Agobiado por décadas de neocolonialismo y corrupción, Senegal enfrenta el dilema, tan familiar para los países del Sur Global, de cómo impulsar un desarrollo soberano bajo el peso de la deuda.
Sesenta años después de la Conferencia Tricontinental, el derecho al desarrollo —la base material de la dignidad— sigue siendo el horizonte de la revolución socialista y la liberación nacional.
La industrialización sigue siendo una prioridad para el Sur Global, pero la austeridad impulsada por la deuda, el dominio de las corporaciones, las guerras y las sanciones mantienen a muchas de las naciones más pobres…
En países como Senegal, el FMI ha sido cómplice de prácticas irregulares de contabilidad de la deuda y las finanzas públicas con el fin de socavar la soberanía y favorecer a las empresas multinacionales.
Aunque aún agobiados por la deuda y la austeridad, los países en desarrollo empiezan a trazar caminos alternativos a medida que un nuevo estado de ánimo se apodera del Sur Global.
Una vez expoliada tanto de su riqueza como de su población por las potencias coloniales, África enfrenta ahora la austeridad impuesta por el FMI, una deuda obscena y un subdesarrollo forzado.
Desde su revolución en 1804, Haití ha sido castigado por su libertad: asfixiado por deudas, golpes e injerencias extranjeras. No olvidemos que fue la primera revolución antiimperialista triunfante.
A medida que gobiernos progresistas toman posesión en el Sur Global, es más apremiante que nunca la necesidad de una nueva teoría del desarrollo que satisfaga las aspiraciones prometeicas de estas naciones.
En la reciente Cumbre de Líderes África-EE. UU., Washington siguió avanzando en su agenda de la Nueva Guerra Fría, difamando la influencia china y rusa en el continente. Mientras tanto, en lugar de abordar cuestiones…