135"><span style="font-weight: 400;">otros trabajos</span></a><span style="font-weight: 400;">. A partir de allí, la reconstrucción de la hegemonía estadounidense de los años ochenta y su esplendor en los noventa, empezó a mostrar sus propios límites y contradicciones: si la llamada globalización, la transnacionalización económica y los vínculos con China fueron pilares de dicha reconstrucción, estos elementos contenían a su vez el germen de la crisis de la hegemonía estadounidense.   </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hacia el fin de los años noventa los BRICS constituían mercados emergentes, espacios fundamentales de la expansión del capital transnacional del Norte Global, a la vez que nueva solución espacial a la acumulación del capital, integrados progresivamente como semiperiferias en las instituciones internacionales de gobernabilidad global creadas por Occidente. Sin embargo, también se observará lo que pocos años después será una realidad poco feliz para el </span><i><span style="font-weight: 400;">establishment</span></i><span style="font-weight: 400;"> defensor del orden mundial entonces vigente: el desarrollo en algunos países llamados “emergentes” o del Sur Global, de capacidades estructurales y fuerzas político-sociales desafiantes de las jerarquías estatales establecidas, de las instituciones del orden mundial y del lugar asignado en la división internacional del trabajo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Luego de la gran crisis económica  de 2008, una bisagra en el mapa del poder mundial, emergen los BRICS en 2009 como institucionalidad multilateral de un mundo multipolar en ciernes, integrado ya no meramente por “mercados emergentes” sino por potencias emergentes de la semiperiferia del sistema y del Sur Global que buscan redistribuir el poder y la riqueza mundial a la par que modificar las jerarquías interestatales cristalizadas en las instituciones dominantes. Allí sobresale China, gran “rival sistémico” declarado por Occidente. Es decir, comienza a emerger otro orden, de transición, inestable, relativamente multipolar con ciertos rasgos bipolares; y que se combina con una profunda crisis de hegemonía que avanza hacia la etapa de “caos sistémico”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por su parte, en el núcleo del poder mundial anglosajón se observa una fractura con la irrupción del neoconservadurismo americanista estadounidense encarnado por George W. Bush a partir de 2001. Este impuso un unilateralismo que impugnó desde el centro del sistema a las instituciones multilaterales vigentes. Como afirma </span><a href="https://newleftreview.es/issues/33/articles/giovanni-arrighi-comprender-la-hegemonia-2.pdf"><span style="font-weight: 400;">Giovanni Arrighi</span></a><span style="font-weight: 400;">, se trató del fracaso del proyecto imperial neoconservador en su intento de supremacía mundial. Así, la ocupación de Irak viene a sellar el proceso de deslegitimación estadounidense a partir de la pérdida de credibilidad de su poderío militar, junto con la pérdida de centralidad del dólar y de EE. UU. en la economía global. En paralelo, el ascenso de China como alternativa al poder estadounidense en Asia oriental son algunos de los elementos centrales que Arrighi destaca para referirse a la “crisis terminal de la hegemonía estadounidense”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Desde entonces, la contradicción entre el </span><i><span style="font-weight: 400;">unilateralismo americanista-anglosajón</span></i><span style="font-weight: 400;"> y el </span><i><span style="font-weight: 400;">multilateralismo globalista</span></i><span style="font-weight: 400;"> se hace cada vez más profunda al interior del proyecto unipolar de los grupos y clases dominantes de EE. UU., Reino Unido y aliados. Ello guarda relación con dos geoestrategias diferenciadas a lo interno de EE. UU. y el mundo angloamericano en general: la unipolaridad unilateral, expresada predominantemente por los republicanos Trump (desde 2017), y parcialmente por Bush (anteriormente, entre 2001 y 2008) como </span><a href="https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/library?a=d&amp;c=arti&amp;d=Jpr11412"><span style="font-weight: 400;">“reacción americanista”</span></a><span style="font-weight: 400;">; y la unipolaridad multilateral, más vinculada a los demócratas globalistas como los Clinton (bajo las presidencias de Bill, hacia 1993-2001 y luego liderados por Hillary), Obama (2009-2017) y desde el 2021, con Biden.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A la par, otros polos de poder habían comenzado a resistir las avanzadas hegemónicas estadounidenses, a la par que tendían puentes en la búsqueda de instituir un nuevo orden de carácter multipolar. Es decir, un mundo marcado por la coexistencia de distintos polos de poder con sus respectivos proyectos políticos estratégicos. Como ya señalamos, es a partir de la crisis de 2008 cuando se hace más claro el escenario de creciente y relativa multipolaridad, con la aparición del bloque BRICS como actor geopolítico, a la par del ascenso de la República Popular China y de la región de Asia Pacífico, el establecimiento de alianzas euroasiáticas con tendencias contrahegemónicas, con un papel muy relevante de la Federación Rusa, y una creciente insubordinación del Sur Global.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Emergió entonces un multilateralismo multipolar, más acorde a las nuevas relaciones de poder a nivel mundial ante el ascenso de nuevos actores emergentes. Esas otras visiones y prácticas del multilateralismo comprenden no solo un cuestionamiento del entramado institucional vigente y reclamos para democratizar  las instituciones multilaterales del “viejo orden”, sino que también han impulsado la creación de nuevas instituciones multilaterales y compromisos Sur-Sur globales y regionales.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En América Latina, por caso, la “primavera” de gobiernos nacional-populares impulsó organismos de integración regional autónoma como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP, fundada en 2004), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur, fundada en 2008) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC, fundada en 2010), sumado al reimpulso y la búsqueda de reorientación política del Mercado Común del Sur (Mercosur, fundado en 1991). El rechazo al ALCA se erigió en una condición para el avance de estas iniciativas, a partir de las cuales se buscaba ampliar el margen de maniobra en la región, aprovechando las condiciones emergentes a nivel global. Fueron tiempos que generaron una alerta para la hegemonía estadounidense en la región latinoamericana y caribeña. Como el propio Director Nacional de Inteligencia estadounidense James R. Clapper indicaba en 2011 en su </span><a href="https://www.dni.gov/index.php/newsroom/congressional-testimonies/congressional-testimonies-2016/item/1313-statement-for-the-record-worldwide-threat-assessment-of-the-u-s-intelligence-community"><span style="font-weight: 400;">Declaración sobre la evaluación de la amenaza mundial de la comunidad de inteligencia de los EE. UU</span></a><span style="font-weight: 400;"> ante la Cámara de representantes:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El éxito económico y la estabilidad política de Brasil lo han situado en la senda del liderazgo regional. Es probable que Brasilia siga utilizando esta influencia para destacar a Unasur como el principal mecanismo de seguridad y resolución de conflictos de la región, en detrimento de la OEA y de la cooperación bilateral con Estados Unidos. También intentará aprovechar la organización para presentar un frente común contra Washington en cuestiones políticas y de seguridad regionales (Clapper, 2011</span><span style="font-weight: 400;">:</span><span style="font-weight: 400;">25) .</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Aparecía como “amenaza” la política de proyección regional y global que buscó fortalecer los lazos de Cooperación Sur-Sur en dirección al multipolarismo. Se crearon foros y cumbres de cooperación entre América del Sur y África, por un lado, y entre América del Sur y Países Árabes, por otro. Ello se sumaba al histórico Grupo de los 77, que agrupa desde los años sesenta a países periféricos y semiperiféricos (en la actualidad se amplió y comprende a más de 130 países), y que ganó impulso con el nuevo siglo, realizando las denominadas Cumbres del Sur. En 2014, ante el 50° aniversario del grupo, se invitó a participar a China, por lo cual se suele denominar desde entonces al grupo como G77+China.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Destacamos el año 2014 porque constituye un momento clave en la crisis y reconfiguración del orden mundial. Ese año tuvo inicio la guerra civil en Ucrania (sobre lo cual profundizamos en el </span><a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno3/"><span style="font-weight: 400;">tercer cuaderno</span></a><span style="font-weight: 400;">), a la par del lanzamiento de una nueva arquitectura financiera y productiva mundial en la 7° Cumbre del BRICS, en Fortaleza (Brasil). Se lanzaron allí el Nuevo Banco de Desarrollo y el Fondo de Reservas de Contingencia del bloque, dos instrumentos que buscaban disputar la arquitectura financiera global. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ello se produjo en el marco de ciertas estratégicas iniciativas que China había lanzado el año anterior, en 2013: el megaproyecto de infraestructura con centro en Eurasia pero de proyección global, denominado Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR o BRI por sus siglas en inglés, también llamada popularmente “Nueva Ruta de la Seda”) y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII). Como describimos al principio, también resulta clave en este marco el fortalecimiento de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), ideada por China y Rusia en 1997 como institución de seguridad conjunta frente a la estrategia estadounidense de avanzar con el control de Asia Central, y que fue fundada en 2001. La asociación entre China y Rusia, que comienza a forjarse hacia 1997-2001, desequilibró la ecuación de poder que sostenía la retomada de la hegemonía estadounidense-angloamericana a partir de los años ochenta, para la cual fue fundamental la ruptura entre China y la URSS y la alianza de Pekín con Washington concretada en 1972.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Según </span><span style="font-weight: 400;">señala Zhao Huasheng</span><span style="font-weight: 400;">, profesor del Centro de Estudios de Rusia y Asia Central de la Universidad de Fudan, ubicada en Shanghái, la importancia estratégica de la OCS para China es innegable. Señala cuatro razones fundamentales: </span></p>
<ul>
<li style="font-weight: 400;" aria-level="1"><span style="font-weight: 400;">Permitió a China construir y aumentar la confianza con los países vecinos de la ex Unión Soviética, asegurando la seguridad y la paz de sus extensas zonas fronterizas occidental y septentrional, permitiendo así concentrar fuerzas militares en las costas del Pacífico oriental y sudoriental del país. </span></li>
<li style="font-weight: 400;" aria-level="1"><span style="font-weight: 400;">Ayuda a China a contrarrestar sus movimientos separatistas internos, principalmente en Xinjiang. </span></li>
<li style="font-weight: 400;" aria-level="1"><span style="font-weight: 400;">La cooperación económica que persigue la OCS es beneficiosa para apoyar el programa de Pekín para el desarrollo de las regiones occidentales de China. </span></li>
<li style="font-weight: 400;" aria-level="1"><span style="font-weight: 400;">La creación de una zona de estabilidad y desarrollo desde Asia Central hacia el sur de Asia, Eurasia y Oriente Medio creará un entorno favorable para la implementación de China de la “Iniciativa de la Franja y la Ruta”.</span></li>
</ul>
<p><span style="font-weight: 400;">En 2015 se produjo otro hito con la creación de la Unión Económica Euroasiática, en tanto proceso de integración en el espacio postsoviético, bajo comando de Rusia y con participación de Kazajistán y Bielorrusia, a la cual se sumaron luego Kirguistán y Armenia. Se crearon luego determinadas instituciones, como el Foro Económico Oriental, y el más reciente </span><a href="https://noticiaspia.com/primer-foro-economico-euroasiatico/"><span style="font-weight: 400;">Foro Económico Euroasiático</span></a><span style="font-weight: 400;">. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Luego, en 2016 tiene lugar un cambio importante a nivel global, con la votación del Brexit (salida del Reino Unido de la Unión Europea) y el triunfo de Donald Trump en las elecciones de EE. UU., imponiéndose un giro nacionalista conservador en el seno del polo de poder anglo-estadounidense. Con el ascenso de Trump termina de consolidarse el proceso de declive relativo que ya venía transitando EE. UU. como líder global, mientras las fuerzas nacionalistas-americanistas que asumen el gobierno desarrollan una política que golpea algunos de los pilares del viejo orden mundial ya en crisis, que se resiste a perecer del todo. Al igual que la propia OTAN, la OMC es atacada por el proteccionismo estadounidense, junto con la desarticulación de los tratados multilaterales de comercio e inversión promovidos por la administración Obama (el TPP y el TTIP), los cuales constituían —entre otras cuestiones— una herramienta fundamental para contener a China, Rusia y los poderes emergentes. El trumpismo lograba hacia 2018 una de sus metas con la </span><a href="https://www.elpaisdigital.com.ar/contenido/activacin-del-t-mec-el-nafta-20-de-la-era-trump-perspectivas-para-amrica-latina/27470"><span style="font-weight: 400;">renegociación del TLCAN, renombrado como T-MEC</span></a><span style="font-weight: 400;"> (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá), en tanto institucionalidad supranacional más afín a la doctrina America First (EE. UU. primero). Este nuevo acuerdo incluyó una cláusula específica (32) para contrarrestar la creciente influencia china en la región, en el marco también de la guerra (tecno)comercial declarada por Trump.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Otro hito importante del creciente multilateralismo multipolar y el papel central de China se pudo observar con la creación, en 2020, del </span><a href="https://www.iade.org.ar/noticias/las-claves-geopoliticas-del-recep-el-mayor-acuerdo-comercial-del-mundo-establecido-en-asia"><span style="font-weight: 400;">mayor acuerdo comercial del mundo, establecido en Asia Pacífico</span></a><span style="font-weight: 400;">: la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés), el cual expresa alrededor del 30% del PIB, el comercio y la población mundial, en la región de mayor crecimiento económico. Este significa el primer gran acuerdo entre tres de las cuatro economías más importantes de Asia: China, Japón y Corea del Sur, las cuales forman parte de los nodos principales de la economía mundial en términos de comercio, finanzas y tecnología. Los dos últimos, a su vez, han constituido pilares fundamentales en la región en la construcción de la hegemonía estadounidense. El RCEP comprende también a los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) —Indonesia, Tailandia, Singapur, Malasia, Filipinas, Vietnam, Birmania, Camboya, Lagos y Brunei—, y los miembros de la “angloesfera”, Australia y Nueva Zelanda. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Sin embargo, EE. UU. no se quedó atrás e impulsó recientemente un Marco Económico del Indopacífico (IPEF por sus siglas en inglés), suscripto junto a Japón y otros once países de Oceanía y del sudeste asiático, excluyendo a China. Sin embargo, se trata de un esquema de cooperación regional, según sus impulsores, y no un acuerdo de libre comercio, y no parece contar ni con la institucionalidad, el compromiso y el volumen de recursos que ofrecen China y el RCEP.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A la par de lo anterior, el presidente ruso, Vladimir Putin, </span><a href="https://www.prensa-latina.cu/2022/05/26/putin-aboga-por-gran-asociacion-euroasiatica"><span style="font-weight: 400;">ha llamado a la constitución de una Gran Asociación Euroasiática</span></a><span style="font-weight: 400;">, bajo la concepción de un proyecto de civilización que impulse el cambio de la arquitectura política y económica mundial. En 2020, ampliando esa </span><a href="https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/library?a=d&amp;c=libros&amp;d=Jpm4741"><span style="font-weight: 400;">proyección euroasiática como punto de partida para delinear el nuevo orden mundial</span></a><span style="font-weight: 400;">, Pekín y Moscú aumentaban su asociación estratégica, llamando a la “promoción paralela y coordinada de la Gran Asociación Euroasiática y la BRI”. A inicios de 2022 ambas potencias orientales volvían a estrechar sus vínculos diplomáticos y afirmaban tener una “amistad sin límites”, en pleno recrudecimiento de las tensiones mundiales, mientras proponían el establecimiento de los principios y las normas con las cuales </span><a href="https://www.telam.com.ar/notas/202202/583297-opinion-vior-china-argentina-rusia-orden-internacional.html"><span style="font-weight: 400;">superar el caos actual y organizar el nuevo orden mundial</span></a><span style="font-weight: 400;">. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como parte del proceso de construcción y ascenso del multipolarismo, el BRICS viene ampliándose, con la perspectiva de incorporación de Argentina, Irán y Argelia, entre otros posibles países. También, en el pasado septiembre se pudo observar un hecho de peso en la cumbre de la OCS que tuvo lugar en Samarcanda (Uzbekistán), en donde se incorporó a Irán y se avanzó en los procesos de cooperación de todos los países de peso de Oriente: China, Rusia, India, Turquía, Irán, Pakistán, Kazajistán, Turkmenistán, Tayikistán, Kirguistán, Azerbaiyán, Mongolia, Bielorrusia y el país anfitrión. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Este conjunto de procesos señalados permite analizar tanto la crisis de la hegemonía y el resquebrajamiento del orden mundial como la conformación de uno nuevo que a continuación abordamos.</span></p>
<h2 id="china4.4" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">El nuevo orden mundial, entre la vieja y la nueva institucionalidad </span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">La nueva configuración multipolar del mapa de poder mundial se ha expresado a niveles regionales, como lo referido a América Latina y el Caribe, Eurasia y Asia Pacífico, y propiamente globales. En este último nivel sobresale el rol de China, con las mencionadas instituciones emergentes como BRI y BAII en materia de infraestructura y financiamiento, usufructuando el enorme crecimiento chino de las últimas décadas y sus volúmenes excedentes de capital (financiero y productivo) en un plan de interconexión territorial y geoeconómica con base en Eurasia y de proyección planetaria. Ello se articula con el liderazgo chino en la diplomacia internacional, bajo su lema de una “comunidad de destino común para la humanidad”, y su poderío material, en términos de capacidades económicas, financieras, tecnológicas y militares, las cuales hemos abordado en los cuadernos precedentes.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A su vez, la estrategia de política exterior china plantea un juego dual que mantiene en vigencia las instituciones creadas por EE. UU. en la posguerra (como el FMI, el BM o la OMC), a la par que ha creado las nuevas instituciones señaladas. Resultó todo un hecho al respecto la incorporación china a la OMC en 2001, y su reclamo para ser considerada internacionalmente como una economía de mercado, junto con sus continuos esfuerzos para mejorar sus niveles de participación en aquella institucionalidad diseñada por el Norte Global. Por caso, se puede observar que en las últimas dos décadas la política de China para con el FMI impulsó un organismo más plural y menos dolarizado, pidiendo reformas para incrementar su participación en la cuota-parte. Logró ese cometido al aumentar su cuota-parte en el directorio desde el 3% a 6%, constituyendo en la actualidad el tercer país en la lista de aportantes, por detrás de EE. UU. (17%) —quien posee poder de veto en el organismo— y Japón (6%). Gracias a ello, participa en más decisiones dentro del organismo, y logró la incorporación del yuan a la canasta de monedas de las reservas del Fondo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por otro lado, en la etapa de desorden mundial (o caos sistémico) en que nos encontramos actualmente, en diálogo con el proceso de profundización de las tendencias a raíz de la pandemia de covid-19, el orden mundial articula una creciente multipolaridad relativa con rasgos de bipolaridad, ya que sobresale la tensión interestatal EE. UU. vs. China, la cual condensa un conjunto de contradicciones sistémicas del sistema mundial. Las potencias occidentales buscan sostener el viejo orden y sus instituciones mediante órganos como el G-7, el G-20 y la OTAN. La actual administración estadounidense de Biden ha regresado al Acuerdo de París contra el cambio climático (luego del retiro de su país bajo la presidencia de Trump), convirtiendo a ese tópico como uno de sus ejes de política exterior, con un programa de transición energética bajo comando de sus transnacionales y fondos de inversión global. También retornaron a la Organización Mundial de la Salud (OMS), de gran relevancia internacional a raíz de la pandemia de covid-19, y que había sido bastardeada por Trump. Asimismo, la administración de Biden ha buscado reflotar las negociaciones con Irán, con miras de retomar el acuerdo nuclear como el logrado durante la administración Obama. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En síntesis, a través del intento de retorno del multilateralismo globalista, EE. UU. se apresta a mostrarse nuevamente como líder internacional con capacidad hegemónica, luego del giro americanista-nacionalista de Trump, para contrarrestar las fuerzas multipolares comandadas por China en su apuesta por instituir un nuevo orden mundial pluricéntrico. Pero no se trata de un mero juego de voluntades y decisiones. Asistimos a cambios estructurales que vuelven imposible la restauración del viejo orden. </span></p>
<h2 id="china4.5" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Implicancias para América Latina y el Caribe </span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Todo este proceso de crisis del orden mundial y las pujas por su reconfiguración puede implicar importantes oportunidades para nuestra región latinoamericana, pero también entraña nuevos conflictos y amenazas para nuestra soberanía y nuestros intereses territoriales.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En términos de oportunidades, el contundente rechazo al ALCA en la Cumbre de Mar del Plata, en 2005, como resultado de la articulación de distintas fuerzas sociales, fue expresión de un cambio de época que la región iba a aprovechar mediante el desarrollo de las iniciativas mencionadas: ALBA, Unasur y CELAC. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Sin embargo, el impulso a procesos de integración autónoma y el fortalecimiento de la región se encontró con limitaciones y procesos que generaron una fragmentación y crisis generalizada. Esto ha significado un cambio drástico en el mapa político regional y una pérdida de peso relativo a nivel mundial con el freno del proceso de integración regional hacia 2012-2013 y su definitiva desarticulación hacia 2019 —golpes de Estado y destituciones de por medio—. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Reemergían en aquella época otros mecanismos de integración regional abierta, afines al multilateralismo globalista con centro en Washington y a la narrativa aperturista, como la Alianza del Pacífico, el Grupo de Lima y el Prosur. En paralelo, se produjo un giro neoliberal periférico y conservador que estrechó vínculos con el unilateralismo estadounidense trumpiano y su agenda de “palo sin zanahoria”. La región es expresión de la dualidad en la política exterior regional, con intentos por parte de los gobiernos locales de volver a la senda del regionalismo abierto, en un contexto global con cambios en la administración estadounidense y una diferencia fundamental: la presencia china en la región. A pesar de esta importante distinción en cuanto a las diferencias en la institucionalidad y las mediaciones que se plantean, lo que persiste en la agenda de política exterior estadounidense para con la región es su pretensión hegemónica y el rol que ésta tiene en su disputa con China.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En este marco, China le ha dado importancia a la CELAC, sosteniendo el organismo en base a las cumbres entre ambas partes, incluso a pesar de los propios gobiernos neoliberales-conservadores de la región, dado el interés de la potencia oriental por dialogar con la región como un bloque, lo cual considera provechoso en pos de consolidar acuerdos y proyecciones conjuntas. Esto se da en el contexto del paulatino acercamiento de China a las economías de la región, tanto en cuanto a ser el principal o segundo socio comercial de la mayoría, como en términos de inversiones en distintas áreas estratégicas como infraestructura, energía, petróleo, etcétera.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En la actualidad, la “segunda ola” nacional-popular o progresista que comenzó a asomar desde 2019 en la región no termina de consolidarse, y no se advierte un juego común. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por su parte, la imposición del trumpiano Claver Carone en la conducción del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en 2020, en pos de contrarrestar la creciente presencia de China en la región, da cuenta de cómo son los mismos estadounidenses quienes vulneran la institucionalidad multilateral construida por la potencia del norte, dado que era una regla tácita que la conducción debía residir en un latinoamericano. Actualmente, </span><a href="https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.14642/pr.14642.pdf"><span style="font-weight: 400;">Biden ha buscado recuperar el liderazgo en sus pretendido “patrio trasero”</span></a><span style="font-weight: 400;">, retomando las Cumbres de las Américas que Trump había dejado de lado, aunque la crisis del orden mundial se expresa también en el sistema interamericano (recordemos aquí la complicidad de la Organización de Estados Americanos —OEA— y su secretario Luis Almagro  con el golpe en Bolivia, en 2019, y su pérdida de legitimidad por ello).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Para finalizar, se pueden advertir cuatro estrategias de inserción internacional en la región en los últimos años: 1) la que llevaron a cabo los gobiernos neoliberales tradicionales, basada en el regionalismo abierto y el multilateralismo globalista; 2) la reacción conservadora en grupos dominantes, subordinada al unilateralismo con centro en Washington y el rechazo al multilateralismo; 3) el multilateralismo multipolar de los gobiernos nacional-populares, tanto en su vertiente progresista (3a), abocada a consolidar el Mercosur y crear nuevas instituciones como Unasur, como los bolivarianos (3b), más radicales en su perspectiva contrahegemónica y antiimperialista. Se encuentra abierto el rumbo que tomará la región entre estas cuatro grandes estrategias. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La articulación con China aparece cada vez más nítida como una opción para los gobiernos de la región, más allá de sus orientaciones políticas y estratégicas. Sea solamente para aliviar las balanzas de pagos y las necesidades de financiamiento en cuanto a los sectores exportadores de materias primas y la infraestructura necesaria para ello, o bien como un aliado para la construcción de un nuevo orden mundial más equitativo y democrático. En ese marco, la incorporación creciente de nuestros países a iniciativas como la IFR y el BAII pueden limitarse a reproducir las relaciones de dependencia y asimetría bajo nuevas formas, consolidando las estructuras productivas primarizadas, o bien encararse desde proyectos soberanos de desarrollo, con visión y estrategia propias en el mediano y largo plazo. Una posible victoria de Lula da Silva en Brasil podría terminar de inclinar la balanza para que la región retome esa senda inconclusa.</span></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Ascenso de China: contradicciones sistémicas y desarrollo de la Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada</title>
		<link>https://dev.thetricontinental.org/es/nuestra-america/chinacuaderno3/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jun 2022 17:56:12 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://thetricontinental.org/?post_type=argentina&#038;p=60849</guid>

					<description><![CDATA[En este nuevo cuaderno, Gabriel Merino, Julián Bilmes y Amanda Barrenengoa, buscan dar cuenta de cómo se fue desarrollando la transición histórico-espacial y cómo se va configurando y perfilando un nuevo orden mundial multipolar. Para ello se detienen en los conceptos de hegemonía y orden mundial que analizan en relación con una periodización histórica que se inicia con la Segunda Guerra Mundial y llega hasta las disputas del presente.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--author" style="text-align: left;">Gabriel Merino, Julián Bilmes y Amanda Barrenengoa</div>
<h2 style="margin:3em 0;"><span style="color: #000000;">Introducción</span></h2>
<p>En este tercer cuaderno recuperamos el análisis en torno a la llamada <em>transición histórico-espacial contemporánea</em> y sus diferentes dimensiones. En particular, nos circunscribimos a la tendencia hacia la agudización de las contradicciones político-estratégicas de carácter estructural.  Desde 2014 este proceso ha tomado la forma de Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada (GMHyF). Es decir que, situándonos en la creciente disputa por la reconfiguración del poder mundial —y su devenir en (des)orden y “caos sistémico”—, observamos una expansión de los enfrentamientos entre distintas fuerzas político-sociales, fracciones y clases sociales, y pujas interestatales.</p>
<p>La actual guerra en Ucrania constituye la manifestación más reciente de este proceso, especialmente en lo que refiere a la contradicción principal que se desarrolla actualmente en la escala mundial y tiende hacia el antagonismo. Esta contradicción es la que se desarrolla entre las fuerzas dominantes del viejo orden —al frente de las cuales se encuentra el imperialismo globalista estadounidense-británico— y, por otro lado, las fuerzas de las potencias emergentes —donde sobresalen China y Rusia— que tienden hacia un mundo más multipolar y buscan converger con fuerzas del Sur Global. Otras de las manifestaciones de esta contradicción la hallamos en la guerra comercial lanzada por el Estados Unidos de Trump con China como blanco principal, en la llamada “nueva guerra fría” declarada por Occidente, en las crecientes tensiones estratégicas en Asia-Pacífico y en la multiplicación de guerras en el Gran Oriente Medio afroeuroasiático.</p>
<p>Recorremos en los distintos apartados esta tendencia hacia la profundización de las contradicciones político-estratégicas estructurales y específicamente su desarrollo como GMHyF. En este cuaderno la atención está puesta centralmente en la contradicción principal que mencionamos y en China, relegando otras como las que existen al interior del Norte Global o entre las fuerzas del Norte Global y del Sur Global en otros territorios, aunque haremos mención en ciertas implicancias de este proceso para Nuestra América.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-60890 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220613_Cuaderno-China3_WF-1024x768.jpg" alt="" width="1024" height="768" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220613_Cuaderno-China3_WF-1024x768.jpg 1024w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220613_Cuaderno-China3_WF-300x225.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220613_Cuaderno-China3_WF-768x576.jpg 768w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220613_Cuaderno-China3_WF-1536x1153.jpg 1536w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220613_Cuaderno-China3_WF.jpg 1979w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></p>
<h2 id="china3.1" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Ucrania y la guerra en el siglo XXI</span></h2>
<p>La actual guerra en Ucrania ha puesto en evidencia el recrudecimiento de la situación de GMHyF en que nos encontramos desde 2014, cuando se inicia una <a href="https://revistas.ucm.es/index.php/GEOP/article/view/51951">nueva fase de la crisis del orden mundial</a>. Ese año se desató una “guerra civil” en aquel país, o la “guerra en el Este”, luego de las masivas protestas del Euromaidan y el golpe prooccidental que destituyó al entonces presidente Víktor Yanukóvich. Este pertenecía al Partido de las Regiones, con base en el sureste del país —el arco que va desde Járkov a Odesa—, donde predomina la población rusófona identificada con la cultura rusa y más cercana a Moscú en términos políticos y estratégicos. Dicha destitución fue parte de las <a href="https://www.telesurtv.net/news/revoluciones-colores-como-funcionan--20180425-0001.html">“revoluciones de colores”</a> desplegadas por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), junto a aliados locales, para lograr cambios de regímenes favorables a sus intereses, pero desplegada en una Ucrania política, cultural y económicamente fracturada. Moscú respondió mediante la recuperación/anexión de la estratégica península de Crimea ubicada en el Mar Negro, donde se encuentra la base naval rusa de Sebastopol, luego del referéndum en que se impuso por amplia mayoría la opción de incorporarse a la Federación de Rusia. A su vez, Moscú apoyó de forma indirecta el levantamiento de las fuerzas independentistas prorrusas en el este, particularmente en la región del Donbas, donde se constituyeron las repúblicas de Donetsk y Lugansk. Traemos a colación estos hechos para situar y contextualizar la escalada bélica mundial de la última década, en cuyo marco ocurren los actuales sucesos de <a href="https://www.agenciapacourondo.com.ar/opinion/la-guerra-en-ucrania-un-conflicto-mundial-por-gabriel-merino">Ucrania</a>, además de otras manifestaciones que mencionaremos a continuación.</p>
<p>En aquel 2014 se producía un cambio de fase o momento de la actual <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno1/">transición histórico-espacial contemporánea</a>, que implicaba una multiplicación de los conflictos bélicos en distintos países, llegando a ser por lo menos una decena los que se situaban en la llamada “zona de inestabilidad” del Gran Medio Oriente, Asia Central y áreas colindantes —incluyendo a Ucrania, territorio pivote de Eurasia—. En paralelo al inicio del golpe en Ucrania, China lanza en septiembre de 2013 la iniciativa conocida como “Nueva Ruta de la Seda” —llamada primero Una Franja Una Ruta y luego Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR)— durante la visita de Xi Jinping a Kazajistán y luego de estrechar los lazos con Moscú. Ese mismo año el gigante asiático había destronado a Estados Unidos como principal potencia exportadora de bienes y servicios, profundizando la gran revolución geoeconómica que contiene la transición hacia la región Asia-Pacífico, encabezada por China. Con la IFR Beijing buscaba hacer frente a las estrategias de contención del imperialismo estadounidense-británico cristalizadas en el Acuerdo Transpacífico y la Nueva Ruta de la Seda impulsada por el Departamento de Estado de EE. UU. a partir de 2011, con centro en Afganistán (país invadido por la OTAN más aliados desde 2001). También, obviamente, reforzar su política de “salir hacia el exterior” (“Go Out policy” o “Going Global Strategy”) inaugurada en 1999.</p>
<p>Los “fragmentos” de esta guerra se expresan en conflictos locales y regionales, articulados con conflictos globales, que involucran a los principales polos de poder mundial de forma directa y en territorios tanto centrales como secundarios. Además, se relacionan con cambios estructurales en el mapa del poder. En dichos enfrentamientos se combinan elementos de la guerra convencional con elementos no convencionales, a la vez que a nivel mundial se desarrollan guerras en múltiples esferas: guerra comercial, guerra económica a través de sanciones y bloqueos, ciberguerra, etc. En ese marco, se multiplicaron también las muertes producto de las guerras en Irak, Afganistán, Libia, Yemen, Siria, Palestina, Mali, Sudán y Somalia, donde se produjeron millones de víctimas fatales. Por su parte, la guerra en Ucrania entre abril de 2014 y febrero de 2022 —antes de que se abriera esta nueva fase a partir de la incursión de Moscú— se cobró 14 mil víctimas fatales.</p>
<p>En un mundo que aún no ha terminado de salir de la pandemia de COVID-19, quienes alimentaron las sospechas sobre el origen del virus aparecido en Wuhan, China, son ahora blanco de cuestionamientos y controversias. A partir de la actual guerra en Ucrania se conocieron instalaciones de investigación biológica, es decir, laboratorios donde se estaban desarrollando componentes de <a href="https://actualidad.rt.com/actualidad/423092-nuland-ucrania-instalaciones-estudios-biologicos">armas biológicas</a>, financiados por el Pentágono. El <a href="https://www.wsws.org/es/articles/2022/03/11/nula-m11.html">Ministerio de Defensa ruso</a> difundió estos detalles en el mes de marzo de 2022 y como respuesta, la Casa Blanca contraatacó acusando a Rusia por su uso de armas químicas. La subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos de EE. UU., Victoria Nuland (personaje clave en la revolución de color en Ucrania de 2014) reconoció el hallazgo, ante el cual rápidamente el Ministerio de Asuntos Exteriores de China exigió la investigación de lo encontrado.</p>
<h2 id="china3.2" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada </span></h2>
<p>Hoy en día, a raíz de la situación en Ucrania se suele escuchar referirse a los peligros de una Tercera Guerra Mundial, con la amenaza a la supervivencia humana en el horizonte, en caso de una guerra termonuclear. También se habla desde 2014 de una nueva guerra fría, para referirse al conflicto entre Rusia y EE. UU., y nuevamente en 2020, en plena pandemia, en relación al conflicto entre EE. UU. y China. Una idea que no es inocente sino que forma parte de la estrategia comunicacional occidental para “cerrar filas” contra las potencias en ascenso.</p>
<p>El propio papa Francisco advertía en una entrevista para <em>La Vanguardia</em>, publicada en junio de 2014, un conjunto de ideas clave sobre la relación entre imperialismo, militarismo y capitalismo en una fase de crisis del orden mundial y la nueva forma de la guerra. En uno de sus párrafos afirma:</p>
<p>Descartamos toda una generación por mantener un sistema económico que ya no se aguanta, un sistema que para sobrevivir debe hacer la guerra, como han hecho siempre los grandes imperios. Pero como no se puede hacer la Tercera Guerra Mundial, entonces se hacen guerras zonales. ¿Y esto qué significa? Que se fabrican y se venden armas, y con esto los balances de las economías idolátricas, las grandes economías mundiales que sacrifican al hombre a los pies del ídolo del dinero, obviamente se sanean.</p>
<p>Como se viene señalando, proponemos situar todos estos conflictos como parte de una Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada (GMHyF). Esto es, una guerra de nueva generación, donde se combinan elementos de la guerra convencional (entre Estados con ejércitos regulares —como vemos hoy en día entre Ucrania y Rusia en territorio del primero—) y la guerra no convencional y/o irregular. Una guerra que involucra a los principales polos de poder mundial y tiene como contradicción principal a las fuerzas del viejo orden unipolar versus las fuerzas emergentes contrahegemónicas que tienden hacia la conformación de un orden multipolar. Esta GMHyF se desarrolla en todos los frentes: económico, tecnológico, financiero, comercial, informativo, psicológico y virtual. Por ello se habla de guerra comercial, guerra de información, guerra psicológica, ciberguerra, guerra de monedas, guerras financieras, guerra judicial (conocida como <em>lawfare</em>) e incluso, recientemente, de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=WMIYt7pEavk">guerra cognitiva</a>. Una característica central es que la Guerra Híbrida es completamente difusa: se desdibuja el límite entre lo militar y lo civil, entre el inicio y el fin, entre lo público y lo privado. Y se observa que puede seguir escalando, profundizando los enfrentamientos en todos los niveles, sin que podamos descartar otros escenarios igual de trágicos.</p>
<p>Para el investigador ruso Andrew Korybko, según su libro publicado en 2015 al calor del enfrentamiento en Ucrania, la Guerra Híbrida es un nuevo método de guerra indirecta, que combina la táctica de las “<a href="https://www.resumenlatinoamericano.org/2017/04/22/libros-entrevista-con-el-escritor-andrew-korybko-referente-a-las-guerras-hibridas/">revoluciones de colores</a>” (golpe suave) con las guerras no convencionales (golpe duro), en un escenario multipolar y en donde los costos de la guerra convencional entre potencias son muy grandes. Para este autor, la Guerra Híbrida es el nuevo horizonte de la estrategia de EE. UU. para producir cambios de regímenes contrarios a sus intereses. Y aunque se juegue en escenarios secundarios, apunta especialmente a tres Estados que constituyen los núcleos <a href="https://www.tiempoar.com.ar/mundo/andrew-korybko-estados-unidos-intenta-contener-a-china-y-rusia-con-la-guerra-hibrida/">objetivo de Estados Unidos</a>, esto es, la “tríada del mal”, según la propaganda occidental: China, Rusia e Irán.</p>
<p>Otro que se ha referido a la cuestión es Joseph Nye, de la Universidad de Harvard, quien observa que las guerras actuales son <a href="https://elpais.com/elpais/2015/02/10/opinion/1423572866_833259.html">híbridas e ilimitadas</a>. En ellas los frentes se desdibujan y apuntan a la sociedad del enemigo para penetrar profundamente en su territorio y destruir su voluntad política (guerra de cuarta generación), desdibujándose el frente militar de la retaguardia civil. Para ello, las tecnologías como los aviones teledirigidos y las cibertácticas ofensivas permiten a los soldados permanecer a la distancia de un continente de los blancos civiles (guerra de quinta generación). Como afirma Nye, mientras que las guerras de primera generación constaban de un importante número de soldados y grandes batallas, las de segunda generación se basaron en la potencia del fuego (como se vio durante la Primera Guerra Mundial), y las de tercera incorporaron maniobras como la infiltración de soldados en ejércitos enemigos para atacarlos por detrás.</p>
<p>La <a href="https://latinta.com.ar/2018/09/guerra-quinta-generacion/">guerra de quinta generación</a>, también denominada “guerra sin límites”, fue introducida desde el 2009 como concepto estratégico operacional en las intervenciones de EE. UU. y la OTAN. Juega un papel central aquí la fuerza intelectual del enemigo, buscando incidir en su aspecto neurológico, cognitivo y psíquico en general. De ahí el destacado papel que asumen los medios masivos de comunicación, las redes sociales y todo el complejo andamiaje sustentado por las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). El mismo <a href="https://www.eldebate.com/internacional/20220308/ultimo-gran-estratega-americano-profetizo-guerra-ucrania.html">Zbigniew Brzezinski</a>, ex secretario de Estado de EE. UU. y reconocido estratega que aportó a la formalización de la geoestrategia del <em>establishment </em>globalista, afirmaba que la clave estaba en el ataque al recurso emocional de un país por medio de la revolución tecnológica.</p>
<p>En este sentido, se entrelazan las fuerzas convencionales y no convencionales, los combatientes y los civiles, la destrucción física y la guerra informativa. Así, los “corazones y las mentes” de las personas se vuelven parte fundamental de los objetivos de las guerras, como afirmaba el británico Gerard Templer, quien comandó la guerra imperial contra las fuerzas anticoloniales malayas.</p>
<p>De esta manera, aparece el campo periodístico mediático como otra gran dimensión de la guerra, como guerra comunicativa, informativa, cultural y psicológica. Documentos recientes de la OTAN ponen en evidencia su orientación en torno a la <a href="https://noticiaspia.com/la-propaganda-de-guerra-cambia-de-forma/">“guerra cognitiva”</a>, buscando adicionar a las sanciones económicas y a otros dominios ya conocidos, técnicas que buscan, mediante la propaganda de guerra, enmascarar y ocultar los hechos de la realidad. Ejemplo de ello es el sistemático bombardeo comunicacional desplegado contra Rusia, y poniendo el foco particularmente en la figura de Putin, cual “chivo expiatorio” que explica el por qué de la guerra en Ucrania. En este marco, ha aparecido también en la estrategia occidental una apelación a la “<a href="https://noticiaspia.com/cancelando-a-rusia/">cultura de la cancelación</a>”, tan en auge en el mundo digital occidental, para alimentar la “rusofobia”, cancelando emblemáticas y diversas expresiones de la cultura de ese país.</p>
<p>En este recorrido por las diferentes voces que señalan la hibridez de los nuevos formatos de la guerra, aparecen también aportes desde China, donde surgió hace 2500  años Sun Tzu, el gran teórico de la estrategia indirecta. Los oficiales Qiao Liang y Wang Xiangsui, del Ejército Popular de Liberación, han planteado la noción de Guerra Irrestricta (<a href="https://www.iwp.edu/books/unrestricted-warfare/"><em>Unrestricted Warfare</em></a> es el nombre de su libro de 1999). Allí observan que el principio central de las nuevas guerras es que no hay reglas, en tanto comprenden todas las modalidades de acción posibles, con despliegues en todos los frentes, multiplicándose y diversificándose los medios “no letales” y donde el ataque al adversario es de un modo sutil, lento pero sistemático.</p>
<p>A su vez, el Ejército Popular de Liberación de China, en su primer “libro blanco de defensa” publicado en cuatro años, en 2019, planteaba lo siguiente: “la forma de guerra está evolucionando hacia una guerra informatizada, y <a href="https://warontherocks.com/2022/04/new-tech-new-concepts-chinas-plans-for-ai-and-cognitive-warfare/">la guerra inteligente está en el horizonte</a>“. Si bien el gobierno no explicitó la definición oficial de este nuevo concepto de guerra, varios investigadores chinos lo explican como una guerra integrada librada en arenas terrestres, marítimas, aéreas, espaciales, electromagnéticas, cibernéticas y cognitivas utilizando armas y equipos inteligentes y sus métodos de operación asociados, respaldado por el sistema de información IoT [internet de las cosas].</p>
<p>Al año siguiente, se incorporó este nuevo concepto de la guerra en el 14° Plan quinquenal que rige los destinos del país.</p>
<p>En síntesis, elementos de la Guerra Híbrida pueden reconocerse a lo largo de la historia, sobre todo si la limitamos a la presencia de fuerzas irregulares, como guerrillas. Sin embargo, lo que hoy se expande es el devenir de una Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada como forma dominante, la cual es expresión de una crisis de hegemonía, de una transición histórico-espacial mundial. Por lo tanto, en la reconfiguración de un nuevo orden, se prolonga la situación de caos sistémico, desplegándose y multiplicándose los enfrentamientos. Esta deviene en la forma dominante del enfrentamiento en un mundo profundamente interconectado e interdependiente, donde la transnacionalización del capital comandada por las redes financieras del Norte Global, la formación de un sistema productivo transnacional y el desarrollo de compañías y otros actores que operan a escala mundial ha modificado la estructura de poder. Se elimina, así, prácticamente la exterioridad —lo que no implica eliminar el control de los flujos de información, dinero y mercancías—.</p>
<p>En esta trama profunda de interdependencia no resulta posible en el corto y mediano plazo el desacople de las economías nacionales más allá de ciertas desconexiones en sectores estratégicos que definen a los nodos centrales —y en donde siempre existió cierto “desacople”, aunque ahora aumente— la guerra se desarrolla a la vez que se coopera en la producción de valor. En efecto, mientras la OTAN combate a Rusia en Ucrania, Europa vive del gas ruso por el que paga cientos de millones de euros por día. Y la gran guerra económica contra Rusia golpea directamente sobre el corazón económico de Europa, no solo en cuanto a la provisión de energía sino por las grandes inversiones europeas en Rusia.</p>
<p>La GMHyF es una situación generalizada y sistémica, que afecta indefectiblemente a todos los Estados del mundo, mientras que el avance de la actual revolución industrial genera condiciones para profundizar la interconexión, la interdependencia y la densidad e intensidad de las relaciones sociales de producción. Sean estas conducidas por las redes financieras y las transnacionales del Norte Global o, por su antítesis, los conglomerados públicos estratégicos de los poderes emergentes, en donde se destaca China.</p>
<h2 id="china3.3" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Eurasia y Asia-Pacífico en el centro de la disputa</span></h2>
<p>Como trasfondo de la situación hasta aquí planteada, emergen un conjunto de contradicciones político-estratégicas que obedecen a la transición histórico-espacial contemporánea. Estas se dan a partir del declive (tanto geopolítico como geoeconómico) del polo de poder angloestadounidense y el mundo occidental, y a la par del ascenso de Asia-Pacífico e Índico, en particular, y de Eurasia, en términos más generales, con centro en <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno2/">China</a>. Se generan, así, enfrentamientos en distintos niveles y planos. También en otras partes del mundo pertenecientes al amplio Sur Global observamos desde el inicio de este proceso de crisis y transición (1999-2001) crecientes resistencias y ascenso de fuerzas político-sociales con capacidad para cambiar el rumbo de los Estados en detrimento del proyecto financiero neoliberal y la hegemonía estadounidense-británica, contribuyendo a una creciente multipolaridad relativa contrahegemónica.</p>
<p>Desde el 2001 y con sus distintas administraciones (Bush, Obama, Trump y Biden), EE. UU. viene multiplicando los enfrentamientos bajo formato híbrido combinando lo militar, lo tecnológico, lo virtual, lo político, lo mediático, lo comercial y lo económico financiero. Ese mismo año Washington modificó el encuadramiento de las relaciones con China de “Asociación Estratégica para el siglo XXI” al de “Competencia Estratégica”.</p>
<p>Los territorios en los cuales se desarrollan estos enfrentamientos son principalmente el Gran Medio Oriente y Asia Central. La prensa occidental contribuye en la construcción de estas regiones como “zonas de inestabilidad” y peligrosas, sin informar acerca de las restricciones que ejercen y el rol que las potencias tienen en dichos lugares. A su vez, como parte del escenario de multipolaridad relativa, hoy en desarrollo y disputa, Eurasia se erige en una de las zonas de mayor conflicto y enfrentamiento. Con el poderío militar y los recursos estratégicos de Rusia, el ascenso de China es considerado como la gran amenaza sistémica de Estados Unidos y el Norte Global, sumado a otros Estados conducidos por fuerzas político-sociales que buscan aumentar su influencia y autonomía estratégica relativa —como India, Irán, Turquía y Pakistán—, se completa el rompecabezas de fuerzas sociales y actores que expresan un nuevo mapa de poder contrario al sostenimiento de la primacía estadounidense-británica en Eurasia.</p>
<p>Ya desde 1997, Brzezinski advertía que una alianza entre China, Rusia e Irán sería catastrófica para los intereses estadounidenses en Eurasia y, por lo tanto, para su primacía global, a pesar de que China todavía no era el jugador de peso que es hoy. Son probablemente estos los motivos que llevaron a la administración Obama y la geoestrategia de su administración a acordar con Irán, profundizar el enfrentamiento con Rusia y procurar contener al gigante asiático con el Tratado Transpacífico (TPP). Junto con esto, el establecimiento de una alianza militar Indo-Pacífica con la Unión Europea (UE) y el Transatlantic Trade &amp; Investment Partnership (TTIP) entre EE. UU. y la UE. Para ello resultaba clave también <a href="https://jacobinlat.com/2022/03/16/la-eterna-marcha-hacia-el-este/">extender la OTAN hacia el este</a>, hasta la frontera con Rusia (país que incluso se proyectó fracturar en tres partes), un proceso desplegado desde la disolución de la URSS en 1991, traicionando las promesas hechas en sentido contrario a Gorbachov.</p>
<p>Así, frente al expansionismo unipolar estadounidense-británico, y en el seno del “corazón” terrestre del planeta, China y Rusia acordaron en 1997 construir una institución de seguridad conjunta, llamada Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS), fundada finalmente en 2001, que incluyó a Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. Hoy la OCS es vista en el Occidente geopolítico como una “OTAN paralela”, a la cual se sumaron desde 2015 India, Pakistán e Irán (tiene también como miembros observadores a Bielorrusia, Afganistán y Mongolia, y son socios de diálogo Turquía, Sri Lanka, Armenia, Camboya y Nepal).</p>
<p>A su vez, la mayoría de estos países comparten la iniciativa estratégica china llamada Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) (<em>Belt and Road Initiative</em> en inglés). Junto con el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) y otras instituciones como bancos estatales chinos, expresan instrumentos de peso geopolítico que aglutinan a una gran cantidad de países y regiones del mundo en una institucionalidad paralela. A su vez, el sostenido crecimiento del presupuesto militar de China, aún por debajo de EE. UU., y la proliferación de nuevos conflictos territoriales agudizan las contradicciones que venimos mencionando.</p>
<p>En el mar del Sur de China, fundamental para la economía global, ya que por ahí circula más de un tercio del comercio mundial, se registraron en los últimos años nuevas tensiones que involucran a actores fronterizos como Taiwán, Filipinas, Malasia, Brunéi y Vietnam, además de la propia China. Esta reclama la pertenencia histórica del denominado <a href="https://notablesdelaciencia.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/80265/CONICET_Digital_Nro.ad392ac2-f3ee-4975-a73c-3da00b62d02a_A.pdf?sequence=2&amp;isAllowed=y">Mar de China Meridional</a>, como parte de su reclamo por soberanía y derechos marítimos. En paralelo, desde el año 2010 se han multiplicado los enfrentamientos, de los cuales ha formado parte también como actor extraterritorial EE. UU. China se ha sostenido en su postura de defensa de lo que considera parte de su territorio, y ha buscado imponerse a partir de su poderío militar, la magnitud de su influencia productiva y comercial, y sus propuestas geoeconómicas.</p>
<p>Siendo el área Asia-Pacífico central como vertebrador del comercio internacional, la región más importante en la acumulacion económica global, y la segunda principal ruta marítima a nivel mundial, es de esperar que este tipo de contradicciones aumenten, teniendo en cuenta también que es un área estratégica en la IFR. Por ello, son varias las <a href="https://www.youtube.com/watch?v=1rCiZT9naEE">islas que están siendo disputadas entre países asiáticos</a>: principalmente, las <em>Paracelso</em> (también conocidas como Xisha Islands y el archipiélago Hoang Sa)<em>, </em>reclamadas por China, Vietnam y Taiwán; las <em>Senkaku</em><em> o Diaoyu</em>, en disputa entre Japón, China y Taiwán en el mar de China Oriental; y el archipiélago <em>Spratly </em>(que en China llaman Nansha)<em>, </em>que reclaman China, Vietnam, Brunéi, Malasia y Filipinas. De hecho, en lo que constituyó un giro histórico de su política exterior, Japón, aliado estratégico (subordinado) de EE. UU., modificó hace algunos años la interpretación de su Constitución de la Paz para poder combatir en el extranjero y defender a sus aliados, aun en caso de no ser atacado. Recientemente, a su vez, estrechó sus vínculos con Occidente, estableciendo acuerdos de libre comercio con la UE y el Reino Unido, los cuales entraron en vigor en 2019 y 2021, respectivamente. Y también forma parte de la iniciativa conocida como <em>Quad</em> (Diálogo de Seguridad Cuadrilateral) impulsado por Estados Unidos junto a Japón, la India y Australia para gestar un bloque militar contra China, es decir, un núcleo desde donde germine una OTAN de Asia-Indopacífico. Este virtual abandono de la política pacifista japonesa de los últimos 70 años, en un país que como potencia imperialista de la región dejó indelebles marcas de violencia en sus vecinos, agudiza los conflictos geoestratégicos en aquella conflictiva región.</p>
<p>La clave para Washington es asegurar las dos cadenas de islas que contienen a China en su acceso a los océanos y se encuentran bajo el mando político-estratégico de Estados Unidos, fuertemente pertrechadas en su aspecto militar. Taiwán es, obviamente, una pieza central de la primera cadena y el punto de avanzada estratégica más importante de Estados Unidos contra China. Beijing, por el contrario, quiere romper esas dos cadenas. Por ello la disputa por las islas Senkaku / Diaoyu, ubicadas en el mar de China Oriental, al noreste de Taiwán, y las Spratly / Nansha en el mar del Sur de China. Dicho control permitiría a China romper en parte la primera cadena, debilitar la posición estratégica de Taiwán y asegurar el mar del Sur. La construcción de infraestructuras militares en atolones mediante la construcción de islas artificiales es parte de este movimiento, como también el fuerte avance de su capacidad misilística (incluyendo la tecnología hipersónica) y naval.</p>
<div id="attachment_60850" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-60850" class="wp-image-60850 size-full img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS.jpg" alt="" width="950" height="713" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS.jpg 950w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS-300x225.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"><p id="caption-attachment-60850" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Fuente: The Economist, 19/01/2017</small></p></div>
<p>Entre los recursos estratégicos que se destacan en el mar, los hidrocarburos y reservas pesqueras son los principales, además de ser vías de movilidad para el transporte marítimo de productos para poblaciones enormes. Por ejemplo, a través de las vías marítimas del mar del Sur de China, Corea del Sur, Taiwán, Japón y China obtienen la mayor parte del petróleo que compran.</p>
<p>Ahora bien, en el plano económico, la denominada <a href="https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/library?a=d&amp;c=arti&amp;d=Jpr10054">“guerra comercial”</a> lanzada por Trump hacia 2018 pone de manifiesto las limitaciones que tienen EE. UU. y el Norte Global para sostenerse en su lugar predominante. A la par del “giro” proteccionista que se erigió en la base de su política económica y como parte de la reemergencia del nacionalismo americanista, lanzó una estrategia de política exterior que buscaba cercar a China, mediante el avance de los acuerdos bilaterales como formato de presión y negociación para tejer alianzas y lealtades con aliados. A contramano del multilateralismo global que buscaba favorecer —desde la estrategia globalista— a las transnacionales estadounidenses (mediante el Acuerdo Transpacífico —TPP— y el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones —TTIP—), la bilateralización de las agendas por país fue el camino elegido por la administración Trump. A partir de esta, se pretendía negociar políticamente con actores como la Unión Europea, Gran Bretaña y la propia América Latina, para que se alinearan más decisivamente con Estados Unidos y contra China.</p>
<p>Sin embargo, el propio peso de China, y su lugar en la economía mundial, dados por la escala económica, productiva y tecnológica, complicaron la estrategia estadounidense de “guerra comercial” e intentos de subordinación por distintas vías. El caso de Huawei resulta paradigmático ya que se ha convertido en el mayor proveedor mundial de equipos de telecomunicaciones, quebrando el monopolio tecnológico que concentraba Estados Unidos, pero la Guerra Comercial que tenía a la compañía como uno de sus principales blancos no ha logrado su cometido. Por otro lado, el plan de desarrollo tecnológico Made in China 2025, tampoco pudo ser frenado. Desde 2019 China supera a Estados Unidos en solicitudes de patentes y otras tecnologías como la IA y el 5G, y por el momento esa posición se ha consolidado. Desde la <a href="https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/libros/pm.4881/pm.4881.pdf">pandemia</a>, no sólo logró que su economía creciera en <a href="http://www.bcra.gov.ar/Institucional/Resumen.asp?id=1539&amp;prevPage=7">términos de PBI</a> a pesar del desplome de la mayores potencias (creció un 2,35% mientras que el lugar de Estados Unidos en la economía mundial disminuyó), sino que aumentó su poder económico real, dado también por su acercamiento a otros bloques como la Unión Europea.</p>
<p>Por lo tanto, si bien el déficit comercial con China aparecía como el elemento central de la disputa —desde Estados Unidos—, a partir de la cual se aumentaron los aranceles de distintos productos llegando al extremo de la importación de acero y aluminio, es posible observar otros motivos geopolíticos, como la amenaza a la “seguridad nacional” que les significaba la llegada de productos tecnológicos chinos. Con estas políticas se persiguió el objetivo de limitar el crecimiento exponencial de China y, a la par, disciplinar a los aliados de la Unión Europea, Canadá, Gran Bretaña y México, entre otros (América Latina también). Así, por “amenaza a la seguridad nacional” podemos interpretar la puesta en cuestión del rol hegemónico de Estados Unidos y el paulatino resquebrajamiento de su lugar como principal y única potencia unipolar.</p>
<p>Asimismo, como parte de la guerra comercial y la  nueva guerra fría  promovida por Estados Unidos como dispositivo geoestratégico de imposición de alineamientos, podemos referirnos a conflictos internos de China, que Occidente exacerba, como el caso de Hong Kong. La ex colonia británica, recuperada por China en 1997, se insertaba en la búsqueda de lograr su integridad territorial. En este caso, la búsqueda de reactivar y difundir los reclamos y demandas intraterritoriales por parte de grupos separatistas se observan también en Xinjiang (Sinkiang), el Tíbet, y la isla de Taiwán. En esta última, se condensan y agudizan los enfrentamientos entre China y Estados Unidos.</p>
<p>Sin embargo, no sólo las <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno2/">cifras del ascenso de China </a>complican la estrategia de “guerra comercial” promovida por Estados Unidos, sino también el hecho de haber podido conseguir el lugar que hoy ostenta sin haber tenido que subordinarse a la estrategia estadounidense, manteniendo su autonomía política y con un modelo de desarrollo propio. En pleno caos y crisis del orden mundial, China se reposiciona, a la par de la multiplicación de los conflictos y tensiones bélicas, comerciales, financieras y políticas.</p>
<p>En síntesis, vemos articulados entre sí los enfrentamientos en los que se combinan la “guerra comercial”, la guerra económica, financiera, entre varios otros instrumentos que venimos mencionando, pero en ninguno de estos terrenos Estados Unidos consigue avanzar con éxito. A raíz del sostenido avance de China, los distintos conflictos y enfrentamientos no han podido frenar el proceso que lo coloca como principal economía mundial, sino que por el contrario, ha expandido su presencia, su lugar y su competitividad en los distintos terrenos de disputa.</p>
<h2 id="china3.4" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Ascenso de China y Rusia y poderío militar</span></h2>
<p>En el aspecto militar la situación actual ya no es la de hace unos años, cuando EE. UU. encabezaba preponderantemente y por lejos el poderío mundial. <a style="font-size: 16px;" href="https://www.youtube.com/watch?v=xJJ96APeAJ0">Medido este por el presupuesto de defensa</a><span style="font-size: 16px;">, existe una gran distancia entre los más de 700 mil millones de dólares de EE. UU., los casi 200 mil millones de China y los 60 mil millones de Rusia (en 2020), aunque el primero tiene un costo altísimo por ser gendarme global y poseedor de cerca de ochocientas bases militares en todo el planeta —además, los presupuestos nominales hay que traducirlos al poder de compra real—. El Complejo Militar Industrial es, a su vez, un elemento central de la economía estadounidense y alimenta a las corporaciones privadas, desde donde practica el “keynesianismo militar”, un elemento clave en la dimensión del desarrollo y de la guerra económica. Esto es, déficits fiscales que van a financiar dicho presupuesto, a lo que se agregan los presupuestos específicos de las guerras llevadas adelante, más el presupuesto de pensiones y el de la llamada Comunidad de Inteligencia, con 16 agencias.</span></p>
<p>Sin embargo, según otros indicadores la distancia con Rusia y China se ha acortado, como se puede ver en los gráficos a continuación que analizan la potencia  de fuego de las principales potencias militares y los principales exportadores de armas:</p>
<div id="attachment_60860" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-60860" class="wp-image-60860 size-large img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS2-902x1024.jpg" alt="" width="902" height="1024" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS2-902x1024.jpg 902w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS2-264x300.jpg 264w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS2-768x871.jpg 768w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS2.jpg 950w" sizes="auto, (max-width: 902px) 100vw, 902px"><p id="caption-attachment-60860" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Fuente: Statista. En: El conflicto de Ucrania en mapas, PIA Global.</small></p></div>
<p>Rusia logró en los últimos años ubicarse en la delantera en ciertos rubros clave de la disputa bélica, como el desarrollo de armas hipersónicas, las cuales pueden evadir los sistemas tradicionales de defensa antimisiles —que los Estados Unidos ha colocado a su alrededor— y viajar al menos cinco veces la velocidad del sonido. Según distintas consideraciones, Rusia es el país con el segundo o tercer poderío militar a nivel mundial, es el segundo vendedor de armas y la primera potencia nuclear. Además de ser el mayor exportador de gas del mundo, el segundo de petróleo, el primero de trigo, etc. Bajo su geoestrategia eurasianista, este país reemergió como un poder clave en esta transición, ocupando el espacio medio continental para articular la gran masa terrestre euroasiática.</p>
<p>Justo después de que estallara el conflicto en Ucrania en 2014 Moscú lanzó la Unión Económica Euroasiática, conformada por Rusia, Bielorrusia, Armenia, Kazajistán y Kirguistán. Junto con Ucrania, en los cuatro países mencionados además de Rusia, en los últimos tiempos hubieron importantes conflictos políticos estratégicos. Moscú se piensa como una fortaleza asediada, vulnerable por todos los flancos, por lo cual busca extenderse sobre los territorios periféricos para amortiguar las distintas amenazas provenientes de Occidente. De hecho, un conjunto importante de bases de EE. UU. y la OTAN rodean su territorio. La propuesta de Bush, en la Cumbre de la Alianza Atlántica en Bucarest en el año 2008, para incorporar a Georgia y Ucrania a la OTAN puede ser leída como parte de este avance sobre sus flancos y una amenaza existencial a su seguridad. La asociación con Beijing disminuye esta inseguridad, le garantiza en buena medida cierta tranquilidad en el flanco oriental y le permite concentrar sus fuerzas en el occidental, donde tiene la gran amenaza existencial, desde su perspectiva.</p>
<p>China, por su parte, aumentó sostenidamente su presupuesto y capacidades militares en las últimas dos décadas, <a href="https://youtu.be/xJJ96APeAJ0">multiplicando su gasto de defensa en 12 veces desde el año 2000</a>, en línea con la evolución de su PBI. Se le reconoce liderazgo en ciberguerra, utilización de Inteligencia Artificial (IA) e industria 4.0 para la defensa, y también viene apostando fuerte en misiles hipersónicos. Desde 2020 el Ejército Popular de Liberación ha financiado múltiples proyectos de IA con múltiples aplicaciones, incluido el aprendizaje automático para recomendaciones estratégicas y tácticas, juegos de guerra para entrenamiento y análisis de redes sociales. Según señala un <a href="https://media.defense.gov/2021/Nov/03/2002885874/-1/-1/0/2021-CMPR-FINAL.PDF">informe del Departamento de Defensa estadounidense</a>, la apuesta china es utilizar la IA para influir directamente en la cognición del enemigo, a la par que liderar las tecnologías clave con importante potencial militar, como la misma IA, sistemas autónomos, computación cuántica, ciencias de la información, biotecnología y materiales de fabricación avanzados. Así, despliega planes de modernización de su sistema de defensa, integrando un desarrollo “informatizado e inteligente”.</p>
<p>Analistas occidentales plantean recurrentemente que China se dispondría a aprovechar la actual situación en Ucrania para recuperar Taiwán por la fuerza, analizando que podría ser “su Vietnam”. Sin embargo, es el mismo EE. UU. quien no detiene su venta de armas y entrenamiento para los sistemas de defensa de aquella isla en la que se radicaron Chiang Kai-shek y el <em>Kuomintang</em> en 1949, derrotados por el Partido Comunista Chino comandado por Mao Zedong. Sin embargo, cabe considerar que hoy en día, tanto por su juego y posicionamiento internacional como por su geoestrategia y cosmovisión, no parece ser el terreno militar convencional el preferido por Beijing para recuperar Taiwán y restablecer su integridad territorial. El inmenso mercado chino que resulta fundamental para las compañías taiwanesas y la profunda interdependencia e interconexión, van de la mano con una progresiva estrategia de absorción “natural”. Esto se refuerza por la creciente capacidad militar que deviene en una situación donde para Estados Unidos será indefendible la posición de Taiwán.</p>
<p>En este sentido, Beijing estableció en noviembre de 2013, luego del lanzamiento de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, una Zona de Identificación de Defensa Aérea del mar de China Oriental (abreviada ADIZ por sus siglas en inglés) que cubre la mayor parte de dicho mar. Anunció allí nuevas restricciones de tráfico aéreo, soportadas con tareas de vigilancia y capacidades de disuasión. Este espacio incluye las Islas Senkaku / Diaoyu, hacia el norte hasta la Roca Socotra reclamada por Corea del Sur (conocida como Suyan Jiao en China) y parte de las zonas que Taiwán reclama como propias. En 2021, y como una expresión más del <a href="http://periodicos.pucminas.br/index.php/estudosinternacionais/article/view/25881">nuevo momento geopolítico a partir de la pandemia</a>, China estableció un ADIZ en el mar del Sur de China.</p>
<p>Por último, cabe traer a colación la dinámica de las alianzas militares conformadas en los últimos tiempos para hacer frente al avance chino y ruso. Por un lado, aparece el mencionado Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (también conocido como Quad), que agrupa a EE. UU., Japón, Australia e India en el denominado Indopacífico para contener a China. Este foro estratégico informal tuvo su inicio en 2007, en paralelo a ejercicios militares conjuntos de una escala sin precedentes, titulados Ejercicio Malabar. Sin embargo, pronto se debilitó por varios años, y en 2017 volvió a activarse, ante la agudización de las tensiones en el mar del Sur de China.</p>
<p>Sin embargo, el accionar del Quad en función de los intereses occidentales se ha visto debilitado recientemente por la postura de India. Bajo <a href="https://noticiaspia.com/quad-y-la-crisis-de-ucrania-en-busca-de-una-posicion-comun/">su doctrina de “autonomía estratégica” y “equilibrio estratégico”</a>, esta se alejó de Occidente ante la guerra en Ucrania y estrechó su relación con Rusia en materia comercial, ante las sanciones occidentales a esta última. En efecto, <a href="https://www.lapoliticaonline.com/espana/internacionales-es/india-baila-con-las-potencias-el-sutil-juego-de-modi-entre-estados-unidos-china-y-rusia/">Nueva Delhi ya venía poniendo “un huevo en cada canasta”</a>, ya que en 2016 había ingresado a la OCS y hasta forma parte de la <em>Commonwealth</em> (Mancomunidad de Naciones), vestigio reactualizado del Imperio británico. A su vez, ya tiene como principal socio comercial a Beijing. Sin embargo, India y China sostienen conflictos limítrofes importantes, y en torno a la cuestión del Tíbet, lo cual representa otro frente de conflicto potencial para el emergente multipolarismo: en este caso, como una contradicción a lo interno del propio Sur Global.</p>
<p>Por otro lado, aparece el flamante AUKUS, acrónimo en inglés de Australia, Reino Unido y Estados Unidos. Se trata de una <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-58545229">alianza estratégica militar creada en septi</a><a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-58545229">embre de</a><a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-58545229"> 2021</a>, que tiene como objetivo defender los intereses de las tres naciones anglosajonas en el Indopacífico. En realidad, se trata de pertrechar a Australia (país cuya soberana constitucional es la reina de Inglaterra, Isabel II) con mayores capacidades militares para convertirla en un espacio fundamental del imperialismo angloestadounidense en Asia-Pacífico. China lo ha visto como una amenaza, asegurando que “socava gravemente la paz y la estabilidad” en esa región e “intensifica la carrera armamentista”. A su vez, el acuerdo permitiría que Australia construyera sus primeros submarinos de propulsión nuclear (ingresando a un selecto grupo que incluye a EE. UU., Reino Unido, Francia, China, India y Rusia), con tecnología estadounidense. Washington únicamente había transferido su tecnología al Reino Unido hace más de 50 años. De este modo se <a href="https://www.dw.com/es/francia-acusa-a-australia-y-estados-unidos-de-mentir-y-habla-de-crisis/a-59227925">tensionaron las relaciones con Francia</a>, al poner fin a un multimillonario acuerdo entre Francia y Australia, que había sido celebrado en París como “el contrato del siglo”, para construir 12 submarinos que serían utilizados por la armada australiana.</p>
<p>Recientemente, en plena guerra de Ucrania, el <a href="https://noticiaspia.com/estados-unidos-reino-unido-y-australia-colaboraran-en-el-desarrollo-de-armas-hipersonicas/">AUKUS anunció que acelerará el desarrollo de capacidades hipersónicas</a> y anti hipersónicas avanzadas, y también la cooperación en defensa en temas como la guerra electrónica, cibernética e IA. De este modo, se busca contrarrestar las capacidades desarrolladas por Rusia y China en los últimos tiempos. El reciente acuerdo entre Beijing y las Islas Salomón es un gran golpe a dicha estrategia, ya que el país insular era considerado como el “patio trasero” de Australia en Asia-Pacífico</p>
<p>Como vemos en estos distintos eventos, la escalada no cesa, y se profundiza la Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada, dando lugar a la pregunta en torno a cómo afectan estos hechos a nuestra región.</p>
<h2 id="china3.5" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Implicancias para Nuestra América</span></h2>
<p>En torno a cómo se ha hecho presente en nuestra región el <em>modus operandi</em> de GMHyF que se ha descrito, sobresale la avanzada injerencista imperial que ha sido denominada por diversos líderes y sectores progresistas o nacional-populares como un <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/argentina/nuevoplancondor/">Nuevo Plan Cóndor</a>. En este marco, se han desplegado nuevas y diferentes formas de intervencionismo sobre Nuestra América (golpes “blandos” o “suaves”, guerra económica, <em>lawfare</em> o guerra judicial, instrumentalización colonial de ONGs y del fundamentalismo religioso, etc.), por parte del polo de poder estadounidense-británico y en articulación con las oligarquías locales y distintos grupos de poder y fracciones sociales.</p>
<p>Estos procesos se sustentan, en última instancia, en la capacidad militar atlantista en nuestra región, reflejada en un conjunto de bases militares, infraestructuras, foros y procesos de militarización en el Atlántico Sur, el Pacífico y el Mar Caribe, coordinados por EE. UU., en particular, y la OTAN, en general. La potencia norteamericana detenta más de <u>76 bases militares en América Latina,</u> concentradas mayormente en América Central y el Caribe. Por su parte, Gran Bretaña detenta en las Islas Malvinas la mayor base militar de la OTAN en América Latina, con el <a href="http://centrougarte.unla.edu.ar/museomalvinas/salas/geografia/sala.php?sala_id=1&amp;id=16">complejo de bases de Monte Agradable (Mount Pleasant Complex)</a>, constituyendo una de las zonas más militarizadas del mundo. No resulta casual la activación en 2008 y luego de más de 50 años, de la IV Flota de la Marina estadounidense para asumir el control de todos los buques, aeronaves navales y submarinos que operen en el Caribe, América Central y del Sur, al calor de la primera ola nacional popular en América Latina y el establecimiento de la UNASUR, vista por Washington como una amenaza para la “seguridad nacional”, en tanto debilitaba su hegemonía hemisférica.</p>
<p>El centro de la disputa de EE. UU. y sus aliados en la región está puesto en China, en primer lugar, y Rusia, en segundo lugar. Preocupa al eje atlantista occidental el aumento sistemático de las relaciones comerciales, económicas, financieras y productivas entre la potencia asiática y la mayoría de los Estados latinoamericanos y caribeños. Esta situación ha desplazado a EE. UU. como principal socio comercial de muchos países. Y, además, ha puesto en jaque, durante el contexto de la pandemia, la primacía productiva, tecnológica, comercial y financiera de este sobre la región. <a href="https://www.researchgate.net/publication/351154971_Tecnologias_emergentes_poderes_en_competencia_y_regiones_en_disputa_America_latina_y_el_5G_en_la_contienda_tecnologica_entre_China_y_Estados_Unidos_Emerging_technologies_competing_powers_and_disputed_">El caso del 5G</a> y la radicación de la empresa Huawei es un ejemplo de ello, entre otros. Las disputas también se exacerbaron, durante 2020 y 2021, a raíz del acceso a las vacunas contra la COVID-19 y los insumos sanitarios.</p>
<p>En el marco del escalamiento de la GMHyF, se puede observar en la siguiente imagen cinco principales proyectos chinos en la región que son considerados como “amenazas” por las FF. AA. estadounidenses:</p>
<div id="attachment_60870" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-60870" class="wp-image-60870 size-full img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS3.jpg" alt="" width="950" height="671" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS3.jpg 950w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS3-300x212.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS3-768x542.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"><p id="caption-attachment-60870" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Fuente: Comando Sur, citado por Malacalza.</small></p></div>
<p>Podríamos sumar a ello otros proyectos, como el Polo logístico antártico que Argentina se dispone a construir en Ushuaia, para disputar a Punta Arenas (Chile) y Malvinas (colonia británica) en la carrera por la última frontera terrestre para el ser humano. El mismo Craig Faller, por entonces jefe del Comando Sur, viajó allí en 2021 para supervisar el proyecto y asegurarse que China no forme parte del mismo mediante financiamiento. Similar puja se produce con respecto al proyecto de cuarta central nuclear argentina, Atucha III, y la cooperación nuclear entre ambos países. Se trata de claros ejemplos de la escalada de esta disputa en la región.</p>
<p>Para hacer frente a ello, han emprendido distintas acciones en el último tiempo. En una somera enumeración, se puede señalar el lanzamiento del <a href="https://www.celag.org/iniciativa-america-crece-america-latina-para-eeuu/">programa “América Crece”</a> (“Growth in the Americas”) por el gobierno de Trump, en 2019. Se trata de una iniciativa de desarrollo económico que planteaba inversiones del sector privado para infraestructura y energía, en una suerte de contraataque por sostener la relación con los Estados latinoamericanos como socios claves. Al año siguiente, Trump logró <a href="https://politicaymedios.com.ar/nota/15485/la-disputa-por-el-banco-interamericano-de-desarrollo-y-la-cuestion-continental/">imponer a Mauricio Claver-Carone en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)</a>, quebrando una tradición histórica acerca de que el mismo debía ser conducido por un latinoamericano, y lanzaron un ambicioso plan de financiamiento para la región, en clara respuesta al avance chino, y como parte de su estrategia de disciplinamiento.</p>
<p>De esta manera, existen cabales muestras de cómo la situación de transición y caos sistémico se materializa en Nuestra América: en este caso particular, en cuanto a la GMHyF y las contradicciones sistémicas subyacentes. Esto representa, además de nuevos conflictos, grandes desafíos para América Latina. Tal como sucedió en otros momentos de nuestra historia, la situación actual puede también ser emergente de nuevas condiciones de oportunidad para los pueblos del Sur, aprovechando las fisuras y tensiones del sistema mundial para avanzar en un camino de mayor soberanía y autonomía. Aunque, claro está, resulta imprescindible para ello que los pueblos estén a la altura para afrontarlas y se desarrollen las capacidades que se requieren para enfrentar las consecuencias negativas de la GMHyF.</p>
<h2 id="china3.ANEXO" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">ANEXO<br>
</span><span style="color: #ba2025;">Declive relativo del viejo hegemón y su dimensión bélica</span></h2>
<p>Estados Unidos debió retirarse derrotado de Vietnam en 1975, luego de una cruenta y larga guerra que constituyó <a href="https://revistas.flacsoandes.edu.ec/urvio/article/download/3522/2644">el ejemplo más emblemático de conflicto asimétrico</a>, dada la gran disparidad de dimensiones entre los contendientes. Luego de Vietnam, se produce una crisis de hegemonía y se inicia un proceso de pérdida de legitimidad de sus ofensivas bélicas a lo largo del mundo y dentro de su propia población. Por ello, debieron recurrir en forma creciente al uso de mercenarios tercerizados (a tono con el paradigma productivo de subcontratación “posfordista” en auge), como el paradigmático ejemplo de <a href="https://elpais.com/internacional/2015/04/19/actualidad/1429400620_809112.html">Blackwater</a>, la empresa militar estadounidense creada en 1997 que operó en Irak y Afganistán, entre varias otras intervenciones externas. Su crecimiento fue tal que los contratados superaron el número de soldados estadounidenses en ambos territorios.</p>
<p>La retomada de la hegemonía estadounidense a partir de 1979-1981 —de la mano de la contrarrevolución de Thatcher-Reagan, la globalización neoliberal y el capitalismo financiero transnacional— se correspondió con importantes triunfos para Estados Unidos y la OTAN: la caída de la URSS, la guerra del golfo en 1991 o la guerra contra la ex Yugoslavia así lo mostraban. Sin embargo, luego del atentado del 11 de septiembre de 2001, las invasiones estadounidenses en Afganistán (2001) e Irak (2003) demostraron que el enorme poderío bélico de EE. UU. —uno de los pilares de su hegemonía— no implicaba una imposición en tales intervenciones militares en el extranjero: de Irak debió retirarse en 2011 (aunque manteniendo importantes posiciones) y de Afganistán en 2021, habiéndose “empantanado” en ambas y sin haber logrado sus objetivos fundamentales. Además, tuvo un altísimo costo al interior de su propia población que condena la muerte de soldados de su propia población en guerras en el extranjero, además de cuestionar el enorme gasto que implican estas.</p>
<p>Este punto constituye otro de los motivos que impulsaron nuevas transformaciones del plano militar en las últimas décadas, centradas en el fundamental componente tecnológico. En este sentido, se apela cada vez más en el presente al reemplazo de soldados por <a href="https://www.arte.tv/es/videos/103960-009-A/la-guerra-en-el-siglo-xxi-de-robots-y-hombres/">robots y drones</a>, utilizando los últimos desarrollos en inteligencia artificial (IA), b<em>ig data</em> y robótica: esto es, elementos claves del paradigma tecnoproductivo en ascenso (llamado “Cuarta Revolución Industrial”). En este marco, los robots se usan para tareas repetitivas, peligrosas, caras, y los humanos los controlan a la distancia.</p>
<p>Vale un ejemplo para observar este nuevo despliegue tecnomilitar: entre 2009 y 2016, durante la administración de Barack Obama, se asesinaron, según cifras oficiales, a casi 2600 “combatientes” (y cientos de civiles también) a través de aviones no tripulados en países a los cuales no se les había declarado la guerra: Pakistán, Yemen, Libia, Somalia. Con la administración de Donald Trump, se sostuvo dicha política y un ejemplo claro fue el asesinato, a inicios del 2020, del <a href="https://www.iade.org.ar/noticias/la-guerra-mundial-hibrida-y-el-asesinato-de-soleimani">general iraní Soleimani</a>.</p>
<p>Otra característica de la transición actual es la inserción del uso de robots controlados por IA para patrullar, supervisar y controlar territorios, como sucede en Corea del Sur en su frontera con el norte, en Israel en la península de Gaza, y en Siria por parte de las potencias en disputa. En la secuencia de revoluciones tecnológicas militares de la historia moderna, los tanques y aviones emergieron en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), mientras que los radares y la bomba atómica lo hicieron en la Segunda (1939-1945). Sin embargo, aquellos adelantos eran todos controlados por humanos.</p>
<p>Por otra parte, también se han modificado en el presente siglo las modalidades de conflictos, pasando a ser menor la cantidad de aquellos protagonizados por los Estados, y proliferando los enfrentamientos al interior de los propios Estados o a nivel de regiones o zonas. Como se puede ver en la siguiente figura, desde 1945 se aprecia un declive de conflictos interestatales (en celeste), mientras que hacia 1975 disminuían las guerras de descolonización (en verde) a la par que experimentaban un gran auge los conflictos intraestatales (en amarillo). Los conflictos con intervención extranjera (en rojo) son los más letales.</p>
<div id="attachment_60880" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-60880" class="wp-image-60880 size-full img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS4.jpg" alt="" width="950" height="440" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS4.jpg 950w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS4-300x139.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2022/06/20220608_Cuaderno3-china-GRAFICOS4-768x356.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"><p id="caption-attachment-60880" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Fuente: La guerra en el siglo XXI: de robots y hombres, El revés de los mapas.</small></p></div>
<p>Desde mediados del siglo XX, el declive de conflictos interestatales guarda relación con el aumento del poderío nuclear en las principales potencias. Es que, en caso de enfrentamiento entre estas, aparecía el peligro de la destrucción mutua asegurada (cuyas siglas en inglés, MAD, también significa “loco”). Pero también por las propias transformaciones del capitalismo mundial y el proceso de transnacionalización del capital desde los años setenta, que le da profundidad sistémica a la interdependencia: no se trata sólo de comercio sino de un sistema productivo transnacional.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El ascenso de China desde una mirada histórica</title>
		<link>https://dev.thetricontinental.org/es/nuestra-america/chinacuaderno2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Nov 2021 15:04:32 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://thetricontinental.org/?post_type=argentina&#038;p=53261</guid>

					<description><![CDATA[Este tercer cuaderno se centra en la agudización de las contradicciones político-estratégicas de carácter estructural que desde 2014 han tomado la forma de Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada (GMHyF). La creciente disputa por la reconfiguración del poder mundial —y su devenir en (des)orden y “caos sistémico”— se observa en los enfrentamientos entre distintas fuerzas político-sociales, fracciones y clases sociales y pujas interestatales que afectan indefectiblemente a todos los Estados del mundo.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--author" style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400; color: #000000;">Gabriel Merino, Julián Bilmes y Amanda Barrenengoa<br>
</span></div>
<p>A partir de la presentación realizada en el 1° Cuaderno de este proyecto acerca de las seis dimensiones y características del proceso de <a href="https://dev.thetricontinental.org/argentina/chinacuaderno1/">transición histórico-espacial del sistema mundial</a>, recuperamos aquí la primera de aquellas tendencias en curso: el ascenso de Asia-Pacífico, en general, y China en particular. Luego de analizar ciertos indicadores que encuadran este proceso, abordamos tres etapas desde la Revolución china de 1949 (precedida por la revolución de 1911) hasta el presente, en perspectiva histórica y con énfasis en los distintos aspectos de su ascenso en el escenario mundial. Asimismo, se recorren las áreas en las cuales hoy el gigante asiático despliega su superioridad estatal y su proyecto geopolítico, mostrando algunas cifras de su ascenso. Por último, analizamos los significados de estas transformaciones para los procesos de liberación y autonomía del Sur Global reflexionando sobre la idea de modernización.</p>
<h1><span style="color: #ba2025;"><strong><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-53263 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/20211119_cuaderno02china_wf.jpg" alt="" width="950" height="713" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/20211119_cuaderno02china_wf.jpg 950w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/20211119_cuaderno02china_wf-300x225.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/20211119_cuaderno02china_wf-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"></strong></span></h1>
<h2 id="china2intro" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Introducción</span></h2>
<p>La (re)emergencia de China y la región conocida como Asia-Pacífico como eje central de la economía y la política mundial constituye un hecho fundamental de este siglo xxi, de enormes implicancias geopolíticas, geoeconómicas y geoestratégicas. Debemos abordar este proceso poniéndolo en relación con una nueva fase de desorden global a raíz del resquebrajamiento del orden configurado a partir de la hegemonía estadounidense (o anglo-estadounidense).</p>
<p>El mundo actual deviene hacia la profundización de una multipolaridad relativa, de tendencias contrahegemónicas sistémicas, que adquiere por momentos ciertos rasgos bipolares por la centralidad que tiene el ascenso de China y las reacciones de la vieja potencia dominante, Estados Unidos; pero ello se produce en escenarios de proliferación de distintos enfrentamientos y juegos estratégicos múltiples. A su vez, la crisis actual del capitalismo financiero neoliberal y de la globalización acentúa las tensiones y habilita el despliegue de la estrategia china que, mediante un paradigma propio en su desarrollo, resquebraja los monopolios establecidos por Estados Unidos y el llamado Norte Global (G7) en áreas clave como energía, ciencia y tecnología, producción, infraestructura y finanzas.</p>
<p>Como afirmamos en el Cuaderno anterior, sobre <em>Crisis de hegemonía y ascenso de China</em> , existen diferentes procesos y de distinto orden que se vienen sucediendo en simultáneo y que identificamos a partir de las seis tendencias descriptas. De ahí que señalemos que dicho ascenso se sitúa en un contexto signado por la crisis del orden mundial, una crisis capitalista estructural y por procesos de reconfiguración geográfica del poder. Ahora bien, el devenir de China como actor y pieza fundamental en el escenario mundial se dio en circunstancias muy diferentes a las actuales, por tratarse de momentos en los cuales la hegemonía anglosajona, en su vertiente británica y estadounidense, era incuestionable.</p>
<p>Aquí presentaremos, en primer lugar, algunos indicadores que contribuyen en la comprensión del ascenso de China y Asia-Pacífico en el sistema mundial, para luego centrarnos en las raíces históricas particulares de la experiencia china, a raíz del proceso iniciado con la Revolución nacional y social de 1949, que instauró la República Popular China (rpc) bajo conducción del Partido Comunista de China (pcch). Así, después de presentar los importantes antecedentes que se remontan a la revolución de Xinhai en 1911, bajo el liderazgo nacional popular de Sun Yat-sen, se presenta una periodización de tres etapas diferenciadas pos-1949, buscando resaltar la primacía de lo político: a) el período de reconstrucción nacional y construcción del comunismo bajo el liderazgo de Mao Tse-tung; b) la etapa desencadenada con la muerte de Mao (1976) y las reformas aperturistas de 1978, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping; c) la actual etapa, desde 2013, de reposicionamiento geopolítico chino bajo el liderazgo de Xi Jinping. Sobre este último período, abordaremos en un próximo cuaderno los debates actuales en torno al modelo de desarrollo implementado. Finalizaremos este cuaderno con reflexiones en torno a la modernización de China vista desde América Latina, y algunas claves para pensar el desarrollo desde el Sur Global.</p>
<h2 id="china2ascenso" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Ascenso de China y Asia-Pacífico </span></h2>
<p>El ascenso de China, y de Asia-Pacífico e Índico en general, se sitúan como parte de un movimiento sociohistórico más profundo. Se trata de una tendencia estructural que comienza en el período de grandes guerras mundiales y “caos sistémico” de 1914-1945, se fortalece y reconfigura en el período de crisis de 1968-1985 y se acelera en el inicio del siglo xxi cuando comienza una nueva transición histórico-espacial del sistema mundial. Habiéndose constituido esta región en el nuevo polo dinámico de acumulación del capitalismo global desde la crisis de los años setenta, en la actualidad en Asia se concentra la producción del 52% del pbi industrial mundial.</p>
<p>Todo este proceso pone en cuestión el rol preponderante de occidente, dado el traslado del “centro de gravedad” de la economía mundial (y, tendencialmente, también del poder mundial) hacia Asia-Pacífico y Eurasia, en un proceso inverso al que se produjo dos siglos antes con la denominada “Gran Divergencia”, cuando se produjo el despegue del imperialismo occidental encabezado por Gran Bretaña. En aquel entonces, las potencias europeas impulsadas por la combinación de la Revolución Industrial capitalista, el colonialismo desplegado desde el siglo xvi y la enorme brecha en el poderío militar, derrotaron, colonizaron y periferializaron a los grandes centros productivos, políticos y civilizatorios de Asia: China y la India. A su vez, restringieron el poder de los otomanos y del mundo musulmán que dominaba las rutas comerciales terrestres de Eurasia.</p>
<p>En el Cuaderno anterior hacíamos referencia al rol de Japón, actor emergente por excelencia en Asia Pacífico desde fines del siglo xix hasta fines del siglo xx, y también de las dos generaciones de “tigres asiáticos” (Hong Kong, Corea del Sur, Taiwán y Singapur, primero; Malasia, Tailandia, Indonesia y Filipinas, luego) desde la segunda mitad del pasado siglo. Sin embargo, son los dos “colosos” de esa región, China e India, quienes han roto los esquemas previos, en base a sus descomunales escalas y milenarias raíces culturales. Este reposicionamiento puede ampliarse para incluir a Eurasia, incorporando a Rusia, con su poderío político-militar, su inmensidad territorial y enormes recursos naturales, y otros jugadores relevantes como Irán, Turquía o incluso Pakistán. De hecho, Eurasia es el escenario central de la multipolaridad relativa en desarrollo, que forma parte de la crisis del orden mundial contemporáneo y del quiebre de la hegemonía anglo-estadounidense.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Las cifras del ascenso chino</h3>
<p>China es el actor más importante de todo este proceso de mayor alcance, por lejos. En efecto, se trata de una de las grandes civilizaciones humanas de más larga data, que durante dieciocho de los últimos veinte siglos fue el mayor centro económico del mundo. Ello se produce, a su vez, en un país con descomunales magnitudes demográficas y territoriales, siendo el más poblado del planeta, con casi 1400 millones de habitantes      (representando alrededor de una quinta parte de la población mundial). A la par, posee una clase trabajadora de 940 millones de personas, y es el tercer país más extenso, luego de Rusia y Canadá, con un territorio de escala continental (de 9.596.960 km<sup>2</sup>). A su vez, y a diferencia de Japón y la primera generación de “tigres asiáticos”, su expansión no provino de un rol de subordinación estratégica para con Estados Unidos luego de la derrota nipona en la Segunda Guerra Mundial y su nuevo rol en la Guerra Fría, sino que cuenta con su propio modelo y estrategia de desarrollo soberano, manteniendo siempre la autonomía político-estratégica.</p>
<p>Durante el 2020, año que quedará en la historia como el más regresivo y crítico para todos los países a raíz de la situación de recesión mundial, fue la única economía cuyo pbi <a href="http://www.bcra.gov.ar/Institucional/Resumen.asp?id=1539&amp;prevPage=7">creció un 2,3%</a>, al igual que sus exportaciones. En paralelo a este proceso, el lugar que Estados Unidos ocupa en el mundo no sólo en términos económicos se fue resquebrajando y el orden mundial se ha ido transformando. Durante la administración de Trump, China se acercó con diferentes proyectos y propuestas a los Estados de la Unión Europea, mientras que el presidente de Estados Unidos tensionó los vínculos con el bloque europeo. El tamaño de su economía significa hoy un 16% del pbi mundial, una cifra que fue en alza desde la asunción de Trump. Por su parte, desde el 2008 al presente, la economía estadounidense disminuyó un 10% en relación a lo que representaba de la economía mundial, a pesar de un enorme proceso de financiarización para apalancar la economía y evitar el estancamiento. Aunque el pbi indique sólo la magnitud de un territorio económico en disputa y no necesariamente la influencia real de un polo de poder y de sus grandes transnacionales en la economía, también es cierto que expresa un enorme cambio geoeconómico global (pensemos que Estados Unidos representaba el 50% del pbi mundial en 1950) y que ambas dimensiones —poder económico real y pbi del territorio principal de un polo de poder— están interconectadas.</p>
<p>De acuerdo al informe sobre <a href="http://www.bcra.gov.ar/Institucional/Resumen.asp?id=1539&amp;prevPage=7">China y el escenario global en 2021</a> de Santiago Bustelo, la recuperación y el sostenimiento de la economía china durante la pandemia fue destacable en relación al resto de los países centrales. En el siguiente cuadro vemos su evolución desde 2019 en términos del PBI real.</p>
<h1><span style="color: #ba2025;"><strong><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-53283 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/cuadernochina-grafico1.jpg" alt="" width="950" height="461" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/cuadernochina-grafico1.jpg 950w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/cuadernochina-grafico1-300x146.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/cuadernochina-grafico1-768x373.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"></strong></span></h1>
<p>Durante el mes de febrero de 2021, el Presidente chino anunció la <a href="https://www.elpais.com.uy/mundo/xi-jinping-proclamo-erradico-pobreza-extrema-china-saco-millones-miseria.html">erradicación de la pobreza extrema</a> en China, que incluye casi 99 millones de residentes rurales que vivían debajo de la línea de la pobreza. En los últimos diez años se avanzó en la reubicación de viviendas y la salida de la pobreza de 28 de las 55 minorías étnicas que conviven allí. Desde finales de la década del setenta, 770 millones de personas han salido de la situación de pobreza en la que estaban mediante diferentes reformas que incluyen la infraestructura, suministros eléctricos, acceso a internet, programas educativos, etcétera. Esto significa una reducción del 84% al 6% de la población china, según datos del Banco Mundial para el período 1981-2011, avanzando de manera sostenida en el <a href="https://eleconomista.com.ar/2021-03-mas-alla-de-competir-china-y-ee-uu-necesitan-establecer-mecanismos-de-interaccion/">desarrollo económico</a> y la inclusión social. De esta manera, China se adelanta en el <a href="http://spanish.xinhuanet.com/2021-02/25/c_139766798.htm">cumplimiento de los objetivos</a> de erradicación de la pobreza como meta planteada para 2030 de acuerdo con la Agenda para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, contribuyendo también al 70% de la <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/newsletterissue/31-china-erradicacion-pobreza/">reducción de la pobreza</a> a nivel mundial. En palabras de Xi Jinping, esto se produce desde un enfoque realista y pragmático, y “gracias a las ventajas políticas del sistema socialista, que puede agrupar los recursos necesarios para emprender grandes tareas”.</p>
<p>Tanto los objetivos de crecimiento económico, como de erradicación de la pobreza, son parte de una agenda proyectada por el pcch y por Xi Jinping en 2017, para pasar a una “nueva era” marcada por un “desarrollo de alta calidad”. Asimismo, el control de la situación de pandemia permitió que sectores económicos clave como la industria y las exportaciones retomen rápidamente sus actividades y aprovechen el nivel de demanda de insumos sanitarios y productos electrónicos que en este contexto aumentaron considerablemente. Se destaca entre los sectores que más velozmente se recuperaron a la industria, la construcción y las exportaciones, a diferencia de los servicios.</p>
<p>Desde el inicio de este año, se muestra como el país con mayores señales de reactivación, sin grandes estímulos fiscales y monetarios como ocurrió luego de la crisis financiera global de 2008-2009, cuando cayó el comercio internacional. Durante el primer trimestre de 2021 y en comparación con el mismo período de 2020 (el momento más complicado de la pandemia allá), el pbi chino creció un 18,3%, como lo muestra el siguiente cuadro. Además, la situación mundial de pandemia favoreció el aumento de las exportaciones chinas, el ingreso de capitales y la suba de las acciones de sus principales empresas en el mercado financiero, una situación muy distinta a lo que ocurrió en el resto de los Estados.</p>
<h1><span style="color: #ba2025;"><strong><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-53293 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/cuadernochina-grafico2.jpg" alt="" width="950" height="410" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/cuadernochina-grafico2.jpg 950w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/cuadernochina-grafico2-300x129.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/cuadernochina-grafico2-768x331.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"></strong></span></h1>
<p>La postura china en relación a la pandemia por covid-19 muestra, por un lado, el rol del Estado en términos de su política interna, y por otro, en lo relativo a la política exterior, las diferencias en el ejercicio de su influencia global en relación con Estados Unidos. Existió un contraste importante con el resto de las potencias mundiales en cuanto a la provisión de insumos y suministros, así como la producción y distribución de vacunas, un bien escaso en los primeros meses de 2020. Para marzo de dicho año, China comprometió una cuarta parte de su capacidad de producción actual anual a otros países. Estados Unidos, en cambio, priorizó la vacunación fronteras adentro de su país, y recién a mitad del año 2020, durante el mes de junio, <a href="https://www.whitehouse.gov/briefing-room/statements-releases/2021/08/03/fact-sheet-president-biden-announces-major-milestone-in-administrations-global-vaccination-efforts-more-than-100-million-u-s-covid-19-vaccine-doses-donated-and-shipped-abroad/">donó las primeras ochenta millones </a>de vacunas a otros países, mientras que en agosto Joe Biden anunció la donación de otras cien millones más. Observando algunas de las principales cifras e indicadores del ascenso de China, a continuación, indagaremos en el proceso histórico de reposicionamiento chino desde 1911 al presente, destacando distintas etapas.</p>
<h2 id="china2reconstrucción" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Breve reconstrucción histórica del proceso revolucionario chino </span></h2>
<p>Durante el siglo xx se da en China un proceso de revolución nacional y social que se cristaliza en la Revolución de 1949, como consecuencia de las luchas sociales que logran reconstituir el poder nacional en el marco de la guerra interimperialista, crisis y transición hegemónica entre 1910/1914 y 1945/1953. Este “despertar” del pueblo chino coincidió con múltiples luchas de liberación nacional en la periferia y semiperiferia, como la diversidad de expresiones nacional-populares en América Latina y las luchas por la independencia en India de 1947, la Revolución Rusa en 1917 y la Revolución Mexicana en 1910, entre otras. Es decir que, en el marco de importantes revoluciones populares, China trazó un camino propio que comenzó en 1911 con la “Revolución de Xinhai” y se impuso en 1949, bajo el liderazgo del Partido Comunista Chino y Mao Tse Tung.</p>
<p>Esta primera etapa de liberación nacional marca un importante hito en relación a los siglos previos (xviii y xix), donde Gran Bretaña y otras potencias europeas consolidaron su proyecto de capitalismo moderno e imperial en Asia, mediante las Guerras del Opio y la colonización en la India. Estos grandes eventos marcaron la presencia permanente de Europa occidental y la imposición de su proyecto modernizador en todo el mundo, que implicaba un proceso de incorporación periférica al sistema mundial del capitalismo moderno —lo que significó para el caso de India la destrucción de su competitiva industria textil y su conversión en exportador de materia prima para la industria textil inglesa. Entre los rastros que aún quedan de la <a href="https://dev.thetricontinental.org/es/dossier-41-agricultura-en-india/">colonización británica</a>, India mantiene la concentración de la propiedad de la tierra dada por la tímida redistribución de la misma por parte del Estado y por el rol preponderante de los terratenientes y sus latifundios. Estas consecuencias se observan en la actualidad con la persistente crisis alimentaria y social. Por su parte, y a diferencia de India, China avanzó a partir de las condiciones que se abrieron durante las guerras mundiales para su revolución nacional y social, lo que le permitió diseñar un modelo de desarrollo propio dentro del cual se mantuvo la propiedad colectiva de la tierra, además de la banca, la moneda e importantes sectores estratégicos de su economía.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Inicios del proceso revolucionario</h3>
<p>El proceso revolucionario chino se inicia en 1911-1912 ante el surgimiento de fuerzas nacionalistas y antiimperialistas que derriban a la dinastía semicolonial Qing, que mantenía a su pueblo sumergido en la pobreza, mientras era saqueado por las potencias dominantes. Una década después se fundaba el Partido Comunista Chino (pcch), el partido gobernante en la actualidad, el cual recientemente festejó sus cien años de existencia.</p>
<p>El líder de la naciente República de China en 1912, el nacionalista Sun Yat-sen, definía a su país como una “hipercolonia”: una colonia no formal, pero de magnitudes extraordinarias que hacía imposible el dominio directo de las potencias europeas, Estados Unidos y Japón (es decir, de los viejos y nuevos imperialismos capitalistas de principios del siglo xx, que protagonizarán la Primera Guerra Mundial). Aquel líder recelaba de todo compromiso con las potencias capitalistas centrales, como había demostrado la frustrada “rebelión de los bóxers” (1898-1901), y pregonaría un intenso patriotismo que marcará a China hasta la actualidad. En 1912 este líder conformaba el partido “nacional popular” —Kuomintang—, desde el cual organizó políticamente una alianza entre la burguesía nacional, el campesinado y el movimiento obrero para construir una nación “próspera, poderosa y libre” bajo los principios del nacionalismo y la unidad del pueblo, la república y el bienestar social.</p>
<p>Pero con la muerte de Sun Yat-sen en 1925 y la conducción de Chiang Kai-shek el escenario político cambió. Así como la alianza entre la urss y el Kuomintang frente al imperialismo japonés fue clave para el rápido desarrollo del pcch como parte de la alianza nacional-popular, el giro conservador y derechista del Kuomintang a partir de Chiang Kai-shek preparó el terreno para el protagonismo del pcch en las masas trabajadoras y campesinas. La campaña anticomunista del Kuomintang, que  derivó en la masacre de Shanghái en 1927 (donde fueron asesinados cinco mil militantes) dio inicio a la guerra civil que se resolvería con el triunfo del pcch conducido por Mao en 1949.</p>
<p>El comunismo chino maoísta, adaptado a su realidad social campesina y sus tradiciones populares, y alejado de todo dogmatismo, demostraría tener la capacidad para llevar adelante los objetivos y consignas de Sun Yat-sen, frente al desastre causado por la invasión japonesa y la evidente debilidad del Kuomintang conducido por Chiang Kai-shek. El marxismo interpretado en función de la realidad nacional de una hipercolonia rural, la guerra popular prolongada que forjó al ejército de liberación nacional y la alianza de clases bajo una dirección política con gran capacidad permitió reconstruir la soberanía y el poder estatal de China.</p>
<p>El nacionalismo popular antimperialista y republicano de Sun Yat-sen, con importantes lazos con el comunismo soviético e impulsor del frente político junto al pcch, contrasta con el nacionalismo conservador anticomunista de Chiang Kai-shek. Este último, propenso a los acuerdos con las potencias extranjeras, constituye la figura histórica central del régimen político fundado en Taiwán, luego de la derrota que sufrió el Kuomintang en 1949 y su escape hacia esa isla.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Revolución nacional y social al mando de Mao Tse Tung</h3>
<p>Con la caída del Imperio en 1911 el territorio nacional se había fragmentado fuertemente, para ser controlado por los “señores de la guerra” y las estructuras del antiguo poder imperial. Japón había avanzado crecientemente, conquistando Manchuria  a partir de 1931 y ocupando gran cantidad de ciudades luego de la invasión de 1937 que se expandió en el norte y el este de China. Esa situación generó las condiciones para que los comunistas pudieran articular la liberación social con la liberación nacional, concitando la adhesión de enormes masas empobrecidas en la lucha contra los japoneses, en primer lugar, y en la guerra civil contra las fuerzas nacionalistas conservadoras del Kuomintang luego.</p>
<p>La revolución comandada por Mao logró unificar y modernizar el Estado nacional, recuperando la legitimidad del gobierno central. Fortalecimiento estatal que resulta crucial para comprender el éxito económico chino luego de 1978. Según <a href="https://rebelion.org/china-2013/">Samir Amin</a>, uno de los principales logros de la revolución fue la desarticulación de las élites terratenientes que habían constituido la clase dominante hasta entonces. Se impulsó una colectivización de la propiedad agraria de gran envergadura, ante una sociedad compuesta en un 90% por campesinos (en su gran mayoría pobres y sin tierra), sosteniendo —a diferencia de la experiencia de la Unión Soviética y de Japón— la propiedad de la tierra en manos de la nación a través de las comunas rurales y concediendo su uso a las familias campesinas.</p>
<p>Desde principios de la década del cincuenta se impulsó un plan de desarrollo acelerado apostando a la industrialización, mediante el modelo soviético de planes quinquenales, con centralidad en la industria pesada. La agricultura debería aprovisionar a la industria naciente, por lo cual se canalizó el excedente agrario hacia determinados fines estratégicos en el marco del plan de desarrollo. En continuidad con el período previo a la revolución, el campo siguió representando la base de acción del pcch conducido por Mao, foco de la industrialización. No fue hasta los años ochenta, luego de las reformas, que la población rural bajó del 80% del total, a raíz del proceso de urbanización creciente. Su arraigo y alianza con el campesinado pobre y medio se puede observar en el éxito del período de colectivización de la propiedad agraria, entre 1955 y 1957 (desde la rápida cooperativización realizada en los primeros años hacia la socialización): según datos provistos por el historiador Eric Hobsbawm, el 84% de los pequeños propietarios campesinos aceptaron pacíficamente la colectivización en menos de un año, sin las violentas consecuencias de la colectivización soviética.</p>
<p>El “Gran Salto Adelante” (o segundo plan quinquenal) de 1958 resultó un fracaso y dejó una enorme hambruna y varias decenas de millones de muertos. La enorme caída en el pbi de los años posteriores se puede ver en el siguiente gráfico, que elaboramos de acuerdo a datos del Banco Mundial (disponibles desde 1961).</p>
<h1><span style="color: #ba2025;"><strong><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-53303 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/cuadernochina-grafico3.jpg" alt="" width="950" height="421" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/cuadernochina-grafico3.jpg 950w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/cuadernochina-grafico3-300x133.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/11/cuadernochina-grafico3-768x340.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"></strong></span></h1>
<p>Por ese entonces aparecían fuertes divisiones dentro del pcch, enfrentándose la línea maoísta con la liderada por Liu Shaochi y su ladero Deng Xiaoping, quienes se hicieron con la jefatura del Estado hacia 1960. Habiendo quedado Mao al frente del Partido, y abocado a la tarea de recobrar la adhesión de las masas en el Ejército y el pueblo en su conjunto, el líder fue sentando las bases para enfrentarse a la línea de Liu y Deng, hasta lanzar en 1966 la campaña de Revolución Cultural contra la burocracia e intelectualidad que según su mirada “retrasaban” la transformación social, bajo concepciones elitistas, tecnocráticas y “seguidoras del camino capitalista”. Este proceso fue de una gran agitación, movilización social y enfrentamiento en el seno de la sociedad y el partido.</p>
<p>No obstante, vista en perspectiva, la era maoísta, marcada por convulsiones propias de los períodos revolucionarios —pensemos en la Revolución Francesa 1789-1799/1815, la Revolución Inglesa 1648-1688, la guerra civil estadounidense 1861-1865 o la Revolución Rusa—, dio cuenta de una gran recuperación económica de China. Para fines de esta etapa los logros en la lucha contra la pobreza y las condiciones miserables de vida del pueblo chino eran muy importantes, lo cual se puede observar en los siguientes indicadores: tuvo un crecimiento promedio de 6% anual; la esperanza de vida al nacer subió de 35 años en 1949 a 68 en 1982, a causa del importante descenso del índice de mortalidad; la cantidad de niños escolarizados creció seis veces, y en término relativos pasó de un 50% del total en 1952 al 96% de 1976; el consumo medio de alimentos de la población superó a gran parte de los países del sur y sureste de Asia —con una población total que casi llegó a duplicarse en esos años, de 540 millones de personas a 950 millones aproximadamente—.</p>
<p>Estos datos ponen de manifiesto la relevancia del período maoísta y las condiciones de solidez relativa en que dejó a China dicho período para su fortísimo despegue económico posterior a las reformas de 1978: en términos de capacidades industriales (con un núcleo significativo de industria pesada e incluso capacidades nucleares), condiciones de capacitación y calificación de la mano de obra (en términos de salud y educación), e incluso de capacidades tecnológicas (que en la etapa aperturista serían recombinadas por el Estado y el sector militar para impulsar el desarrollo explosivo de tecnologías de la información y la comunicación —tics—). A fines de los años setenta China aparecía como uno de los cinco principales polos de poder, aunque muy por detrás de eeuu y la urss, y con un claro retraso económico con respecto a los otros jugadores pero de un enorme peso geopolítico, demostrado en su capacidad de mantener al mismo tiempo grandes tensiones y enfrentamientos con ambas potencias.</p>
<p>En síntesis, con la Revolución de 1949 China logró cambiar el rumbo y lograr el pasaje, primero, de periferia expoliada a semiperiferia ascendente con autonomía estratégica; y, luego, progresivamente, su desarrollo como emergente centro económico mundial y potencia regional y global; erigiéndose en el presente en el principal rival estratégico de Estados Unidos y, por lo tanto, del proyecto occidental anglo-estadounidense dominante desde el siglo xix. A continuación, seguimos revisitando el proceso posterior a la revolución, donde se inician importantes reformas.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Reforma y apertura en tiempos de Deng Xiaoping</h3>
<p>Luego de la muerte de Mao en 1976 y su reemplazo por Deng Xiaoping, el ala partidaria comandada por éste llevó a cabo desde 1978 sucesivas reformas económicas que redefinieron la estrategia de desarrollo chino —las cuales ya estaban presentes en la destacada figura de Zhou Enlai durante el maoísmo—. El propio giro político encabezado por el “gran timonel” en los años setenta para aprovechar un nuevo escenario en la Guerra Fría, marcada por la crisis de 1968 y el inicio de la reconfiguración del capitalismo mundial, generó las condiciones para realizar las reformas. Ya se observan enormes tasas de crecimiento en dicha década, como se ve en el gráfico anterior (a excepción del año 1976), antes de las transformaciones del modelo de desarrollo encabezadas por Deng.</p>
<p>Las reformas se centraron en el pasaje de una economía planificada y centralizada —al estilo soviético pero con características propias— a la incorporación de mecanismos de mercado en el establecimiento de los precios de la economía y, en parte o complementando al Estado, en la asignación de recursos, dando lugar a la categoría de “economía socialista de mercado”. Según el postulado de Deng, no existe vínculo necesario entre economía de mercado y capitalismo. Esto significó, además, una política de “puertas abiertas” para alentar la llegada de inversiones extranjeras y estrechar vínculos con el mundo capitalista, y una búsqueda por “liberar” las fuerzas productivas, priorizando especialmente su desarrollo.</p>
<p>Lo central para entender el proceso de reformas es que China aprovechó la crisis de hegemonía estadounidense de fines de los sesenta y principios de los setenta y el modo en que se resolvieron esas contradicciones. En este sentido,  Por ejemplo, China impidió que las redes financieras del Norte Global controlaran ese territorio y lo absorbieran en el proceso de financiarización, más allá de haber establecido acuerdos específicos en que ambas partes obtuvieron lo suyo, como los <em>joint ventures</em> con la gran banca estadounidense y británica (jp Morgan, Citibank, hsbc, etcétera) y entidades o actores financieros nacionales a partir de los años noventa. A través de estas asociaciones, China logró un proceso de aprendizaje clave de la administración financiera estratégica sin poner en manos de la banca internacional el ahorro nacional.</p>
<p>También es cierto que el acercamiento geopolítico entre Washington y Beijing, como quedó de manifiesto en la visita de Richard Nixon a China en 1972 y los acuerdos con Mao para “normalizar” las relaciones entre ambas potencias, resultó clave en esta historia. De hecho, fue fundamental la ruptura entre la Unión Soviética y China para modificar profundamente el escenario de poder mundial a favor de Estados Unidos y, a su vez, sortear los bloqueos geopolíticos que tenía Beijing para destrabar el exponencial desarrollo de las últimas décadas. Pero ese acercamiento no implicó de ninguna forma una subordinación estratégica de Beijing, ni consistió en un “desarrollo a convite” con el que siempre se ilusionan buena parte de elites latinoamericanas. China no devino en un “vasallo” con el territorio militarmente ocupado, como Alemania y Japón luego de sus respectivas derrotas en la Segunda Guerra Mundial, donde les fue “permitido” re-emerger pero bajo esa condición.</p>
<p>Es importante señalar que el proceso de reformas de mercado en China no debe confundirse con las implementadas por el Consenso de Washington, como insiste el <a href="https://www.elpaisdigital.com.ar/contenido/el-ascenso-de-china-frente-al-relato-neoliberal/30492">relato neoliberal</a>.</p>
<p>Estas reformas significaron, entre otras cuestiones, reconstruir los acuerdos con la burguesía china de la diáspora posrevolucionaria y no sólo o preponderantemente con el gran capital occidental. Esto se realizó pero bajo el liderazgo del pcch, donde juegan un rol protagónico obreros y sobre todo campesinos ,los cuales aún en la actualidad tienen la mayor representación en el partido (28%).</p>
<p>Las reformas de 1978 se produjeron en plena contraofensiva neoliberal y reconfiguración del capitalismo mundial, en una situación de declive general de todos los regímenes socialistas (en el marco de la crisis de acumulación a nivel mundial desde mediados de los años setenta), en un contexto en que todos los indicadores caían: pbi, producción industrial y agrícola, inversiones, productividad del trabajo, ingreso per cápita.</p>
<p>De manera pragmática (cristalizada en la frase “no importa si el gato es negro o blanco, mientras pueda cazar ratones es un buen gato”), Deng veía necesario realizar cambios radicales en la economía planificada y centralizada, concibiendo como central desarrollar la ciencia y la tecnología para alcanzar la modernización socioeconómica —con los conocimientos, la educación y el personal especializado necesarios para ello—, como también en la industria, la agricultura y las Fuerzas Armadas. En otras palabras, luego de la etapa de fortalecimiento y reconstrucción del poder nacional, se buscaba avanzar hacia una etapa de crecimiento, “modernización” a la manera China y desarrollo de las fuerzas productivas para alcanzar en un futuro a los países más avanzados en estos aspectos.</p>
<p>Según la visión de las élites dirigentes chinas de ese entonces, hasta tanto el desarrollo de las fuerzas productivas no unificara y articulara técnicamente el conjunto del sistema industrial, por más que la propiedad de los medios de producción fuera estatal, el intercambio tendría un carácter mercantil, debiendo regirse por la ley del valor y siendo imposible regularlo centralmente. Por ello, lo central de la reforma no era privatizar las empresas públicas (lo cual se hizo durante los años noventa pero parcialmente y de modo mucho más controlado que en la urss, por caso, manteniendo los núcleos estratégicos en manos del Estado), sino obligarlas a competir en mercados progresivamente desregulados. Igualmente, el Estado conservó el control de importantes sectores estratégicos de la economía, como se ha señalado: en la industria, la banca, la propiedad de la tierra, el transporte y las telecomunicaciones, mientras se efectuaba una liberalización creciente y se autorizaba la constitución de empresas privadas.</p>
<p>Este proceso dio lugar a la constitución de múltiples formas empresariales: sociedades privadas, empresas individuales, mixtas (público-privadas), cooperativas, y de pueblos y aldeas. Estas últimas, de propiedad colectiva, jugaron un rol central en el desarrollo económico, según señala <a href="https://www.akal.com/libro/adam-smith-en-pekin_33957/">Giovanni Arrighi</a>. A la par, mediante una política de “puertas abiertas” que buscaba estrechar vínculos con el mundo capitalista, se autorizó y atrajo inversión extranjera directa (ied) en las áreas en que se requería <em>know-how</em> (“saber-hacer”, o conocimiento estratégico) específico, impulsando asociaciones con empresas de capital local, buscando que se efectuara transferencia tecnológica y la realización local de las tareas de i+d (Investigación y Desarrollo). Desde 1980 se constituyeron las denominadas Zonas Económicas Especiales en las ciudades de la costa sudeste (antiguos puertos de la economía imperial, próximos a Japón y los “cuatro tigres”, nuevo polo dinámico de acumulación), concebidas como regiones orientadas al procesamiento de mercancías para la exportación, utilizando capital y tecnología extranjera. Ya en 1984 eran 14 las ciudades de este tipo. Apostando fuertemente allí al desarrollo de industrias intensivas en conocimiento, algunas de esas ciudades se han transformado por completo, convirtiéndose hoy en día en focos de investigación de alta tecnología.</p>
<p>Para atraer ied se efectuaron ciertas concesiones como baja carga impositiva y disponibilidad de mano de obra barata. Un rol central jugó en ello el capital de la diáspora china de ultramar, convocado por Deng para abrir China al comercio y la inversión extranjera, en la búsqueda también de recobrar Hong Kong, Macao y, eventualmente, Taiwán. Sin embargo, los sucesivos planes estatales de desarrollo son los que definen en qué áreas y bajo qué modalidades se llevan a cabo las aperturas a los capitales extranjeros. De esta manera, se ha buscado proteger las ventajas de una economía nacional autocentrada, informalmente protegida por el lenguaje, aduanas, instituciones y redes accesibles a personas extranjeras sólo a través de intermediarios locales. A la par, ya desde 1979 se restablecieron relaciones plenas con eeuu, comenzaron a aceptarse créditos directos y ayudas al desarrollo por parte del Fondo Monetario Internacional (fmi) y el Banco Mundial (bm). Sucesivas reformas avanzaron durante los ochenta y los noventa con el proceso de desregulación y liberalización de la economía, llegando a ingresar en 2001 a la Organización Mundial del Comercio.</p>
<p>Como consecuencia de todo este proceso de reformas, el crecimiento económico se disparó enormemente: luego de 1978 la media anual pasó a situarse en 9,5%, ubicándose entre los principales puestos a nivel mundial. A la par, mientras que entre 1989-2001 la participación promedio de China en el pbi mundial se ubicaba en torno a un 4%, entre 2008-2016, luego de la crisis económica mundial que afectó particularmente a los países centrales, esa participación pasó a ubicarse en torno a un 10% y ahora 16% en términos nominales (18,6% medido en términos de poder adquisitivo).</p>
<p>Cabe señalar que, como consecuencia de las reformas han aparecido una creciente desigualdad y una pobreza persistente (aunque se eliminó la pobreza extrema), como efectos de los patrones desiguales de desarrollo entre el campo y la ciudad, y la creciente multiplicación de millonarios en los grandes centros urbanos. Pero ello lo trataremos cuando analicemos más en profundidad el modelo de desarrollo de China.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Actual reposicionamiento geopolítico chino de la mano de Xi Jinping</h3>
<p>China comenzó a mostrar otros posicionamientos políticos estratégicos ya desde 1999-2001, al inicio de la transición geopolítica contemporánea, lo cual se relaciona como profundizaremos próximamente con: la recuperación de Hong Kong y Macao (en manos del Reino Unido y Portugal, respectivamente), en su proceso de avanzar en la integridad territorial; el ingreso a la omc como nueva potencia comercial; los posicionamientos contrapuestos a Occidente en la guerra de la antigua Yugoslavia (y el bombardeo por parte de Estados Unidos de la embajada china en Belgrado “por error”); y el establecimiento de la Organización para la Cooperación de Shanghái junto a Rusia y cuatro países de Asia central que habían sido parte de la urss, para poner frente al avance occidental en Eurasia, entre otras cuestiones. Pero entre la gran crisis económica global de 2008, la reformulación de su modelo de desarrollo y el lanzamiento de los bric en 2009, y la asunción de Xi Jinping en 2013 se produce un giro clave en China que abre una tercera etapa, la cual se desarrolla al calor de la profundización de la crisis de hegemonía angloestadounidense.</p>
<p>Esta nueva etapa significa la emergencia de China como potencia global, el intento por devenir de gran semiperiferia industrial subordinada al Norte Global hacia un nuevo centro económico, y el surgimiento desde Beijing de otra globalización y de otro modelo de desarrollo que convierten a China en el principal rival sistémico para los grupos de poder y clases dominantes del viejo orden mundial.</p>
<p>China expresa, en tanto también cristaliza parcialmente un conjunto de tendencias, un desafío sistémico sobre (valga la redundancia) el sistema mundial moderno capitalista y occidentalocéntrico, dando cuenta de algunas de sus contradicciones fundamentales. En esta nueva etapa se observa claramente que China y el despliegue de sus alianzas, iniciativa y presencia económica global quiebra los monopolios que sustentaban la primacía de Estados Unidos y el Norte Global: científico-tecnológico, monetario-financiero, control de los recursos naturales globales, grandes complejos industriales-militares y armas de destrucción masiva, medios masivos de comunicación y grandes plataformas de información y comunicación, geocultura (universalismo occidental) y matrices ideológico-culturales dominantes.</p>
<p>Aunque esta etapa la abordaremos en los dos próximos cuadernos, a grandes rasgos es posible afirmar que, desde los primeros años del siglo xxi, el gigante asiático avanza en el despliegue de su proyecto geopolítico y se posiciona como uno de los principales actores de peso a nivel global. Luego de la crisis de 2008-2009, el modelo de desarrollo chino comienza a reorientarse con un marcado perfil “mercadointernista”, potenciando el desarrollo productivo y tecnológico endógeno como soporte para la generación del valor agregado y la posibilidad de ampliar su desarrollo “hacia el oeste”, en zonas que habían quedado muy desbalanceadas en relación a las zonas costeras antes mencionadas. Estas políticas se encuadran en los Planes Quinquenales a partir de los cuales China proyecta estratégicamente su desarrollo a futuro, y marca los lineamientos y áreas centrales. En el 14º Plan Quinquenal presentado en marzo de este año, se planifican los próximos cinco años, pero se llega hasta el año 2060, enfatizando la ciencia y tecnología, el desarrollo industrial, la inteligencia artificial, energía nuclear, entre varios aspectos de relevancia. Se anuncia la búsqueda de autosuficiencia en términos de <a href="https://www.nature.com/articles/d41586-021-00638-3">ciencia y tecnología</a>, un área clave en vinculación directa con la industria, con una meta de aumento de más del 7% anual en la inversión en I+D.</p>
<p>Al mismo tiempo, el posicionamiento de China es posible a raíz del incremento de los vínculos con cada vez mayores zonas del mundo, entre las cuales se destacan los países del Sur Global. Ahora bien, China estrecha vínculos con los cinco continentes, sin dejar afuera ningún país. Muestra cabal de ello es el lanzamiento en el año 2013 de la Iniciativa de la Franja y el Cinturón , junto con el lanzamiento de una arquitectura financiera de la mano de la internacionalización del yuan o renminbi (aprobado por el fmi en su canasta de monedas desde el año 2015, junto con el dólar, el euro, la libra esterlina y el yen japonés).</p>
<h2 id="china2modernización" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">La modernización china vista desde América Latina </span></h2>
<p>Cuando se habla de la <em>modernización</em>, es importante señalar el sentido que esta idea tiene para los países de América Latina, y las diferencias en cuanto a su significado para el caso de China. En la región latinoamericana, la modernización fue propiciada con la mirada puesta en los países centrales, con una mirada eurocéntrica y exógena, alejada de las especificidades, problemáticas y necesidades de las poblaciones locales. Esto significó la acentuación del rol de periferia primario-exportadora y la permanente restricción a los proyectos de desarrollo autónomo que buscaban quebrar con las condiciones estructurales de la dependencia y la subordinación. De esta manera, hablar de modernización en América Latina se asemeja más a la experiencia china como semicolonia del imperialismo capitalista occidental desde las guerras del opio hasta su revolución nacional y social, que al proceso de reformas desde 1978 y a su realidad actual.</p>
<p>Las visiones occidentales dominantes construyen un relato en el que se desatacan superficialmente y omitiendo elementos centrales de las reformas de mercado de Deng Xiaoping hacia finales de los setenta, con la modernización de la industria, la ciencia y tecnología, la agricultura y la defensa. Bajo ese relato se pretende identificar dichas reformas con el Consenso de Washington y el recetario neoliberal, a la vez que obviamente se omiten la importancia y las continuidades del proceso que se inicia en 1911 y continúa con la revolución nacional y social de 1949 como hito en la recuperación de la soberanía y la constitución de la República Popular al que hemos hecho referencia.</p>
<p>Una diferencia fundamental entre la llamada “modernización” de América Latina —en realidad su periferialización que se iniciaron bajo la aplicación de políticas de exterminio y terror mediante dictaduras neoliberales cívico-militares— y la de China deriva de que se hizo desde un proyecto nacional, utilizando como herramienta  fundamental la planificación estratégica,  a través de sus planes quinquenales, buscando compatibilizar la acumulación con el desarrollo (aunque no esté exento de contradicciones, fuertes diputas sociales y situaciones negativas para las clases trabajadoras). Por el contrario, en nuestra región, el desarrollo de las fuerzas productivas se conjugó con la destrucción de las capacidades estatales y la apertura a inversión extranjera junto con la presencia de empresas transnacionales que lograron instaurar sus reglas de juego. Lejos de sostener los grados de control y regulación estatal de China sobre los flujos de dinero, sobre la información y sobre su cuenta de capital, América Latina profundizó su periferialización en términos de reprimarización económica, pérdida de capacidades estatales nacionales, caída del pbi per cápita en relación a los países centrales, precarización de las relaciones laborales y, en general, acentuó la tendencia al aumento constante de las múltiples desigualdades.</p>
<h2 id="china2implicancias" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Implicancias para el Sur Global y Nuestra América </span></h2>
<p>El sendero de desarrollo chino da cuenta de un proyecto soberano de particularidades nacionales desde su revolución de 1949. Un sendero que se desplegó primero bajo una concepción de fuerte planificación centralizada y pretensiones de autarquía durante la etapa maoísta; y luego bajo una concepción de apertura y liberalización desde 1978, aunque preservando la dirección estatal del desarrollo económico por fuera de las manos de los capitalistas. Los impresionantes logros económicos, sociales, educativos, en materia de salud, entre otras cuestiones, son particularmente excepcionales por tratarse del país más poblado del planeta, de enorme extensión territorial y con un pueblo padeciente de una gran pobreza en su “siglo de humillación”. Representa en ello el caso más “exitoso” de desarrollo soberano por parte de una nación periférica en el sistema mundial capitalista moderno.</p>
<p>Por ello, recuperar su historia nos permite repensar los significados de esta para otras zonas del mundo como el Sur Global. Esta presenta importantes lecciones, entonces, para estrategias de desarrollo soberano de otras naciones periféricas, en cuanto al rol potenciador y planificador del Estado en la orientación del desarrollo, la articulación, disciplinamiento y negociación con el capital extranjero en función de sus aportes en materia de inversión y <em>know-how</em>, y una diversidad de instrumentos y políticas para motorizar el desarrollo.</p>
<p>A su vez, ante un sistema mundial en descomposición, el ascenso chino abre interrogantes fundamentales para proyectar el mundo al que dará lugar este siglo. Resulta sugerente la proyección de un escenario en que el nuevo liderazgo mundial deba asumir la forma de una alianza de múltiples Estados continentales, en tanto comunidad que agrupe de forma más democrática a los grandes espacios culturales, en pos de configurar un nuevo sistema mundial. Ello encuentra condiciones de posibilidad ante la segunda oleada del despertar de naciones y pueblos del Sur al que asistimos. Aparece la posibilidad, pues, de la <a href="https://alacip.org/?p=6646">recreación de un “nuevo Bandung</a>”, como alianza  de las naciones del Sur Global para una nueva propuesta civilizatoria, ya no con fundamentos estrictamente político-ideológicos sino también económicos, y por ende más sólidos. Los parámetros civilizatorios occidentales de desarrollo que están en el centro del sistema se encuentran hoy día en crisis, dada la insostenibilidad del actual modo de producción dominante. El rol que jugará China en cuanto a su modo y estrategia de desarrollo, así como en la reconfiguración del orden mundial, y bajo qué parámetros y concepciones se dará ello, constituyen cuestiones de primer orden para el futuro de la humanidad.</p>
<p>En Nuestra América, en particular, puede servir el caso chino para pensar cómo resolvemos el trilema en que nos encontramos: 1) avanzar en una mayor periferialización regional atados y subordinados en términos políticos y estratégicos a un polo de poder y a un mundo en crisis y declive; 2) ir hacia una neodependencia económica con China, combinada con una subordinación estratégica al <em>establishment </em>occidental (con sus distintas fracciones en pugna), para garantizar el “desarrollo del subdesarrollo” en la fórmula de André Gunder Frank: es decir, otorgar alguna viabilidad a los proyectos de factorías primarioexportadoras de los viejos grupos dominantes; 3) aprovechar el escenario de crisis mundial y multipolaridad relativa, así como las implicancias del ascenso de China y las profundas transformaciones del sistema mundial —en donde aumentan las presiones por democratizar la riqueza y el poder— para resolver las tareas de la segunda independencia.</p>
<p>Una enseñanza fundamental es que copiar modelos no sirve. Ni los occidentales ni los asiáticos. Como decía Simón Rodríguez, “o inventamos o erramos”.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Crisis de hegemonía y ascenso de China. Seis tendencias para una transición</title>
		<link>https://dev.thetricontinental.org/es/nuestra-america/chinacuaderno1/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Jul 2021 19:20:02 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://thetricontinental.org/?post_type=argentina&#038;p=47567</guid>

					<description><![CDATA[En este segundo cuaderno reconstruimos el proceso de ascenso de Asia-Pacífico, en general, y China, en particular, a partir del análisis de tres etapas desde la Revolución China de 1949 hasta el presente, recorriendo las áreas donde se despliega la superioridad estatal y el proyecto geopolítico del gigante asiático.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--author" style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400; color: #000000;">Gabriel Merino, Julián Bilmes y Amanda Barrenengoa</span></div>
<p><span style="font-weight: 400;">El siguiente trabajo aborda las principales características y dimensiones de lo que aquí se denomina como </span><i><span style="font-weight: 400;">transición histórico-espacial</span></i><span style="font-weight: 400;"> del sistema mundial, la cual se ha agudizado a raíz de la actual pandemia de Covid-19, delineando un </span><i><span style="font-weight: 400;">nuevo momento geopolítico mundial</span></i><span style="font-weight: 400;">. Se recorre de manera general cada una de las principales tendencias de esta transición, remarcando con mayor centralidad el ascenso de China a la par del declive de Estados Unidos: ambos procesos como indicadores de la actual crisis de hegemonía estadounidense (o en términos más completos anglo-estadounidense) y, por consiguiente, del orden mundial. Asimismo, se recuperan las contradicciones político-estratégicas y las guerras híbridas en distintos escenarios, incluyendo también la crisis económica global y el nuevo paradigma tecno-económico emergente, todas expresiones de la crisis de época o sistémica a la que asistimos. Hacia el final se abordan algunos efectos que produce todo este proceso descrito en las periferias del mundo -también denominadas Sur Global-, abordando en particular las perspectivas que se abren para Nuestra América, frente a la disyuntiva entre la profundización de la condición periférica, dependiente y “subdesarrollada” de nuestros países o bien la recuperación de la apuesta por la autonomía, la soberanía popular y la justicia social.</span></p>
<h2 style="margin:3em 0;"></h2>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-47776 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210727_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_Web-Feature.jpg" alt="" width="950" height="713"></p>
<h2 id="introducción" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">Introducción<br>
La transición histórico-espacial del sistema mundial y sus seis tendencias principales</span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Mientras transitamos el segundo año de la pandemia por COVID-19, la situación mundial se presenta por demás caótica, convulsionada y conflictiva en estos tiempos. En ese marco, asistimos por estos meses a una disputa global por las vacunas, luego de la puja previa en torno a respiradores, mascarillas y otros insumos clave. Esta situación que enfrenta la humanidad ha puesto de manifiesto con mayor visibilidad la magnitud de la crisis y transición del sistema mundial en que nos encontramos, lo cual se ha podido apreciar en distintas señales y síntomas que ponen de manifiesto, con mayor intensidad, el declive estadounidense y occidental frente al ascenso de Asia-Pacífico, con China a la cabeza. Ésta ha tenido un rol destacado en lo que hace a gestión social de la pandemia, cooperación y capacidad de liderazgo a nivel interno e internacional, frente a la falta de cooperación, coordinación y articulación de las respuestas en el mundo occidental, además del propio desastre sanitario y el golpe económico sufrido.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El nuevo escenario es definido por el general chino retirado e intelectual dedicado al pensamiento estratégico, Qiao Liang, quien afirma en una entrevista (Dangdai, 2020), que: “</span><i><span style="font-weight: 400;">Lo importante no es saber cuán terrible es la epidemia sino darse cuenta de que tanto los Estados Unidos como Occidente han tenido su hora de gloria y que ahora se han enfrentado a esta epidemia mientras se encuentran en declive.” </span></i></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La crisis de hegemonía de EEUU ha entrado en el devenir hacia la fase de desorden global o caos sistémico, profundizando los antagonismos estructurales del sistema capitalista mundial y su orden geopolítico como también las luchas para definir nuevos rumbos frente a la crisis civilizatoria que atravesamos. En este sentido, la pandemia ha actuado como catalizador de un conjunto de tendencias previas de la transición histórico-espacial del sistema mundial. La aceleración de dichas tendencias han definido un </span><a href="https://www.elpaisdigital.com.ar/contenido/china-y-el-nuevo-momento-geopoltico-mundial/26634"><span style="font-weight: 400;">nuevo momento geopolítico mundial</span></a><span style="font-weight: 400;">. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se presenta a continuación el abordaje general con el cual se trabajará, así como una lectura sobre </span><span style="font-weight: 400;">las 6 dimensiones y tendencias generales de la crisis y transición del sistema mundial contemporáneo, en sus escalas y temporalidades, estructurada en: 1) El ascenso de Asia Pacífico, y de China en particular, a la par del declive relativo del Occidente geopolítico, y de Estados Unidos en particular; 2) La crisis de hegemonía y del orden mundial; 3) Las crecientes contradicciones político-estratégicas y generalización de la Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada; 4) La crisis del capitalismo financiero neoliberal y de la llamada globalización; 5) El nuevo paradigma tecno-económico (“Cuarta Revolución Industrial”) en ascenso; 6) Una serie de procesos disruptivos en los países periféricos y semiperiféricos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se realizará aquí una breve presentación general sobre cada una de estas dimensiones que consideramos claves, y se profundizará particularmente sobre cada una de ellas en futuros documentos, empezando por la situación de China.</span></p>
<h2 id="dimension1" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">1. Declive de EEUU y ascenso de China</span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Se identifica como una de las dimensiones centrales de la transición actual el ascenso de China, a la par de la crisis de hegemonía y el declive estadounidense. Ello se hizo manifiesto a nivel mundial ante la actual pandemia a raíz de la </span><span style="font-weight: 400;">superioridad en materia socio-estatal que han venido mostrando los países asiáticos </span><span style="font-weight: 400;">para enfrentar este enorme desafío, logrando un bajo número de fallecidos y a su vez mantener funcionando sus economías. El contraste fue notorio con el mundo occidental -con Estados Unidos y el Reino Unido a la cabeza- junto con sus aliados más cercanos en el Sur como el gobierno de Brasil, que se destacaron por las cifras de muertes y contagios, descoordinación entre países (y hasta una carrera de robo de insumos), combinadas con profundas caídas en sus economías. A la par, China viene encabezando la producción y exportación de vacunas a nivel mundial y en América Latina y el Sur Global en particular (con sus vacunas Sinopharm, Sinovac y CanSino), donde también ha sido importante el alcance de la vacuna rusa Sputnik V, mientras EEUU y Europa se quedaron atrás, debiendo priorizar su complicada situación interna.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> <img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-47598 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos1.jpg" alt="" width="950" height="600" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos1.jpg 950w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos1-300x189.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos1-768x485.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Para analizar esta coyuntura debemos tener presente que, en términos más amplios, </span><span style="font-weight: 400;">nos encontramos atravesando un proceso inverso al acontecido desde fines del siglo XV de expansión y ascenso de Occidente y de su consolidación a fines del siglo XVIII y principios del XIX, conocido como “Gran Divergencia”. </span><span style="font-weight: 400;">En esos años, mediante la conquista del subcontinente indio y las “guerras del opio” contra China, el imperialismo capitalista occidental encabezado por Gran Bretaña logró subordinar y periferializar las economías más importantes del mundo y las dos civilizaciones milenarias más populosas, para imponer el sistema capitalista moderno a nivel mundial. Este evento constituye un punto de quiebre que cristaliza el ascenso de Europa occidental iniciado a finales del siglo XV y que, a finales del siglo XIX completa, con la conquista de África, su extensión al conjunto del orbe. </span><span style="font-weight: 400;">Entre 1492 y 1914, Europa occidental conquistó el 84% del mundo, imponiendo su modernidad.</span><span style="font-weight: 400;"> </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En contraste, en el siglo XX y luego del vertiginoso ascenso de Japón y de los “tigres asiáticos” re-emerge China, centro histórico de Asia Pacífico, que hasta principios del siglo XIX explicaba una tercera parte de la economía mundial. </span><span style="font-weight: 400;">Es a partir del proceso de liberación victorioso que se cristaliza en la revolución nacional y social de 1949 cuando comienza la reconstrucción del poder nacional de China, en donde las fuerzas populares protagonizadas por el campesinado pobre aprovechan la oportunidad estratégica del período de guerra interimperialista, crisis y transición hegemónica 1910/1914-1945/1953.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por otro lado, los primeros signos de reacción en Asia Pacífico se dieron con el desarrollo de Japón, primero como imperialismo capitalista con proyecto propio y luego, derrotado en las guerras mundiales, como pilar clave en dicha región de la hegemonía anglo-estadounidense de la posguerra y parte del núcleo orgánico del capitalismo mundial, conocido como Norte Global. De hecho, Japón fue central en el desarrollo de la llamada “Tercera Revolución Industrial”, como denominación de la mundialización de la Revolución Científico-Técnica, centrada en el paradigma micro-electrónico o electro-informático y el avance de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Esta transformación guardó relación con el desarrollo de la forma transnacionalizada del capitalismo y la instauración de las relaciones de producción bajo el paradigma flexible. En ese marco, la región que se conoce como Asia-Pacífico, o Asia oriental, emergió como nuevo polo dinámico de acumulación del capitalismo mundial -en tanto “solución espacial” para la crisis de acumulación de esos años. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Sin embargo, el caso de China (como también Vietnam) es especial por su escala, por su historia y por las características de su proyecto político y modelo de desarrollo. </span><span style="font-weight: 400;">El “aprovechamiento” por parte de China de la deslocalización industrial y la transnacionalización económica, así como las reformas de mercado, se hicieron desde un proyecto de desarrollo nacional que implicó, entre otras cuestiones, el establecimiento (obligatorio) de empresas conjuntas entre el capital extranjero y sectores productivos nacionales, la protección industrial nacional, y la exigencia de transferir tecnología y de reinvertir en China las ganancias obtenidas. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Además, China mantuvo el control de la economía nacional mediante grandes conglomerados estatales que canalizan el excedente hacia una enorme inversión para desarrollar las fuerzas productivas, los cuales conquistaron el mercado mundial. Es decir, lejos estuvo China de adoptar un modelo de privatización salvaje, extranjerización de la matriz productiva y las famosas “reconversiones productivas” que terminaron siendo, bajo las experiencias comandadas por el programa financiero neoliberal, grandes procesos de desindustrialización y destrucción de la complejidad productiva. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Las reformas de 1978, si bien dieron lugar a una liberalización y privatización de distintos sectores económicos, se gestionaron bajo la dirección estatal de acuerdo a planes estratégicos que evaluaban cómo y dónde abrir su economía, en pos de captar los flujos excedentes de capital abundantes en el este asiático. A la par, se sostuvo la propiedad colectiva de la tierra (impuesta con la revolución del ‘49) y el control estatal de sectores y palancas estratégicas de la economía nacional, como el sector bancario y la moneda. Las características de este modelo serán un tema central para abordar en próximos documentos.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Otra cuestión que suele resaltarse del ascenso de China es su acercamiento a Estados Unidos en los años 1970’ y casi que se establece la misma caracterización del desarrollo japonés luego de la derrota en la Segunda Guerra Mundial. Es cierto que el acercamiento geopolítico entre Washington y Beijing, como quedó de manifiesto en la visita de Richard Nixon a China en 1972 y los acuerdos con Mao para “normalizar” las relaciones entre ambas potencias, resultó clave en esta historia. De hecho, fue fundamental el distanciamiento entre la Unión Soviética y China para modificar profundamente el escenario de poder mundial a favor de Estados Unidos y, a su vez, sortear los bloqueos geopolíticos que tenía Beijing para destrabar el exponencial desarrollo de las últimas décadas. Pero ese acercamiento no implicó de ninguna forma una subordinación estratégica de Beijing, ni consistió en un “desarrollo a convite” o “capitalismo asociado” con el que siempre se ilusionan buena parte de elites latinoamericanas de Brasil, México o Argentina. China no devino en un “vasallo” con el territorio militarmente ocupado como Alemania y Japón luego de sus respectivas derrotas en la Segunda Guerra Mundial, donde les fue “permitido” re-emerger, pero bajo esa condición. En contraste, en la actualidad es tal el desarrollo de las fuerzas armadas chinas que ya eclipsaron la primacía que tenía Estados Unidos en el Pacífico occidental y junto con Rusia han desarticulado el monopolio de la supremacía militar absoluta que ostentaba el Pentágono. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Retomando nuestro argumento, es central observar, entonces, que el acercamiento geopolítico de Beijing con Washington se hizo desde un lugar de fortaleza relativa en el sistema mundial, sobre un Estado de dimensiones continentales y con la mayor población mundial organizada para llevar adelante una revolución nacional y social, cuya fortaleza militar ya había quedado demostrada en la Guerra de Corea (1950-1953) cuando obligó a las fuerzas lideradas por Estados Unidos a retroceder al sur del paralelo 38. Con autonomía estratégica, China aprovechó la crisis de la hegemonía estadounidense de 1970 para resolver el peligro de quedar atrapada en el juego de pinzas en el que la encerraba Moscú (lo que incluía una posibilidad de enfrentamiento bélico de gran escala luego del conflicto militar fronterizo de 1969 con la gran potencia nuclear euroasiática) y acercarse a Washington desde una posición de fortaleza, sin tener que hacer concesiones que dañasen los intereses nacionales. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">También desde esta perspectiva geopolítica puede entenderse el significado del giro que se produce a partir de 1996-1997 cuando, en plena era unipolar, se produce un acercamiento entre China y Rusia frente al expansionismo amenazante de Estados Unidos y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) sobre puntos clave de Asia central. Esta alianza finalmente se cristalizará en la creación de la Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS) en 2001 –junto a Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán— y desde ahí se fortalece para cambiar el escenario político-estratégico mundial. No es un dato casual que meses después del relanzamiento de la OCS, Washington y sus aliados inician la guerra e invasión en Afganistán, justo en la frontera sur de dicha región, paso estratégico de las viejas rutas comerciales euroasiáticas y Estado tapón que en su momento utilizó el imperio británico frente a la expansión hacia el sur del imperio ruso y donde también se detuvo el avance de la URSS. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Si en la transición anterior China salió despojándose de su subordinación neocolonial y abrió su propio camino nacional-popular para escapar de su absoluta periferialización, en esta transición se observa el salto de semi-periferia a centro económico en sus núcleo más desarrollados </span><span style="font-weight: 400;">(que enlazan a una población de 400 millones de personas con ingresos comparables a los de  Europa occidental)</span><span style="font-weight: 400;"> y de potencia regional a gran potencia mundial, constituyéndose en un “rival sistémico” –como suelen señalar en los documentos oficiales—, para la declinante primacía anglo-estadounidense y occidental que lleva dos siglos.</span></p>
<h2 id="dimension2" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">2. Crisis del orden mundial</span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Cuando hablamos de crisis de hegemonía nos referimos a la descomposición del orden mundial que se estableció luego de la Segunda Guerra Mundial y que se fue reconfigurando hacia 1980-1990. Este orden implicó el ejercicio de dominación y conducción anglo-estadounidense y del Norte Global en el entramado político y económico mundial, a partir de un conjunto de instituciones que buscaban darle cierto orden y equilibrio al sistema internacional. Éste se fue resquebrajando y perdiendo grados de consenso, hasta su carácter hegemónico en el tablero mundial luego del 2008. Estados Unidos mantuvo su dominio, pero dejó de ser el árbitro global exclusivo de las relaciones internacionales.</span><span style="font-weight: 400;"> </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La primacía del dólar y el poder financiero, la capacidad militar del Pentágono y sus satélites y el liderazgo científico-tecnológico son indicadores insoslayables del poderío de Estados Unidos. Pero el poderío relativo de una potencia y de sus grupos dominantes no quiere decir hegemonía: ésta implica el establecimiento de un conjunto de alianzas con otros grupos dominantes y subalternos del sistema que edifican un determinado orden mundial; la capacidad de instituir un sistema de mediaciones, un orden que cristaliza las jerarquías interestatales, de ejercer el arbitraje y administrar el uso de la fuerza como elemento disciplinante en última instancia; la construcción de una legitimidad (fuerza más consenso) anclada en aspectos materiales y simbólicos; y la coordinación de un proceso de acumulación ampliada de la economía mundial, entre las principales cuestiones. Son justamente estos aspectos claves de toda hegemonía los que se han quebrado.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Este proceso de crisis de hegemonía se corresponde con la pérdida de poder relativo en el plano económico y tecnológico mundial, la falta de consenso con los aliados de la OTAN en distintos tableros (de los cuales la invasión y la guerra en Irak desde 2003 es uno), sus contradicciones internas entre las clases dominantes y el malestar de las clases populares ante la creciente polarización social. En el plano interno, esta crisis puede verse desde finales de los años noventa con la derogación de la Ley Glass-Steagall en 1999 (promulgada por Roosevelt en 1933), que regulaba a los bancos comerciales y separaba las actividades comerciales de la banca de inversión, buscando mitigar la especulación financiera. En el marco del proceso de globalización neoliberal, se da una puja interna entre fracciones de poder -globalistas y americanistas- en ascenso, que genera un punto de inflexión con la crisis financiera global de 2008.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En paralelo, el gran crecimiento de la economía china, la crisis europea en 2009 y las tensiones con el eje franco-alemán, el lanzamiento de los BRICS en 2009 como expresión de las grandes potencias de la semi-periferia emergente, la guerra en Ucrania en 2014 y los procesos de insubordinación del Sur Global contribuyen al resquebrajamiento del mundo unipolar. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La crisis económica devenida en política y social se vislumbra con mayor fuerza con la derrota de Hillary Clinton en las elecciones presidenciales de 2016 ante Donald Trump. La administración republicana termina de consolidar el proceso de declive que ya venía transitando EE.UU. como líder global en tanto las fuerzas nacionalistas-americanistas que asumen el gobierno desarrollan una política que golpea algunos de los pilares del orden mundial en crisis, como la propia OTAN, la Organización Mundial del Comercio que es atacada por el proteccionismo estadounidense y la desarticulación de grandes tratados multilaterales de comercio e inversión -el Tratado Trans-Pacífico y el Tratado Transatlántico para el Comercio y la Inversión- que constituían una herramienta fundamental para contener a China, Rusia y los poderes emergentes, entre otras cuestiones. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Más allá de las pugnas a su interior, la política exterior estadounidense en términos geopolíticos y de seguridad internacional, se enfoca estratégicamente en el tablero euroasiático, buscando frenar toda posibilidad de que se consolide como un bloque continental. </span><span style="font-weight: 400;">También se propone evitar el ascenso de potencias que pongan en jaque su rol de liderazgo, o cuyas aspiraciones contradigan sus objetivos de política exterior. En ambos puntos, la estrategia china choca con el horizonte de poder estadounidense. Tanto por la propuesta de “Belt and Road Initiative” (Iniciativa de la Franja y la Ruta, o BRI por sus siglas en inglés, también llamada “nueva ruta de la seda”) como con su rol preponderante a nivel mundial, el histórico rol hegemónico de Estados Unidos se encuentra hoy en crisis.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Esto implica también la crisis de la hegemonía del eje atlantista de la economía mundial, que tradicionalmente dirigió la civilización capitalista moderna, centrada, principalmente, en el norte de Europa Occidental y, actualmente, bajo la dirección estadounidense. Con el ascenso de Asia Pacífico y la reorientación del proceso de acumulación hacia allí, se profundizan también las contradicciones entre unipolaridad y multipolaridad relativa. A la par que se comenzaba a desgastar el diseño mundial unipolar –con la preponderancia de un polo de poder mundial- hacia 2001-2008, se pueden identificar dos geoestrategias diferenciadas a lo interno de EEUU y el mundo angloamericano en general (incluyendo también al Reino Unido y sus esferas de influencia): la unipolaridad unilateral, expresada por Trump, y parcialmente por Bush anteriormente, miembros del Partido Republicano, en EEUU, y la unipolaridad multilateral, más vinculada a los globalistas del Partido Demócrata como Clinton, Obama y ahora Biden. En cambio, la multipolaridad pone de manifiesto la posibilidad de distintos bloques de poder con sus respectivos proyectos estratégicos. Actualmente, el orden mundial articula rasgos de multipolaridad con bipolaridad (EEUU vs. China).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Así, ante la imposibilidad del viejo orden mundial de subordinar y contener a los nuevos polos de poder emergentes, de los cuales China es su principal expresión, Estados Unidos no encuentra un modo de superación de dicha crisis. Asimismo, dentro del propio Norte Global avanza hace algunos años la  emergencia de nacionalismos conservadores que rechazan las recetas neoliberales y globalizadoras y proponen un retorno a políticas nacionalistas y proteccionistas, con cierto apoyo popular, como en los paradigmáticos casos de Donald Trump y Boris Johnson, desde el poder del Estado en EEUU y Reino Unido. Si bien con la derrota de Trump estas fuerzas quedan subordinadas en lo político, siguen manteniendo un enorme poder de veto e influencia social, configurando una situación permanente de fractura social y disputas estratégicas en las clases dominantes. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por su parte, en los territorios periféricos del Sur Global, las consecuencias de largo alcance de las políticas neoliberales instauradas a partir del Consenso de Washington (1989) generan el cuestionamiento al capitalismo financiero transnacional, y tuvieron cierto margen de autonomía relativa durante la primera década de los años 2000, con un contexto favorable para los países emergentes. Particularmente en la región latinoamericana y caribeña, la crisis del régimen neoliberal junto con el acercamiento de China, han impactado directamente en el rol hegemónico de EE.UU. para con su histórico “patio trasero”. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por otro lado, la estrategia de política exterior china plantea un juego dual que mantiene en vigencia las instituciones creadas por Estados Unidos en la posguerra (como el FMI, el Banco Mundial o la Organización Mundial de Comercio), a la par que ha creado nuevos instrumentos como los BRICS (bloque Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) que eclipsó al FMI y al Banco Mundial, la Asociación Económica Integral Regional (RCEP en inglés) en Asia Pacífico y la exponencial Iniciativa de la Franja y la Ruta, ya mencionada, integrada por casi 70 países. También se destaca a nivel regional en Nuestra América la importancia que le da China a la CELAC, incluso a pesar de los propios gobiernos neoliberales-conservadores de la región. Todo ello pone de manifiesto el carácter multipolar de la estrategia de poder promovida por China en el contexto actual, de la mano del declive estadounidense, y las especificidades que el ascenso chino plantea, a ser desarrolladas en próximos documentos con mayor detenimiento.</span></p>
<h2 id="dimension3" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">3. Contradicciones político estratégicas y Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada</span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">En el marco del panorama mundial que venimos describiendo, también se expandieron los conflictos entre diferentes fuerzas sociales. Por un lado, aquellas que buscan sostener el viejo orden, antes predominante y hoy en crisis, y por otro, las fuerzas emergentes que, ante el resquebrajamiento de éste, pujan por un mundo multipolar. El establecimiento mismo de este nuevo orden pone en jaque la supervivencia del proyecto anglo-estadounidense que tuvo a Estados Unidos como potencia mundial predominante durante los últimos 70 años, lo cual genera contradicciones que se agudizan a medida que avanza el ascenso de China.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La agudización de un conjunto de contradicciones sistémicas que incluye a los grandes poderes mundiales, se expresa en una generalización de conflictos que puede observarse como una especie de guerra híbrida mundial: se desarrollan  diferentes niveles y planos en los enfrentamientos (guerra comercial, guerra económica a través de sanciones y bloqueos, guerra monetaria-financiera, guerra de información y “psicológica” y ciber-guerras), articuladas con conflictos bélicos o escenarios atravesados por enfrentamientos que combinan formas militares regulares e irregulares. Aumenta así la proliferación de enfrentamientos bélicos que, directa o indirectamente, involucran a las principales potencias mundiales. Esto conlleva a una situación de contienda fragmentada con rasgos novedosos que combinan viejas formas bélicas (en conflictos como Siria, Ucrania, Libia, Yemen, Irak, Afganistán, etc.), con formatos más “suavizados” o menos visibles -pero igual de obscenos-, como en Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y el conjunto de América Latina. De esta manera, las situaciones de enfrentamiento se multiplican y se despliegan hacia todos los ámbitos: guerra comercial, ciberguerra, guerra de monedas, guerras financieras, guerra judicial (conocida como “lawfare”), etc.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Asimismo, el hecho de que China haya conseguido la primacía productiva, quiebre los monopolios tecnológicos, dispute el acceso, la producción y la comercialización mundial de las materias primas, o que junto a Rusia termine con el monopolio de la supremacía militar absoluta de Washington y el polo de poder angloamericano, son indicadores de un nuevo mapa de poder mundial. Lo cual </span><span style="font-weight: 400;">alimenta la situación económica de disputa en términos de guerra comercial, guerra financiera (a través de sanciones, bloqueos, y otros mecanismos) y guerra por la supremacía tecnológica (con Huawei y el 5G como punta del iceberg), que constituyen tres frentes en los que se libra la actual Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada.</span><span style="font-weight: 400;"> </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En la coyuntura actual por COVID, las políticas sanitarias en relación a las vacunas e insumos que China y Rusia vienen teniendo, exacerban -junto con los elementos antes señalados- las reacciones de Estados Unidos y el Occidente geopolítico. Por ello se habla también de “guerra de vacunas” o se analiza a la propia pandemia como a un escenario de guerra. Así, la pandemia acelera un proceso de transición y exacerbación de las disputas, donde la cuestión central son las reacciones cada vez más fuertes de los poderes que declinan.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En este escenario, la emergencia de nuevas fuerzas antiglobalistas en Estados Unidos y el Reino Unido desde 2016 daban la pauta de un nuevo ciclo de recrudecimiento y polarización política en el cual los sectores cuyos intereses ya no reivindican la globalización neoliberal construyen una estrategia de oposición a las instituciones internacionales como la OMS (Organización Mundial de la Salud), y redirigida hacia China y Rusia especialmente. Es decir, la guerra comercial, económica y financiera se expande hacia un cambio en la estrategia militar de EE.UU. desde 2017 (Estrategia de Seguridad Nacional del Estado norteamericano), donde se retoma la centralidad del enfrentamiento con aquellos Estados que amenazan la “prosperidad” y los “valores” estadounidenses más tradicionales. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En sintonía con esta modificación, y a pesar de las diferencias con EE.UU., en marzo de 2019 la Unión Europea definió por primera vez a China como un “rival sistémico”. A esto siguió en diciembre la Declaración de Londres de la OTAN mediante la cual, también por primera vez, se subraya “la creciente influencia internacional china”. Esta organización extendió más allá de Rusia su foco de atención y localizó a Beijing como un reto significativo. Si bien esto no implica una alianza lineal entre Europa occidental y EE.UU. en su enfrentamiento con China, marca el carácter y el tono de las disputas actuales, junto con el recrudecimiento y la polarización política entre extremos y polos de poder.</span></p>
<h2 id="dimension4" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">4. Crisis económica estructural del capitalismo financiero global </span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Atravesamos una crisis económica estructural que se observa con claridad desde 2008, especialmente en el Norte Global, y que está en relación a la crisis del capitalismo financiero neoliberal y de la globalización bajo dicho proyecto. Desde 2008 buena parte del mundo ingresó en una fase de bajo crecimiento, que particularmente se acentúo en el núcleo orgánico de la economía capitalista mundial. Ello coincide con el freno al denominado proceso de “globalización” económica por el cual, desde los años ochenta, por cada punto de crecimiento del PBI mundial, crecieron dos puntos el comercio y tres puntos la inversión extranjera directa. Desde 2008-2009 ya no se verifica esa fórmula. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En el marco de la pandemia la crisis se acelera, reforzando las asimetrías entre el estancamiento y la depresión económica en el Norte Global y América Latina, y el crecimiento (menor pero sostenido) de China y Asia Pacífico. Esta situación agudiza la lucha entre capitales, y las tensiones entre los Estados por los recursos naturales, por las patentes y los monopolios tecnológicos, las resistencias y luchas sociales que articulan demandas de clase, género, étnicas, ambientales, entre varias otras.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Una de las caras que adopta la crisis estructural podemos verla con la llegada de Trump a la administración estadounidense, y los intentos por desacoplarse de la economía china, junto con las políticas proteccionistas e industrialistas -impensadas unas décadas atrás en pleno auge de la globalización neoliberal. Ahora bien, ante este panorama, existen diferentes visiones en torno a cómo caracterizarla y qué salidas se ven en el mediano y largo plazo. Algunos pensadores neokeynesianos observan una situación de “estancamiento secular” (como Lawrence Summers, quien fuera director del Consejo Económico Nacional al principio del gobierno de Barack Obama), mientras que otros vislumbran una fase similar a la de la Gran Depresión.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ante el problema de crecimiento de la economía mundial luego de la crisis financiera de 2008, nos encontramos con una situación de estancamiento y crisis difícil de revertir bajo los mismos parámetros de financiarización del capitalismo global. La economía capitalista no ha podido volver a las tasas de crecimiento previas a la crisis de 2008, por lo cual se trataba de un problema previo, que la pandemia vino a agravar. Un problema que también contrasta con la situación de China.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La cuestión de la financiarización y el estancamiento debe articularse con el análisis a largo plazo, ya que se encuentra estrechamente relacionado a la crisis de hegemonía y los procesos de sobre-acumulación de capital propios de estas transiciones geopolíticas, como observa Giovanni Arrighi. Desde esta perspectiva, las expansiones financieras en todo el sistema son el resultado de dos tendencias complementarias: una sobreacumulación de capital (exceso de ahorro que no encuentra inversiones rentables en la producción y el comercio) y una intensa competencia interestatal por el capital móvil –competencia que necesariamente está en relación a una agudización de las disputas geopolíticas. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Esta crisis en el viejo núcleo orgánico de la economía capitalista mundial obedece en gran medida a la estrategia neoliberal que deprimió salarios y multiplicó la desigualdad para aumentar las ganancias apropiadas fundamentalmente por las redes financieras globales. </span><span style="font-weight: 400;">Todo ello se puso brutalmente de manifiesto, e incluso se recrudeció, ante la pandemia, en un marco de endeudamiento e “híper liquidez”. Esta última, sostenida por la emisión monetaria y una tasa de interés cercana al 0% en las principales potencias, lo cual genera una gran burbuja financiera que acentúa la brecha entre la economía real y la ficticia, en la que predominan los instrumentos financieros. En este sentido, la Reserva Federal estadounidense emitió en tan solo tres meses del 2020 lo equivalente a seis años (3 billones de dólares), además de la compra de activos y la emisión de bonos del tesoro. Estas cifras ilustran el fuerte rol del Estado norteamericano en el sector financiero, que fue definida por un periodista del Financial Times como una </span><a href="https://www.ft.com/content/5db9d0f1-3742-49f0-a6cd-16c471875b5e"><span style="font-weight: 400;">nacionalización de facto</span></a><span style="font-weight: 400;"> del mercado de bonos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Asimismo, los bancos centrales de Europa y Japón expandieron sus reservas en 1 y 0,7 billones de dólares respectivamente. Tenemos por un lado la exacerbación del mercado de valores y la financiarización de la economía ficticia visible en empresas tecnológicas de punta como Alphabet (holding matriz de Google), Amazon, Apple, Facebook y Microsoft, las cuales representan ahora una quinta parte del índice S&amp;P 500. Y por otro, las acciones estatales para robustecer sus economías reales ante la situación de crisis por COVID-19 y recesión de la economía del Norte Global, con una deuda pública cercana a los niveles de la segunda posguerra. Y al igual que en la crisis financiera de 2008, las perspectivas son de mayor concentración y centralización de capital para las redes financieras globales y sus transnacionales, que se robustecen en este escenario mientras que las pequeñas empresas son las más perjudicadas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De esta manera, la crisis profundiza las fracturas existentes. La propia expansión financiera instrumentada para evitar una depresión que exacerbaría las tensiones políticas y sociales, aumenta aún más la financiarización y los procesos de “acumulación por desposesión” que tienden a profundizar la polarización social y las desigualdades centro-periferia. A su vez, la creciente transferencia de riqueza hacia el capital financiero concentrado tiende a provocar una aún mayor sobreacumulación del capital y las recurrentes crisis de rentabilidad. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Este círculo vicioso crea una profunda crisis de legitimidad y exacerba las tensiones entre las clases populares y el gran capital financiero, alimentando la luchas de clases, resquebrajando aún más el contrato entre el gran capital y las clases trabajadoras del centro y exacerbando las características plutocráticas de las repúblicas occidentales. También se polariza aún más la relación centro-periferia, alimentando las luchas Norte Global – Sur Global y dejando más en evidencia el dilema entre periferialización o insubordinación. De allí que la importancia para los pueblos de “desconectarse” (parafraseando a Samir Amin) de este modo de acumulación se vuelve cada vez más urgente.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A contramano con estas tendencias, China muestra sus posibilidades en torno a programas de inversión masiva y a largo plazo, en grandes volúmenes desde el sector público, como lo hizo durante la recesión de 2008-2009. En este escenario, </span><span style="font-weight: 400;">mientras los Estados de las economías capitalistas centrales no poseen las herramientas suficientes para quebrar la dinámica del estancamiento y retomar el crecimiento, el gobierno chino controla las finanzas nacionales, y comanda públicamente los núcleos de su economía, además de contar con una población comprometida en el desarrollo productivo a través de distintas formas de propiedad y/o participación económica, como se desarrollará en futuras publicaciones.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">China, con su crecimiento ininterrumpido y en ascenso a una tasa del 9% anual durante las últimas cuatro décadas, ha logrado superar a EE.UU. como la mayor economía mundial en términos de PBI, en el año 2014. Previamente ya asomaba como principal inversor y financiador de proyectos de infraestructura, y principal exportador de bienes y servicios (así como comprador de productos primarios, lo cual ha reforzado su acercamiento con América Latina). Además, mientras el Norte Global sufre desde 2008 una situación de estancamiento, China cuadruplicó su PBI en términos nominales (como se ve en el gráfico).  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La nueva mundialización china comandada por grandes conglomerados estatales da cuenta de la emergencia de otro tipo de globalización, con características chinas. Ello se refuerza con el hecho de que China cuente con 124 de las 500 principales empresas a nivel mundial medidas por ingresos, cuando en 2007 tenía sólo 25, superando por primera vez a Estados Unidos (121), según el índice </span><a href="https://fortune.com/global500/"><span style="font-weight: 400;">Fortune Global 500</span></a><span style="font-weight: 400;"> del año 2020. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-47568 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos2.jpg" alt="" width="950" height="600" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos2.jpg 950w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos2-300x189.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos2-768x485.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por otro lado, en la tabla a continuación se puede ver las 10 primeras empresas del ranking Fortune 500, con empresas chinas en los lugares 2, 3 y 4.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-47578 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos3.jpg" alt="" width="950" height="600" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos3.jpg 950w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos3-300x189.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos3-768x485.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Esta tendencia en ascenso abre la pregunta por el tipo de mundialización que emerge, desarrolla su territorialidad y logra subordinar a las demás formas, algo que está en juego al interior de China y en el resto de los territorios mundiales. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-47588 img-responsive" src="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos4.jpg" alt="" width="950" height="600" srcset="https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos4.jpg 950w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos4-300x189.jpg 300w, https://dev.thetricontinental.org/wp-content/uploads/2021/07/20210726_Crisis-de-hegemonia-y-ascenso-de-China_graficos4-768x485.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En el marco de esta tendencia de “des-occidentalización” del sistema mundial, cabe destacar que la reorientación del dinamismo económico hacia China y el este asiático pone en cuestión la división internacional del trabajo vigente, el poder global del capital (financiero) transnacional y sus instituciones, y las jerarquías del sistema interestatal con su dinámica centro-periferia.</span><span style="font-weight: 400;"> Es decir, el ascenso de China da cuenta de un cambio de gran relevancia en el mapa del poder mundial, con implicancias para todo el Sur Global, por las crecientes contradicciones con el Norte Global que esto acarrea. Lo cual expresa también la crisis del ciclo hegemónico anglo-estadounidense que se consolidó en la Segunda Posguerra.</span></p>
<h2 id="dimension5" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">5. Nuevo paradigma tecnológico-económico </span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">La crisis del proyecto de modernidad occidental trae aparejada la transformación en las relaciones de producción a raíz de la emergencia de un nuevo paradigma tecnológico que combina la inteligencia artificial, un salto en el proceso de robotización, las telecomunicaciones de 5° generación, internet de las cosas, Big Data y la transición energética “verde”, entre otros elementos que componen lo que el Foro de Davos -principal nucleamiento del capitalismo global- ha popularizado como “</span><a href="https://www.youtube.com/watch?v=-OiaE6l8ysg"><span style="font-weight: 400;">Cuarta Revolución Industrial</span></a><span style="font-weight: 400;">”. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La crisis económica mundial, acelerada por la pandemia, implica una gran destrucción de valor y ha acelerado, desde el punto de vista de la economía real, este proceso de racionalización y digitalización de los procesos productivos. Se trata de dos caras de un mismo proceso de “destrucción creativa”, que conlleva toda una reingeniería social del que hoy vivimos adelantos bajo estado de emergencia. La forma dominante de su desarrollo es algo incierto todavía, en tanto dicha transformación puede ser conducida por las fuerzas del capital y las oligarquías o por las fuerzas del trabajo y los pueblos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Al acelerarse los procesos de transformación tecno-productiva en los núcleos más dinámicos de la economía mundial y en Asia-Pacífico en particular, las formas menos productivas o retrasadas quedan desplazadas, van a la ruina o sobreviven como “empresas zombis” mediante el endeudamiento. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Un dato sobresaliente para pensar la actual transición es que está abierto y en disputa quién comandará el pasaje a este nuevo paradigma, lo cual se suma a que China, gran contendiente en la lucha por el liderazgo en estas tecnologías, no tiene un patrón de acumulación capitalista clásico, sino que combina distintos modos de producción, como se ha señalado. Es decir, </span><span style="font-weight: 400;">el salto tecno-económico que transitamos se inserta en la formación social china en relaciones de producción combinadas, que dan lugar a lo que se conoce como “socialismo de mercado”</span><span style="font-weight: 400;">, que trabajaremos en futuros documentos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El gigante asiático ya superó a EE.UU. en solicitudes de patentes, todo un indicador del grado de desarrollo científico-tecnológico que ha alcanzado, aunque todavía Estados Unidos posea ventajas en términos cualitativos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Si en las décadas de 1990 y 2000 se identificaba el “Made in China” como sinónimo de productos baratos y de mala calidad, ello ha cambiado fuertemente en las últimas décadas. Se aprecia en su economía una importante expansión de sectores capital intensivos y absorción de tecnologías avanzadas, bajo un muy relevante desarrollo científico-tecnológico propio en los últimos tiempos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Esto último fue fruto de la construcción de capacidades nacionales desde la revolución de 1949, sumado al aprendizaje realizado de las transnacionales que recibió en sus Zonas Económicas Especiales desde las reformas de 1978, que dio lugar a la innovación propia en los últimos tiempos: para observar esto último se puede apreciar que el gasto estatal en I+D (investigación y desarrollo) pasó de 0,8% del PIB a principios de los ’90 a un 2,1% en 2015. A su vez, el plan de desarrollo industrial oficial (“Made in China 2025”) establece la meta de ser el país líder en industrias de alta tecnología.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Es decir, China no se limita a ser la gran fábrica del mundo en tanto semi-periferia industrial del Norte Global que, bajo la división internacional del trabajo en clave posfordista y transnacional, se especializó en el diseño, las altas finanzas, la tecnología de punta y la administración estratégica a partir del control de las redes financieras globales y sus empresas transnacionales, deslocalizando procesos económicos de menor complejidad. Beijing ha quebrado este esquema de la nueva división del trabajo posfordista: en 2019 superó a Estados Unidos en materia de solicitud de patentes (con la tecnológica Huawei como estandarte), encabeza algunas tecnologías de vanguardia para la llamada cuarta revolución industrial (inteligencia artificial, internet de las cosas, 5G) y lidera la transición energética junto a otros países de Asia Pacífico. Además, planea achicar su retraso tecnológico relativo en otras ramas como la robótica, los semiconductores y la industria aeroespacial a través del Plan Made in China 2025 y otras iniciativas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El gigante asiático se encuentra actualmente en pleno proceso de conformación de ser uno de los mayores núcleos económico-productivos y tecnológicos a nivel mundial, con grandes niveles de complejidad. Sus productos industriales de alta tecnología pasaron de constituir el 7% del valor mundial al 27% en 11 años (del 2003 al 2014)</span><span style="font-weight: 400;">. Resulta paradigmático en este sentido el caso de la empresa china de alta tecnología Huawei, por tratarse del mayor proveedor mundial de equipos de telecomunicaciones, con un 28% de participación del mercado y más de 4 mil patentes, y explica por qué es uno de los blancos principales de la guerra comercial lanzada por EE.UU.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A la par de lo anterior, China también compite por primera vez al máximo nivel junto a otros centros tecnológicos mundiales en el desarrollo de medicamentos y de la vacuna para el COVID-19, a lo que debemos agregar que el 90% de los componentes de los antibióticos se hacen en China y este país provee el 80% de materias primas para todos los medicamentos del mundo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La otra cara de la moneda de este proceso de complejización productiva es que los salarios tuvieron un aumento cercano a triplicarse en los últimos doce años, lo cual también se explica por el giro político que se produjo desde 2008, tanto para enfrentar la crisis económica global y los límites del modelo de desarrollo centrado en las exportaciones, y para aprovechar el golpe que recibió el núcleo del capitalismo global y avanzar en la propia estrategia de desarrollo opuesta al recetario del Consenso de Washington, como también por la presión de sus movilizadas clases trabajadoras que obligaron a importantes transformaciones en el modelo.</span></p>
<h2 id="dimension6" style="margin:3em 0;"><span style="color: #ba2025;">6. Disrupciones en las periferias del sistema mundial. Una mirada desde Nuestra América </span></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">En el marco del conjunto de tendencias que se han señalado aparecen claros los efectos de toda la situación a que se ha hecho referencia para las periferias y semiperiferias del sistema mundial, o para los pueblos del Sur Global. Ya desde los inicios de este siglo en curso se podía apreciar lo que ha sido señalado como una </span><a href="https://www.alainet.org/es/articulo/169988"><span style="font-weight: 400;">“segunda oleada” del despertar de las naciones del Sur global</span></a><span style="font-weight: 400;">, luego de la primera, signada por procesos de descolonización y liberación nacional y social de posguerra en los tres continentes periferializados a manos de Occidente: América Latina, Asia y África.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Este proceso de creciente insubordinación de amplias porciones del Sur Global -que se articula con el ascenso de poderes emergentes y el desarrollo de un mundo crecientemente multipolar- presenta, sin embargo, características contradictorias, flujos y reflujos, revoluciones y contrarrevoluciones, bajo una multiplicidad de proyectos que muestran distintas conducciones, así como también un conjunto de crisis y luchas de las clases y movimientos populares en el centro.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En nuestros países se ha venido buscando frenar y transformar los históricos vínculos de dependencia, por proyectos populares autónomos, de integración y emancipación de los pueblos. Se agudiza la tensión entre declive periférico o, en contraste, el desarrollo de capacidades y procesos de insubordinación para enfrentar estas tendencias presentes, acelerando así la transición geopolítica.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En América Latina en particular, el “cambio de época”, o giro nacional-popular o progresista, fue frenado en 2014-2015 por un giro neoliberal-conservador liderado por el poder financiero y las oligarquías (cuyos primeros intentos se observan en los “golpes blandos” de Honduras en 2009 y Paraguay en 2012). Este giro dio lugar a un proceso acelerado de fragmentación, estancamiento y desindustrialización, articulado con una clara subordinación geopolítica a Estados Unidos y Occidente. Las políticas de periferialización regional llevaron a una pérdida muy importante de capacidades estatales en materia de ciencia y tecnología, inversión en salud y educación, estructura productiva, etc., justo antes de que estallara la pandemia. Sin embargo, ese giro conservador no logró sostenerse, y son evidentes los síntomas de que el “sistema no se aguanta” y que está agotado el neoliberalismo periférico impuesto a fuerza de golpes en los 1970-1980. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ello se refuerza con el hecho de las crecientes movilizaciones populares, las luchas políticas y sociales y los cambios de rumbos que están en disputa en países en donde en los años recientes hubo una continuidad neoliberal. La región andina se encuentra en plena insubordinación popular.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Son prueba de ello los continuos levantamientos populares en Chile desde 2019 (con los resultados electorales favorables en la Constituyente) y en Colombia, intensificados durante la pandemia; la aparición y el reciente triunfo de Pedro Castillo en Perú (ante Keiko Fujimori); la derrota del golpe de Estado en Bolivia con el triunfo de Luis Arce; el estallido de los pueblos indígenas contra el ajuste neoliberal en Ecuador en 2019 (que no se tradujo en la política institucional por falta de unidad política pero sigue presente y depara un incierto futuro para Lasso) y la derrota del macrismo en Argentina. A su vez, a pesar del verdadero genocidio que están significando las políticas del gobierno de Bolsonaro en Brasil, la posible vuelta del lulismo termina por conformar un escenario donde las resistencias y luchas populares conducen a una nueva oportunidad para que la región vuelva a ponerse de pie.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La pandemia ha agudizado la polarización social y ello alimenta las luchas políticas y sociales. En 2020, cuando la economía de América Latina y el Caribe cayó en promedio 7,7%, los 73 mil “superricos” de la región que conforman las clases económicas dominantes ampliaron su patrimonio en 48.200 millones de dólares, 17% más que antes del COVID-19. Con la exacerbación de la dinámica desigual y combinada del capitalismo periférico y neoliberal, la pobreza ascendió a 209 millones de personas, lo que representa el 33,7% de la población total, de los cuales 78 millones se encuentran en una situación de pobreza extrema. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En materia de empleo, 40 millones de personas perdieron sus trabajos y 140 millones de personas (55% de la población activa) está en la informalidad, lo que complica enormemente las políticas restrictivas para combatir la pandemia. A su vez, la inversión pública promedio en salud de los países de América Latina es del 4% del PIB, la mitad que los países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico), lo cual ya predetermina importantes falencias estructurales.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El escenario regional se presenta por demás convulsionado y abierto. Ante la dificultad de sostener esta estructura social tan desigual, contener los estallidos sociales y frenar un nuevo giro nacional popular democrático o “progresista”, emergen fuerzas reaccionarias con elementos neofascistas en tensión con el conservadurismo liberal, que llevan el debate a lo ideológico y, sobre todo, al pleno emocional, se despojan de todo ropaje republicano y obturan la discusión de intereses y proyectos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En plena transición del mapa del poder mundial, con profundas transformaciones que apenas estamos vislumbrando, en la región recrudecen las disputas para definir el rumbo que se tomará. La pandemia aceleró esta encrucijada tanto como las injusticias de la realidad social.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De ahí que se tornan relevantes los análisis rigurosos sobre el carácter específico que adquieren estas crisis y transiciones, dentro de las cuales el caso de China, analizado en diálogo con el declive de la hegemonía norteamericana, nos permite continuar profundizando en los rasgos que este nuevo momento geopolítico asume. En esta línea se continuará en próximos documentos, acercando mayor precisión para indagar en aspectos específicos del peso de China a nivel mundial, incluyendo elementos de su situación interna, con un repaso histórico por el proceso de ascenso, identificando los elementos que hoy convierten al gigante asiático en uno de los grandes polos del poder mundial, y recorriendo los ejes centrales de su proyecto geopolítico.</span></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Los desafíos del sur en el nuevo (des) orden mundial</title>
		<link>https://dev.thetricontinental.org/es/nuestra-america/los-desafios-del-sur-en-el-nuevo-des-orden-mundial-por-vijay-prashad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Oct 2019 19:58:59 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://www.thetricontinental.org/?post_type=ba_research&#038;p=10763</guid>

					<description><![CDATA[La pandemia que enfrenta la humanidad ha puesto de manifiesto con mayor visibilidad la magnitud de la crisis y transición del sistema mundial en que nos encontramos; a la vez que se pone de manifiesto, con mayor intensidad, el declive estadounidense y occidental frente al ascenso de Asia-Pacífico, con China a la cabeza. ¿Cuáles son las principales características y dimensiones de la transición histórico-espacial del sistema mundial?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde la caída del Muro de Berlín, el orden mundial ha cambiado radicalmente. La visión celebratoria de la unipolaridad y el “fin de la historia” que se impulsó desde Washington a poco de andar se encontró con su incapacidad para interpretar la emergencia de nuevos poderes globales y de nuevas disputas.<br>
Esta es la preocupación que expone <strong>Vijay Prashad</strong> en esta presentación y debate que realizamos como Instituto Tricontinental de Investigación Social en la ciudad de<br>
Rosario en septiembre de 2019.<br>
¿Existe la multipolaridad? ¿Qué lugar tienen los BRICS? ¿Cuál es el rol de Estados Unidos y China en el orden global? ¿Qué preguntas se nos plantean a los pueblos de la periferia desde una visión emancipatoria? Son algunas de las preguntas planteadas en este rico debate que esperamos que pueda contribuir a una lectura más detallada del tiempo que vivimos.</p>
<p> </p>
<p><a href="https://www.thetricontinental.org/vijay-rosario-2/">DESCARGAR CONFERENCIA</a></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La Nueva Ruta de la Seda y la disputa por el poder mundial</title>
		<link>https://dev.thetricontinental.org/es/nuestra-america/seda-merinoytrivi/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 May 2019 17:42:45 +0000</pubDate>
				<guid isPermaLink="false">https://www.thetricontinental.org/?post_type=ba_research&#038;p=8084</guid>

					<description><![CDATA[por Vijay Prashad.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--author" style="text-align: left;">Gabriel Merino y Nicolas Trivi</div>
<p>En un contexto de transición histórica –crisis capitalista estructural y crisis del orden mundial—, cuya dimensión geopolítica comienza a percibirse claramente a partir de 1999-2001, se desarro-lla una situación de creciente multipolaridad relativa. La lucha y cooperación entre bloques y polos de poder mundial tiene como protagonistas a dos poderes re-emergentes: China, nuevo centro dinámico de la economía mundial y polo de poder con capacidad de desafiar el Orden Mundial vigente, y Rusia, potencia militar, hidrocarburífera y territorial Euroasiática. Con la pro-moción del gobierno de los Estados Unidos del Tratado Trans-Pacífico, la declaración de Japón de su intención de adhesión en marzo de 2013 y el impulso del Tratado Trans-Atlántico de Co-mercio e Inversión se observa un avance geoestratégico sobre las periferias euroasiáticas; a lo que debemos agregar el avance de la OTAN hacia Europa del Este y el estallido de los enfrenta-mientos en Ucrania hacia noviembre de 2013 cambia la situación mundial y se perfila una nueva fase de la crisis. En este contexto, hacia septiembre de 2013 China comienza a promover el BRI, convergiendo con una Rusia cada vez más inclinada hacia la construcción de un polo de poder anclado en el espacio euroasiático. En este sentido, el presente trabajo busca abordar la cues-tión de la Nueva Ruta de la Seda en relación a cómo se articula en la lucha entre bloques y polos de poder, la transición histórica y sus distintas fases (especialmente el cabio que se produce con el triunfo de Trump y el Brexit), el avance mundial de China y la geoestrategia contenida en la Nueva Ruta de la Seda (o la Iniciativa de la Franja y de la Ruta), y, por último, la situación de Rusia en el escenario euroasiático.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>

<!--
Performance optimized by W3 Total Cache. Learn more: https://www.boldgrid.com/w3-total-cache/?utm_source=w3tc&utm_medium=footer_comment&utm_campaign=free_plugin

Caché de objetos 108/458 objetos usando Memcached
Almacenamiento en caché de páginas con Disk: Enhanced 
Carga diferida (feed)
Minified using Disk
Caché de base de datos 13/89 consultas en 0.081 segundos usando Memcached

Served from: dev.thetricontinental.org @ 2026-07-16 22:37:34 by W3 Total Cache
-->